Maru Campos debe estar agradecida

"Maru Campos debe estar agradecida", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón

El ensañamiento del oficialismo contra la gobernadora de Chihuahua es el mejor regalo que se le ha hecho a la oposición, catapultando la figura política de Maru Campos para la elección presidencial de 2030: entre más insiste en calumniarla como “traidora a la patria”, más refuerza su capital ante el electorado.

Sin comprobarle que sabía de la presencia de la CIA en el operativo serrano contra el narcolaboratorio, el régimen protege simultáneamente a Rocha Moya y otros nueve acusados por Estados Unidos de pertenecer al crimen organizado “terrorista”.

A la mandataria le imputan solapar un elevado número de asesinatos en su entidad, omitiendo que los alcaldes de los municipios que más homicidios registran son militantes de Morena.

Pese a las abundantes pruebas -eéstas sí- en contrario, el obradorato presume “autoridad moral” y se comporta como custodio de “la soberanía”, pero ha sido incapaz de preservar la dignidad nacional en amplias regiones dominadas por la delincuencia.

Sin asumir su responsabilidad -a partir del gobierno de López Obrador- por la expansión de las bandas y la violencia que obliga a comunidades enteras a desplazarse, el gobierno de la presidenta Sheinbaum decidió concentrarse en el linchamiento de la Gobernadora.

El sainete del fin de semana en la ciudad de Chihuahua protagonizado por la lideresa de Morena y el célebre Andy -uno de los hijos más incómodos de AMLO- terminó en caricatura. Creyeron que los chihuahuenses responderían con fervor multitudinario a la maniobra y supusieron que reunirían alrededor de 200 mil personas, pero lograron congregar apenas como tres mil y culparon a Campos de inhibir con bloqueos carreteros la llegada de sus acarreados de otras entidades. Los gritos de rechazo y repudio en el aeropuerto reflejaron el hartazgo de la población de la capital estatal frente a un régimen difamador que no tolera oposiciones.

Pero el resentimiento social no se diluye con discursos nacionalpopulistas ni acusaciones melodramáticas dizque “en defensa de la patria”, y menos cuando se sabe que la presencia de agentes estadounidenses en tareas de inteligencia y cooperación viene ocurriendo por décadas bajo gobiernos federales y locales (sobre todo fronterizos) de todos los partidos.

Morena olvida que cuando el foxiato quiso procesar a López Obrador porque desacató una orden judicial vitaminó sus ambiciones de trepar a la Presidencia, pues aquella embestida terminó convirtiéndolo en víctima y candidato inevitable.

Guardadas las proporciones, algo parecido pero sin razón jurídica ocurre con el linchamiento de Maru Campos y el tiro les salió por la culata: cuanto más la vuelven blanco del faccioso aparato político y propagandístico, la victimizan y más la proyectan como figura nacional.

Querían exhibir a una Gobernadora aislada, debilitada y traicionera, pero le han dado una gran visibilidad fuera y dentro del país, apuntalando la cohesión opositora y una súbita y estulta narrativa de persecución política…

Carlos Marín

cmarin@milenio.com