Historias que desafían la imaginación, personajes que parecen cobrar vida y relatos que sobreviven al paso del tiempo.
Marielos Ortiz · Fátima Parra · Adal Navarro
Entre historias de amor que terminaron en tragedia, apariciones que recorren antiguas casonas y tradiciones familiares que llenan de color las calles, Halloween es también una oportunidad para acercarse a relatos que despiertan la curiosidad y alimentan la imaginación.
En Sonora, estas historias mantienen vivo el misterio y dan forma a una celebración en la que lo sobrenatural y la convivencia se encuentran.
Tres relatos: una novia que espera en Álamos, un baile que terminó en llamas en Hermosillo y una casa que cada octubre se llena de brujas, fantasmas y calabazas.
La historia de Beatriz, una joven que se enamoró de un jardinero y murió sin llegar al altar, permanece viva en la tradición oral de Álamos.
Por Marielos Ortiz · Álamos
La joven se enamoró de un jardinero, pero la oposición de su familia habría terminado en tragedia. Desde entonces, se cuenta que su espíritu recorre la antigua mansión de Álamos en busca de su amado.
Cada noche, cuando la tranquilidad cubre las calles de Álamos, una joven vestida de novia abandonaría su habitación para cruzar hacia el panteón que se encuentra frente a la Casa de las Delicias. Su nombre es Beatriz y, según una de las leyendas más conocidas de este Pueblo Mágico, su historia quedó marcada por un amor que no pudo llegar al altar.
Se cuenta que, a principios del siglo XIX, Beatriz pertenecía a la familia Almada Guereña, reconocida por su riqueza. En la casa donde vivía trabajaba un jardinero del que la joven terminó enamorándose. Aunque ambos compartían sus sentimientos, su relación estaba lejos de ser aceptada por la familia de ella, que se oponía a que su hija se uniera con un hombre de una condición económica inferior.
Pese a la prohibición, los enamorados encontraron la manera de continuar viéndose a escondidas. La leyenda relata que, al caer la noche, Beatriz salía de su habitación, ubicada en el segundo piso de la mansión, bajaba por las escaleras hasta la cocina y escapaba por una puerta de servicio. Su destino era el panteón situado frente a la propiedad, donde podía encontrarse con el hombre que amaba sin despertar sospechas.
Los encuentros se convirtieron en su secreto mejor guardado, hasta que ambos decidieron dar un paso que cambiaría sus vidas: casarse, aun sin contar con la aprobación de los padres de Beatriz. Sin embargo, sus planes no llegaron a cumplirse. Cuando la familia descubrió las intenciones de la pareja, habría ordenado asesinar al jardinero para impedir la unión.
El joven desapareció y Beatriz comenzó a esperarlo sin conocer, según cuenta la leyenda, el destino que había tenido su enamorado. Pasaron los días y, ante la ausencia del hombre con quien había planeado compartir su vida, la joven continuó buscándolo. La versión más difundida relata que sus padres, con la intención de impedir que descubriera la verdad, llegaron a encerrarla en su habitación.
La desesperación terminó por apoderarse de Beatriz. Vestida de novia, como si aún aguardara el momento de encontrarse con su amado, se habría quitado la vida al colgarse del balcón de su habitación. Su historia quedó así ligada a la casa que había sido testigo de sus encuentros secretos y del romance que, de acuerdo con el relato, terminó de manera trágica.
Pero la leyenda no concluye con su muerte. Con el paso del tiempo, habitantes de Álamos comenzaron a contar que la figura de una mujer vestida de blanco aparece en la Casa de las Delicias y recorre el camino hacia el panteón. Según la tradición, Beatriz continúa buscando al jardinero, como si la muerte no hubiera conseguido separarla del hombre con quien soñaba casarse.
Habitantes del pueblo aseguran que la joven ha sido vista en los pasillos y en el patio de la antigua mansión, mientras que otros la sitúan cruzando hacia el camposanto donde se reunía con su enamorado. La imagen de la novia que no llegó al altar dio origen a la leyenda de la Dama Blanca de las Delicias, una historia que ha pasado de boca en boca y que forma parte de los relatos populares de Álamos.
Una joven de 16 años, un misterioso hombre y un baile de Año Nuevo que terminó en un incendio.
Por Fátima Parra
Una joven de 16 años, un misterioso hombre y un baile de Año Nuevo que terminó en un incendio forman parte de la leyenda del Casino del Diablo, una de las historias que rodean a este antiguo sitio de Hermosillo y que, con el paso del tiempo, ha alimentado las creencias sobre sucesos paranormales en la ciudad.
De acuerdo con la crónica del cronista municipal Ignacio Lagarda Lagarda, el Country Club fue construido en 1945 como parte del proyecto urbanístico de la colonia Pitic, en las afueras de Hermosillo. En sus instalaciones había una casa club con restaurante, salones, bar y un casino social al que acudían jóvenes para convivir y bailar.
