Trump, el Proyecto 2025 y la nueva cruzada hemisférica
"Trump, el Proyecto 2025 y la nueva cruzada hemisférica", escribe Irene Selser en #Entrevías
La fotografía de doce presidentes latinoamericanos firmando el 7 de marzo junto a Donald Trump en Miami el llamado Escudo de las Américas pareció salida de “La Armada Brancaleone”, la inolvidable sátira sobre las heroicas gestas medievales del cineasta italiano Mario Monicelli. Como en el filme protagonizado por Vittorio Gassman, la escena reunió a una tropa dispar de aspirantes a cruzados que, entre solemnidad, groserías y bravuconadas se aprestan a marchar tras una empresa geopolítica cuyo desenlace nadie puede prever.
La decisión de Trump de lanzar el llamado Escudo de las Américas (Shield of the Americas), planteado para “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad” en la región, responde puntualmente a la visión contenida en el documento de la Heritage Foundation conocido como Project 2025, mismo que propone una estrategia de seguridad hemisférica más dura basada en una mayor presencia militar y en la cooperación en seguridad con gobiernos aliados.
Elaborado entre 2022 y 2023 por el think tank conservador como una hoja de ruta para un eventual segundo ciclo del trumpismo o de un gobierno republicano en Estados Unidos, el Proyecto 2025 plantea tres premisas básicas para la región: recuperar el hemisferio occidental frente a China, identificar al narcotráfico y al crimen organizado como amenazas de seguridad nacional e integrar a los aliados de Washington en la estrategia de seguridad de Estados Unidos.
El documento, que se inscribe en la lógica de la Doctrina Monroe (hoy “Donroe”), según la cual el continente americano constituye una zona estratégica para Estados Unidos, menciona explícitamente la expansión económica y estratégica de China en América Latina -infraestructura, telecomunicaciones, puertos y minería- y sostiene que Washington debe contrarrestar esa presencia mediante alianzas más estrechas con gobiernos afines, mayor cooperación en seguridad y defensa e integración económica hemisférica.
En materia de narcotráfico, el Proyecto 2025 propone combatirlo utilizando instrumentos militares y de inteligencia además de los policiales, ampliar las operaciones de cooperación militar con países latinoamericanos aliados y aumentar el papel del Departamento de Defensa en esa lucha. En otras palabras, plantea una militarización de la seguridad regional, como sugiere el Escudo de las Américas.
En cuanto a la integración de los aliados latinoamericanos a la estrategia de seguridad de la Casa Blanca, el Proyecto 2025 -del cual Trump se deslindó e incluso criticó en 2024 durante su campaña, afirmando que algunas de sus ideas eran “ridículas”- plantea lo mismo que la cumbre de Miami: entrenamiento militar, cooperación en inteligencia, apoyo en seguridad fronteriza y operaciones conjuntas contra el crimen organizado y la migración irregular. Es decir, integrar a los ejércitos y fuerzas de seguridad latinoamericanos en una arquitectura hemisférica liderada por Washington.
Desde 1980, en la última fase de la Guerra Fría, las ideas de la Fundación Heritage han contribuido a consolidar en Estados Unidos el paradigma neoliberal y neoconservador, como ocurrió durante el doble mandato del republicano Ronald Reagan, incluyendo el fortalecimiento del poder militar y la confrontación con la entonces Unión Soviética, extinguida en 1991. En el caso de América Latina, documentos de la Fundación como Santa Fe I y Santa Fe II sirvieron -al igual que Project 2025 hoy- como guías ideológicas para aplicar una política mucho más agresiva frente a la influencia soviética y a los movimientos de izquierda en la zona, incluyendo el combate frontal a la Teología de la Liberación, de la mano del papa Juan Pablo II.
El primer resultado concreto de la cumbre de Miami fue la creación de una Coalición Anticárteles de las Américas, destinada a coordinar acciones militares contra el narcotráfico y el crimen organizado. “La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos”, declaró Trump al anunciar el acuerdo, que paradójicamente dejó fuera a México, Colombia y Brasil, países que llevan décadas enfrentando al narcotráfico, aunque con estrategias y contextos distintos. Trump señaló a México como el “epicentro de la violencia de los cárteles”, presentándolo como una amenaza regional y no sólo nacional, lo que podría servir para justificar una mayor presión diplomática sobre el país o incluso eventuales acciones militares de la coalición.
Respecto de China, el catedrático de la Universidad de Georgetown Juan Luis Manfredi afirmó a la BBC que el Escudo de las Américas “persigue reducir o, al menos, mitigar el impacto de sus inversiones en la región”. Recordó que China es actualmente el principal socio comercial de Sudamérica y el segundo de América Latina en su conjunto, después de Estados Unidos. En 2024, el intercambio de bienes y servicios alcanzó el récord histórico de 518 mil millones de dólares.
El lanzamiento del Escudo de las Américas coincide con otro hecho diplomático relevante: el próximo encuentro entre Trump y el presidente chino Xi Jinping en Pekín, del 31 de marzo al 2 de abril, centrado en comercio, tecnología y seguridad global. El telón de fondo será América Latina como escenario clave de la competencia entre las dos mayores potencias del mundo, donde se cruzan intereses económicos, políticos y militares en una región rica en recursos naturales, entre ellos el litio -Argentina, Bolivia y Chile-, esencial para la transición la nueva generación de armas.
Trump bromeó en Miami con la posibilidad de venderles “misiles” a los presidentes presentes. Una broma que tiene un trasfondo real. Estados Unidos es el mayor exportador de armas del mundo y el Escudo de las Américas podría terminar convirtiendo ese chiste en política concreta: más armamentos y más gasto militar en una región que ha sido hasta ahora una de las menos armadas del mundo.












