La ONU pone a México frente al espejo
"La ONU pone a México frente al espejo", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la ONU le brinda a la consejera jurídica de la Presidencia una gran oportunidad para hacer algo más útil que perder el tiempo en su abusiva sección Derecho de réplica (donde no exhibirá las mentiras oficiales en torno al exdirector de Pemex que golpeaba a su esposa).
Luisa María Alcalde puede aprovechar el documento para sugerirle a su jefa reconsiderar su insensato cobijo a los Diez de Sinaloa, cuya captura con fines de extradición reclama Estados Unidos por presuntos vínculos con Los Chapitos.
Ya no se trata del discurso trumpiano ni una imaginaria conspiración de la derecha, la ultraderecha o los adversarios de la 4t. Es Naciones Unidas la que documenta la dimensión planetaria del narcotráfico y el papel de las bandas mexicanas en esa actividad.
El informe describe redes que operan en América Latina, Europa, África, Asia y Oceanía; narcolaboratorios instalados fuera de México (el número de nuevas sustancias psicoactivas detectadas alcanzó 755, de las cuales 118 fueron identificadas por primera vez en 2024, lo que muestra la velocidad de las “cocinas” clandestinas), nuevas rutas de trasiego, uso de tecnologías para evadir inspecciones y una capacidad de adaptación que rebasa con mucho las fronteras mexicanas.
Cobra especial relevancia la contextual decisión estadounidense de considerar al fentanilo y sus precursores químicos como “armas de destrucción masiva” y amenaza estratégica, y catalogar como “terroristas” a determinadas organizaciones.
Se podrá discrepar del enfoque jurídico o político de Washington, pero es cada vez más difícil sostener que se trata de una exageración política cuando el principal organismo internacional documenta el crecimiento, la diversificación y la expansión mundial de las mafias mexicanas.
Jamás el narcotráfico había alcanzado semejante dimensión: en 2024 hubo 331 millones de consumidores, 34% más que una década antes. La marihuana sigue a la cabeza con 256 millones de adictos; le siguen los opioides con 63, las anfetaminas con 32, la cocaína con 25 y el éxtasis con 21, pero a esto se suman 118 nuevas sustancias psicoactivas por la creciente sustitución de la heroína (el régimen talibán prohibió en Afganistán el cultivo de amapola) con opiáceos sintéticos mucho más potentes, entre ellos el fentanilo y los nitazenos (narcóticos sintéticos en extremo potentes creados en los 50 como analgésicos y nunca aprobados para uso médico humano).
Frente a semejante panorama, insistir en que todo obedece a una campaña contra Morena resulta cada día más insostenible.
Para buena parte de la comunidad internacional, México constituye el epicentro del narcotráfico global.
Quizá por eso la consejera jurídica haría un mejor servicio a su jefa si, en lugar de fabricar réplicas para consumo doméstico, le acercara el Informe de marras y le propusiera leerlo con detenimiento.
Tal vez descubra que el problema ya rebasó por mucho las conferencias mañaneras… y las fronteras nacionales.
Carlos Marín
cmarin@milenio.com












