El morenato y la vigencia de Porfirio

"El morenato y la vigencia de Porfirio", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón

El envilecimiento y captura de los poderes Legislativo y Judicial por parte del Ejecutivo retratan al régimen que se autoelogió el domingo en el contexto de su peor crisis de credibilidad por cobijar corrupción y narcotráfico.

Lo aprobado el viernes por sus diputados y senadores:

a) La eternización virtual en sus cargos de los magistrados electorales que validaron la inconstitucional sobrerrepresentación que permite a la Presidencia imponer lo que sea en la Constitución es un descarado soborno posfechado, y

b) Ricardo Monreal consiguió se aprobara la anulación de elecciones cuando exista o se pretexte “intervención extranjera” (reculó parcialmente después retirando ideas de cambios a leyes secundarias, pero el daño conceptual había sido consumado).

¿Qué demonios constituirá una “intervención extranjera”? ¿Un disparate de Trump?, ¿algún reportaje en The New York Times?, ¿un editorial de El País?, ¿un ensayo académico de la Universidad de Harvard o un chisme viral en las redes sociales?

Lo único seguro es que su presunta influencia en el resultado electoral será determinada por los magistrados cohechados.

En palabras del exconsejero presidente del INE Lorenzo Córdova, el Congreso “ha lumpenizado” (degradado, marginado y llevado a la pobreza extrema, al desclasamiento o la delincuencia) el trabajo legislativo. Los espacios destinados al debate, la negociación y la construcción de acuerdos se han vulgarizado hasta convertirlos en oficinas de trámite de la voluntad presidencial. En el Congreso no se discute, se obedece; no se argumenta, se ejecuta, y nada de ello es consecuente con la tradición democrática de la izquierda histórica que llegó a ser respetable. Lo que se observa “se parece mucho a los mecanismos nazifascistas” que degradaron los parlamentos europeos en los años 20 y 30 del siglo pasado: concentración de poder, sometimiento de jueces, obediencia partidista y demolición deliberada de los contrapesos institucionales.

Y en vez de desmarcarse del muladar político, la presidenta Claudia Sheinbaum apuntala la demagogia y la paranoia insinuando “riesgos de injerencia extranjera” en futuras elecciones (que sus magistrados electorales anularán a modo).

Andrés Manuel López Obrador cacareaba que su movimiento se caracterizaría por “no robar, no mentir, no traicionar”, pero en prácticamente todo ha ocurrido lo contrario.

A la par de la aprobación de las tiránicas iniciativas -y con sincero respeto a payasos, maromeros y actores profesionales-, la sesión legislativa llegó una vez más a niveles de circo, maroma y teatro.

Todo esto hace recordar a Porfirio Muñoz Ledo cuando, el 5 de septiembre de 2019, creyendo cerrado el micrófono, comentó a Dolores Padierna: “¡Chinguen a su madre, qué manera de legislar…!”.

O el 2 de junio de 2020, ante la Copppal: “Debe entender López Obrador que su contubernio o alianza con el narco no es heredable…”.

Ambas afirmaciones tienen plena vigencia: son la descripción histórica del “parlamentarismo” del obradorato.


Carlos Marín

cmarin@milenio.com