Lo que no se hace aquí se exige a EU
"Lo que no se hace aquí se exige a EU", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón
Ayer aventuré aquí la cándida pregunta del “¿y si sí…?”, dedicada a la selección de futbol, dirigida a la presidenta Sheinbaum:
¿Se decidiría por fin a tomar el toro por los cuernos con las acusaciones y señalamientos fuera y dentro del país contra machuchones que militan en Morena por supuestos y creíbles vínculos con el narcotráfico y el huachicol?
El no, indirecto pero categórico, se dio ayer en Palacio Nacional.
Lo que a la mandataria le interesa -y mucho- es enterarse cómo llegó Ismael “Mayo” Zambada a Estados Unidos, no pedirle a la Fiscalía General de la República investigar la sólida versión de que el capo cayó en la trampa cuando iba “a mediar” entre el exrector, exalcalde de Culiacán y diputado federal electo, Héctor Melesio Cuén y el gobernador Rubén Rocha Moya en su disputa por la nueva rectoría de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Tampoco impulsar la continuación de la investigaciones que hizo el MP Federal con Alejandro Gertz Manero, concluyentes de que la narcofiscalía de Sinaloa fabricó un video para tergiversar la hora, el modo y las circunstancias en que Cuén y dos guardaespaldas del “Mayo” (uno comandante de la Policía Ministerial del estado) fueron asesinados en la finca de Joaquín Guzmán López, quien se coordinó con el Buró Federal de Investigaciones para secuestrar a Zambada y llevarlo a Estados Unidos.
Sheinbaum se refirió únicamente al misterio de la captura del delincuente porque el FBI donó a un museo el avión en que fue llevado a EU:
“Vamos a traer a la mañanera este caso recientemente difundido por un periodista (Luis Chaparro), de cómo fue y las consecuencias de la captura del ‘Mayo’ porque, más allá de que, obviamente, es un narcotraficante que tenía orden de aprehensión en México y de que nadie lo va a defender a él, sí hubo un trabajo que hemos venido haciendo desde que se publicó, la manera en que Estados Unidos actuó o algunas (de sus) agencias (…). Es muy importante porque todos en nuestro país actuamos en contra del narco y las organizaciones criminales, pero también defendemos, al mismo tiempo, la soberanía y tienen que esclarecerse hechos…”.
¿Y por qué no averiguar por qué durante 50 años ese personaje nunca pisó una cárcel mexicana? ¿Su prolongada impunidad no amerita una investigación “soberana”?
Mientras tanto, los informes y las imputaciones internacionales (Departamentos de Justicia y del Tesoro) se acumulan y las dudas se multiplican.
El gobierno quiere saber lo que hizo el FBI (que desde luego desconfía de las autoridades mexicanas) pero evita hurgar en lo que depende de él: descubrir qué diablos ocurría en Sinaloa y por qué, desde hace dos años, no tiene -o esconde- la respuesta.
Lo cómodo es exigir explicaciones a Washington y no formular preguntas incómodas en Culiacán.
Más sencillo es reclamar expedientes extranjeros que abrir los nacionales y más rentable denunciar agravios externos que esclarecer las responsabilidades internas.
“¿Y si sí…?”.
Es clarísimo que no…
Carlos Marín
cmarin@milenio.com












