Sinaloa: ¿injerencia provoca violencia?

"Sinaloa: ¿injerencia provoca violencia?", escribe Marco A. Paz Pellat en #ElPoderdelasIdeas

“La injerencia provoca violencia; la cooperación para el desarrollo genera paz”, afirmó en su gira la presidenta Claudia Sheinbaum en Culiacán. La defensa de la soberanía es legítima. Pero frente a la tragedia sinaloense deja pendiente una pregunta mucho más incómoda: ¿la violencia se explica por la injerencia extranjera o también por años de impunidad, corrupción y posibles redes de protección del crimen desde las propias instituciones?

La captura de Ismael “Mayo” Zambada en Estados Unidos detonó la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa. Pero un detonante no explica cómo una organización criminal adquirió durante décadas semejante capacidad territorial, económica y armada.

Por eso sorprende que, después de dos años de crisis, no conozcamos una investigación federal extraordinaria sobre posibles redes de protección institucional.

México ya demostró con la Operación Enjambre que puede investigar y detener, mediante órdenes judiciales, a alcaldes, mandos policiales y funcionarios presuntamente vinculados con organizaciones criminales.

¿Sinaloa no amerita una investigación de profundidad semejante?

Existe además una sospecha que el Gobierno debería despejar con hechos: que la cautela para investigar posibles vínculos políticos con el narcotráfico responda también al costo que una depuración institucional podría representar para Morena rumbo a 2027.

No existe evidencia pública suficiente para afirmar que ésa sea la motivación presidencial. Precisamente por eso la respuesta debería ser contundente: investigar sin distingos partidistas y llegar hasta donde conduzcan las pruebas.

La comparación con Michoacán resulta inevitable.

Para ese estado, Sheinbaum creó el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia: 12 ejes, más de 100 acciones y más de 57 mil millones de pesos, combinando seguridad con desarrollo económico, infraestructura, agua, educación, salud, vivienda, cultura, jóvenes y fortalecimiento institucional. Y no es un programa coyuntural: la Presidenta anunció que continuará hasta 2030, con seguimiento permanente de su gobierno.

Sinaloa ha recibido miles de efectivos federales y hoy se anuncian apoyos adicionales al campo, educación, jóvenes, salud y un presupuesto extraordinario. Es importante reconocerlo. Pero todavía no existe una estrategia extraordinaria, cuantificada y multianual comparable con Michoacán.

Sinaloa necesita soldados, pero también recuperar empresas, empleos, inversión y espacios públicos; atender víctimas y desaparecidos; fortalecer policías, fiscalías y tribunales; reconstruir el tejido social y esclarecer cualquier posible complicidad entre autoridades y criminales.

La soberanía no consiste solamente en impedir que otros intervengan. Consiste también en demostrar que México puede limpiar su propia casa.

Sinaloa no necesita más explicaciones sobre su tragedia. Necesita una respuesta proporcional a ella. Porque a Sinaloa le ha sobrado violencia, miedo y dolor. Lo que le ha faltado es un Estado mexicano a la altura de su tragedia.