Muerte de Alí Jamenei: Netanyahu pasa factura por el 7-O
"Muerte de Alí Jamenei: Netanyahu pasa factura por el 7-O", escribe Irene Selser en #Entrevías
Aunque la inteligencia israelí llevaba años acumulando información sobre el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, la planificación concreta de una operación para eliminarlo habría sido más reciente y se aceleró en el contexto de la escalada de tensiones tras el ataque del 7 de octubre de 2023 del movimiento sunita Hamás contra Israel y las posteriores confrontaciones militares entre ese país y la República Islámica.
Algunos medios israelíes sostienen que la idea fue considerada seriamente después del 7-O, cuando mil 200 israelíes murieron y 240 fueron secuestrados en uno de los ataques más mortíferos contra el país. Israel respondió con una devastadora ofensiva sobre la Franja de Gaza, donde opera Hamás, con un saldo de al menos 75 mil palestinos muertos y decenas de miles de heridos y desplazados.
Israel afirma desde hace años que Irán financia, arma y entrena a Hamás, como parte de su apoyo a la causa palestina, así como a otros actores del llamado “Eje de Resistencia” -Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemen y milicias en Siria e Irak-. Por décadas, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha considerado a la teocracia iraní -y en particular al liderazgo que encabezó durante 37 años Jamenei (86)- como la amenaza existencial más grave para Israel, por su doctrina política e ideológica profundamente hostil hacia Tel Aviv y Washington, y por su programa nuclear y balístico, unido a su red de aliados armados en la región.
Tras el 7-O, la decisión operativa final contra Jamenei habría sido confirmada por Netanyahu hacia finales de 2025, luego de meses de coordinación con el presidente estadounidense Donald Trump, después de la Guerra de 12 días con Irán, en junio de ese año, que culminó con el bombardeo estadounidense contra tres instalaciones nucleares iraníes. Previamente, Teherán había lanzado centenares de misiles balísticos y de crucero contra Israel en lo que fue su primer ataque directo desde 1979, año de la creación de la República Islámica.
La operación de entonces se denominó León Naciente y estuvo dirigida a debilitar la capacidad ofensiva de Irán, poniendo de manifiesto la sofisticación del trabajo del Mossad, el servicio de inteligencia exterior, así como de la inteligencia militar (Aman), tras el severo golpe sufrido con el sorpresivo ataque de Hamás en 2023.
Según el Financial Times (2-03), el Mossad utilizó ahora cámaras de tráfico hackeadas e inteligencia artificial para mapear los movimientos de Jamenei antes de su asesinato. Se emplearon 30 misiles en el ataque de precisión la mañana del sábado 28 de febrero, al inicio de la Operación León Rugiente, en coordinación con Estados Unidos, que denominó a su campaña Furia Épica.
De acuerdo con el diario británico, la inteligencia israelí -que mantiene desde hace décadas una actividad profunda sobre y dentro de Irán- trazó un “patrón de vida” del ayatolá Jamenei y de su equipo de seguridad, incluidas rutas de desplazamiento, horarios de actividad e identidades de las figuras que lo acompañaban habitualmente. También recurrió a herramientas de inteligencia artificial y algoritmos para clasificar grandes volúmenes de información sobre el liderazgo iraní y sus movimientos.
Israel atacó el complejo donde se encontraba Jamenei con misiles Sparrow, mientras que las torres de telefonía celular de la zona fueron desconectadas, impidiendo que el personal de seguridad recibiera llamadas de advertencia.
El FT añadió que la planificación de una eventual operación contra el liderazgo iraní se remonta a 2001, cuando el entonces primer ministro Ariel Sharon ordenó al Mossad convertir a Irán en prioridad estratégica.
La ejecución final, sin embargo, no dependió únicamente de la inteligencia israelí. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) habría colaborado estrechamente para rastrear la ubicación exacta y determinar el momento más oportuno para la operación, lo que sugiere semanas o meses de trabajo conjunto antes del ataque del 28-F, independientemente del expediente nuclear y misilístico de Irán, y del resultado de las negociaciones nucleares en curso entre Estados Unidos e Irán.
Hasta este martes, unas 800 personas habían muerto -civiles y militares- y otras mil resultaron heridas tras cuatro días de ataques y más de dos mil bombardeos de Israel y Estados Unidos, en la primera operación conjunta de esa magnitud entre ambos países. En Israel, varios ataques con misiles iraníes causaron nueve muertos y una veintena de heridos, en su mayoría civiles. En países del Golfo Arábigo también se registraron daños y víctimas tras la respuesta masiva de Irán con misiles y drones contra bases y posiciones estadounidenses. En Líbano, se reportaron decenas de muertos, incluidos niños, por ataques israelíes en respuesta a misiles lanzados por Hezbolá, organización debilitada estratégicamente tras la ofensiva israelí contra el “Eje de Resistencia” posterior al 7-O.
Fuentes israelíes describen la campaña como una fusión operativa inédita entre fuerzas aéreas, navales y de inteligencia de Israel y Estados Unidos, con el trasfondo de meses de protestas masivas en Irán por la crisis económica y contra el régimen, que fueron reprimidas con dureza y dejaron entre siete mil y 35 mil muertos, según diversas estimaciones.
Netanyahu ha señalado públicamente que esas manifestaciones evidenciaron la fragilidad interna del gobierno de Jamenei, lo que habría sido un factor adicional para decidir el ataque del 28 de febrero, en el marco de una apuesta estratégica conjunta con Trump por un cambio de régimen en la cuarta potencia petrolera del mundo, que destina 80% de su producción de crudo a China.
Así lo confirmó el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, al referirse al ataque durante una conferencia de prensa en el Pentágono el 2 de marzo: “Este es el punto de inflexión que Estados Unidos estaba buscando desde 1979”.












