Prohibir el celular no basta
"Prohibir el celular no basta", escribe Marco A. Paz Pellat en #ElPoderdelasIdeas
México se prepara para establecer reglas nacionales sobre el uso de celulares en las escuelas. La medida tiene respaldo: la SEP informa que 17 estados ya cuentan con alguna regulación y una encuesta de Enkoll encontró que 84% de los mexicanos considera inseguro para los menores el uso de internet y redes sociales.
La preocupación es legítima. Pero antes de concluir que basta con retirar los teléfonos, conviene revisar qué dice la evidencia.
Justamente este 8 de septiembre, la OCDE publicó los resultados de PISA 2025. El diagnóstico es preocupante: lectura, matemáticas y ciencias registraron sus niveles más bajos desde que comenzó la medición en 2000. La organización identifica la distracción digital como parte del problema: 28% de los estudiantes dice que sus compañeros se distraen con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de ciencias.
Las prohibiciones parecen ayudar en algo concreto. En escuelas donde no se permiten celulares, la distracción reportada es menor: 27%, frente a 32% donde no existen restricciones ni lineamientos específicos.
Pero aparece un dato fundamental: la OCDE no encuentra evidencia clara de que prohibir celulares, por sí solo, mejore el desempeño académico. Entre 2022 y 2025, el aumento de las prohibiciones tampoco estuvo asociado con mejoras en ciencias o lectura.
La conclusión debería ser prudente: restringir puede ayudar a recuperar la atención; no necesariamente produce automáticamente aprendizaje.
México tiene además una oportunidad que estamos desaprovechando. Antes de establecer una política nacional, 17 entidades ya funcionan como un enorme laboratorio, entre ellas Sonora. ¿Qué ocurrió después de aplicar sus restricciones? ¿Mejoró la concentración? ¿Disminuyó el ciberacoso? ¿Aumentó la convivencia? ¿Mejoraron las calificaciones?
No contamos todavía con una evaluación pública suficientemente sólida que permita responderlo.
Por eso la discusión no debería reducirse a celulares sí o no.
Durante las clases, particularmente en primaria y secundaria, existen buenas razones para restringirlos. Pero la política debe acompañarse de educación digital, participación de las familias y evaluación de resultados.
Nuestros hijos vivirán en un mundo con más redes sociales, inteligencia artificial y pantallas, no con menos.
La escuela debe ofrecerles unas horas donde puedan aprender sin competir permanentemente con TikTok, Instagram o WhatsApp. Pero también debe enseñarles algo mucho más difícil: administrar su atención, reconocer riesgos y saber cuándo desconectarse.
El objetivo no debería ser presumir escuelas sin celulares.
Debería ser formar jóvenes capaces de controlar la tecnología, en lugar de que la tecnología los controle a ellos.












