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Columna de opinión

La verdad también obliga al poder

"La verdad también obliga al poder", escribe Marco A. Paz Pellat en #ElPoderdelasIdeas

Publicado: 27 de agosto de 2026 · 3 min lectura

Artículo de opinión

La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones aprobó finalmente los nuevos Lineamientos para la Protección de los Derechos de las Audiencias y corrigió algunos de los aspectos más cuestionados durante la consulta pública.

Es una buena decisión.

La propuesta original pretendía impedir que los medios difundieran información “falsa, descontextualizada o histórica como si fuera actual”. El problema era evidente: alguien tendría que decidir qué es falso, cuánto contexto es suficiente y, eventualmente, sancionar.

La disposición fue eliminada y la CRT asegura que no calificará contenidos periodísticos ni determinará si una noticia es verdadera o falsa. Se evitó un riesgo innecesario para la libertad de expresión.

Pero permanece una discusión de fondo: ¿por qué exigir mayores estándares de veracidad, precisión y responsabilidad a los medios sin establecer obligaciones equivalentes para quienes generan buena parte de la información pública?

El gobierno informa todos los días mediante conferencias, comunicados, estadísticas, informes, redes sociales y campañas financiadas con recursos públicos. Esa información influye directamente en cómo los ciudadanos evaluamos la economía, la seguridad, la salud y el desempeño de nuestros gobernantes.

Y existe una diferencia fundamental: muchas veces el propio gobierno produce los datos, decide cuáles divulgar y escoge cómo presentarlos.

No necesita mentir para construir una percepción equivocada.

Puede comparar contra el periodo que más le conviene, destacar una cifra favorable y omitir otra que modifica su interpretación. Puede presentar resultados sin metodología suficiente o anunciar miles de detenciones sin informar cuántos detenidos fueron procesados, sentenciados o liberados.

La verdad incompleta también puede desinformar.

Los nuevos lineamientos establecen códigos de ética, defensores de las audiencias y mecanismos para atender quejas en los medios regulados. Es correcto.

Pero necesitamos dar el siguiente paso: convertir los derechos de las audiencias en verdaderos derechos ciudadanos frente a la información pública.

Si una autoridad publica cifras, debería transparentar fuente, metodología y contexto. Si proporciona información incorrecta, debería corregirla con una visibilidad semejante. Y cuando una comunicación institucional mezcla información pública con posicionamiento político, debería quedar claramente diferenciada.

Esto no significa convertir a ninguna autoridad en árbitro de la verdad. Precisamente lo contrario: significa establecer reglas de transparencia que también obliguen a quien ejerce el poder.

La CRT hizo bien en retirar disposiciones que podían afectar la libertad editorial.

Ahora corresponde aplicar un principio igualmente importante: si exigimos a los medios veracidad, precisión y contexto, debemos exigir al gobierno exactamente lo mismo.

Porque el derecho a estar bien informado no depende de quién tenga el micrófono. Depende de que nadie utilice sólo una parte de la verdad para construir toda la realidad.

Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.

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Sobre la firma

Marco Paz Pellat

Equipo editorial que analiza los hechos, decisiones y conversaciones que inciden en la vida pública de Sonora.

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