Ocultan FGR y FBI la versión del piloto
"Ocultan FGR y FBI la versión del piloto", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón
El escandaloso nuevo dato del piloto hace más descabellada la actuación de las autoridades mexicanas en su histérico pleito por el caso del “Mayo”.
Desde un principio se conoció su identidad: Mauro Alberto Núñez Ojeda.
Estuvo detenido en Estados Unidos, pero fue inexplicablemente deportado a México y la FGR lo devolvió en una de sus entregas de malandros.
¿Por qué el FBI y la FGR ocultan lo que les declaró?
Siendo el único testigo directo del “paquete” que llevó tripulando el avión en que el capo y su traicionero ahijado (Joaquín Guzmán López) llegaron a Estados Unidos, ¿por qué no se le procesó allá por su aterrizaje “clandestino” ni acá por su evidente complicidad con Los chapitos?
¿Qué justifica la ignorancia de la FGR sobre el despegue, la ruta, los pasajeros, las comunicaciones y los acuerdos previos?
Su versión es clave para separar hechos de conjeturas. Sólo él puede decir para quién trabajaba, qué instrucciones recibió, por qué pudo cruzar la frontera y aterrizar en EU; si agentes del FBI viajaron con los narcotraficantes o si sólo esperaban que bajara el avión en Nuevo México.
Gran parte del enredo es porque la FGR interpreta que el FBI “ya reconoció” haber operado la captura y el traslado del “Mayo”, pero tanto por escrito (en la tarjeta Air King) como en sus declaraciones, lo que esa policía federal presume es que realizó una “compleja, secreta y audaz operación de detención de dos fugitivos”.
La captura consta en fotografías difundidas el mismo día en que el capo de capos había sido sometido por la mañana en la finca donde se le entrampó.
Entre una detención en suelo estadounidense, un secuestro en tierras mexicanas y el posterior traslado a EU media un abismo jurídico y operativo, sobre el que el Gobierno mexicano ha construido una torpe narrativa en que nada más falta que acuse al FBI de haber participado en el sometimiento del “Mayo” y al menos presenciado tres asesinatos: los de dos guardaespaldas (uno era comandante de la Policía Ministerial del estado que gobernaba Rubén Rocha Moya) y del enemigo político del gobernador morenista, Héctor Melesio Cuén.
Lo cierto es que nada del “traslado”, sólo “la captura” es lo que reconocen el FBI y “el mentiroso” Ken Salazar.
Todo indica, eso sí, que hubo una coordinación del FBI con Joaquín Guzmán López en Sinaloa, o tal vez con Ovidio su hermano en EU, y es imposible que el traslado se hiciera de manera improvisada.
Pero una cosa es que el FBI planeara una operación de tan alto grado de dificultad con un delincuente dispuesto a entregarse y entregar a otro, y otra ejecutar un secuestro dentro del territorio mexicano (son escenarios distintos y de consecuencias jurídicas diferentes).
Se tuvo detenido aquí al piloto que pudo resolver buena parte del rompecabezas, pero lo echaron del país.
Vaya papelón de la Fiscalía: dos años de “investigaciones” que no sirven para reconstruir una cronología elemental -una “verdad histórica”- de lo ocurrido en su propio territorio de responsabilidad…
Carlos Marín
cmarin@milenio.com