La historia cuenta que el 31 de diciembre de 1950 se organizó un gran baile para despedir el año, al que asistirían algunas de las mejores orquestas de la época. Entre los asistentes estaría Linda, una joven de 16 años que deseaba acudir al evento, por lo que pasó días buscando el vestido adecuado y preparándose para la ocasión.
Sin embargo, su madre, quien se encontraba enferma, no le permitió asistir y le pidió que permaneciera en casa para pasar la noche de Año Nuevo en familia. Molesta por la decisión, Linda se encerró en su habitación y, después de varias horas, decidió escapar por la ventana para reunirse con sus amigos y acudir al baile sin autorización.
Según el relato, al llegar al casino la joven llamó la atención de los asistentes por su apariencia y recibió varias invitaciones para bailar, aunque esperaba conocer a alguien especial. Poco después apareció un hombre de cabello negro, ojos grandes y vestimenta elegante, quien la invitó a bailar.
Linda aceptó y ambos se dirigieron a la pista. Mientras bailaban cerca de la medianoche, la joven sintió un intenso calor en la espalda y notó una mancha en su vestido. Al revisar lo ocurrido, descubrió que no era una mancha común, sino una marca que, según la leyenda, tenía la forma de una mano. Después de regresar a la pista, comenzó a percibirse un fuerte olor a azufre y la temperatura aumentó, mientras los asistentes observaron que el misterioso hombre tenía patas de gallo y cabra.
La narración señala que Linda se desmayó por la impresión y que, cuando el humo se disipó, el hombre había desaparecido. El pánico se extendió entre los presentes, quienes buscaron salir del lugar mientras el casino quedaba envuelto en llamas, hasta que únicamente permanecieron sus paredes. La historia no aclara qué ocurrió con la joven ni quién era el hombre que la acompañaba.
En sus comentarios sobre fenómenos paranormales, Lagarda también recoge el testimonio de Marco, conocido como “El Fantasma”, quien atribuye el incendio a una broma realizada por tres amigos que utilizaron carburo de tungsteno, un compuesto empleado en las lámparas mineras, para producir un fuerte olor a azufre. Según esta versión, uno de ellos se disfrazó de diablo y otro bajó los térmicos para provocar oscuridad; después, los tres escaparon por una ventana del baño. Entre las distintas versiones, la historia del Casino del Diablo permanece como una leyenda urbana de Hermosillo, en la que se mezclan relatos sobrenaturales y explicaciones sobre lo que pudo haber ocurrido aquella noche.
Por Adal Navarro · Colonia San Benito
La Casa de Halloween de la colonia San Benito cumple 32 años de convertirse en una tradición familiar que cada octubre atrae a decenas de familias, principalmente niñas y niños, quienes acuden a disfrutar de brujas, zombis, fantasmas, esqueletos y calabazas que, entre luces, música y demás decoración temática, adornan el exterior de la vivienda.
Juan Guillermo González Núñez, hermano de Marta Lorenia González Núñez, propietaria de la casa Corella González, contó que la tradición comenzó cuando su hermana empezó a decorar pequeñas áreas de su casa con adornos de Noche de Brujas.
Explicó que, con el paso del tiempo, la colección creció hasta ocupar prácticamente todos los espacios interiores de la casa, por lo que decidió colocar los adornos por fuera.
“Mi hermana empezó adornando su sala con cositas pequeñas y se fue haciendo más y más, hasta que ya no había dónde poner ahí adentro”, recordó.
Tras esta decisión, dijo que, al observar el interés de los visitantes que llegaban día con día a ver la casa decorada, la familia decidió aceptar al público y mantenerla como una tradición anual.
“Empezó a llegar la gente y cada vez venía más, hasta que dijimos que ya lo íbamos a hacer público y que íbamos a adornar para que vengan y lo disfruten”, dijo.
Además de adquirir la decoración gradualmente durante el año, detalló que los preparativos para la temporada comenzaron desde agosto, pero la instalación más intensa se realizó a partir del 15 de septiembre.
De este modo, la casa abrió al público el 1 de octubre y la decoración permanecerá hasta la noche del 31, cuando la familia comenzará a retirar los elementos alusivos a Halloween para recibir el Día de Muertos.
Juan Guillermo destacó que a lo largo de los años la temática está dirigida principalmente al público infantil y durante este tiempo la respuesta de los visitantes ha sido positiva; incluso, comentó que algunos niños se entristecen cuando llega el momento de retirarse del lugar, pues quieren permanecer más tiempo disfrutando de los adornos.
Abierta del 1 al 31 de octubre. En morado, el primer día y la última noche (31); el punto naranja marca el día de hoy.
Entre historias de amor que terminaron en tragedia, apariciones que recorren antiguas casonas y tradiciones familiares que llenan de color las calles: en Sonora, estas historias mantienen vivo el misterio.
Textos de Marielos Ortiz (Álamos), Fátima Parra y Adal Navarro.
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