Irán: ¿es este el ‘capítulo final’?

"Irán: ¿es este el ‘capítulo final’?", escribe Irene Selser en #Entrevías

La posibilidad de una operación militar de Estados Unidos contra Irán vuelve a situarse en el centro del escenario internacional, tras el ataque de junio de 2025 con bombarderos furtivos B-2 a tres instalaciones nucleares iraníes. Según un “funcionario estadounidense” citado por la cadena catarí Al Jazeera, la planificación se encuentra en “etapas avanzadas”. La fórmula es conocida y no suele ser inocua: en el lenguaje de inteligencia, este tipo de filtraciones cumple funciones de advertencia, presión o preparación del terreno.

La información surge tras una reunión entre el canciller iraní, Abás Araghchi y Steve Witkoff, enviado especial de la administración Trump para Oriente Medio, a raíz de una nueva ola de protestas en la República Islámica. Desde el 28 de diciembre, las movilizaciones se extendieron desde el Gran Bazar de Teherán hacia otras ciudades, impulsadas por una profunda crisis económica agravada por el bloqueo estadounidense. Lo que comenzó como una protesta sectorial derivó rápidamente en un cuestionamiento político más amplio. Hasta este martes, se registraban más de 500 muertos y cerca de 11 mil detenidos, según organizaciones de derechos humanos.

La respuesta del Estado iraní no ha cambiado. Como en las protestas por fraude electoral de 2009, las económicas de 2017-2019 y las movilizaciones de 2022-2023 tras la muerte de la joven kurda Mahsa Amini, de 22 años, bajo custodia policial, el gobierno ha recurrido a detenciones masivas, uso de fuerza letal y juicios expeditivos. La milicia Basij y la Guardia Revolucionaria (IRGC) siguen siendo los instrumentos centrales de una política orientada a la contención y al castigo.

Desde 1989, el poder se concentra en el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, hoy de 86 años. Su estrategia ha sido consistente: resistir hasta que la protesta se desgaste. Su cálculo, por lo visto, descansa en el control del aparato represivo, el miedo social y la fragmentación de los movimientos opositores, sin un liderazgo claro. La renuncia no figura en su horizonte, ya que abandonar el poder implicaría asumir el colapso del sistema político construido tras la revolución de 1979, liderada por el también clérigo ultraconservador, antisionista y anti Estados Unidos, Ruhollah Jomeini.

Ese sistema surgió tras el derrocamiento del sha Mohammad Reza Pahlavi, un monarca autoritario respaldado por la Casa Blanca. Antes, el golpe de Estado contra el primer ministro Mohammad Mossadegh -quien había nacionalizado el petróleo y defendido la soberanía nacional-, organizado por la CIA y el MI6, dejó una huella profunda en la relación de Irán con Occidente. La República Islámica se presentó entonces como una ruptura con la injerencia externa, pero derivó en un régimen teocrático igualmente represivo, que concentró el poder en el clero chií y restringió de manera sistemática las libertades políticas y, en particular, la de las mujeres.

Según distintos análisis, Jamenei, líder sostenido por el aparato militar-clerical, sólo negociaría o se apartaría del poder si hubiera una ruptura dentro de la IRGC, la fuerza paralela al ejército regular que sufrió un duro golpe durante los ataques israelíes de junio de 2025, en el marco de la guerra en Gaza provocada por los ataques de Hamás a Israel, con presunto apoyo iraní. Entre el 12 y el 24 de junio, la ofensiva israelí golpeó las capacidades militares de la IRGC, causando la muerte de altos mandos y de una decena de científicos nucleares, como parte de la confrontación histórica entre Irán e Israel, acusado por Teherán de estar detrás de la insurrección civil.

Y aunque nadie duda del papel geoestratégico de Irán en Asia occidental, al controlar accesos clave como el estrecho de Ormuz y conectar rutas comerciales entre Asia, Europa y África, y de contar con algunas de las mayores reservas de petróleo y gas del mundo -recursos energéticos que no sólo son un objetivo económico de Estados Unidos, sino también un instrumento que ha condicionado la política exterior de Washington en Oriente Medio-, lo que ocurre en el antiguo imperio persa tiene que ver en lo interno con el “hartazgo” de una población que, aunque “sabe que el precio de protestar es alto, lo está pagando de todos modos”.

Así lo afirmó la periodista iraní-estadounidense Masih Alinejad, en entrevista con The Jerusalem Post. Según ella, el mundo está presenciando no sólo un levantamiento popular, sino una prueba moral para los líderes occidentales: “Este es nuestro muro de Berlín”, aseguró.

Al respecto, la también activista por los derechos de las mujeres criticó duramente a los gobiernos europeos, que mantienen lazos diplomáticos y económicos con Irán mientras los manifestantes son asesinados, dijo y pidió a Donald Trump tomar medidas específicas contra los líderes iraníes y la IRGC. Para ella, el levantamiento actual es “el capítulo final”: “Esta es la voluntad del pueblo. Los europeos y otros líderes deberían aprender del coraje de los iraníes”.

“Cuando veo fotos de cuerpos sin vida apilados uno sobre otro, me palpita el corazón”, agregó Alinejad. “Pero lo que me enfurece no es sólo el dolor, sino el silencio fuera de Irán”. Describió un ritual sombrío que millones de iraníes en el extranjero practican, ampliando fotografías de los muertos para buscar los rostros de sus familiares, situación agravada por los apagones de Internet impuestos por Teherán: “No sabemos si nuestras familias están vivas o muertas. Esto es crueldad deliberada”.

Alinejad descartó que el miedo obligue a los manifestantes a abandonar las calles. Al contrario, “la gente está harta y la violencia del régimen ha endurecido la determinación ciudadana. Cada noche, cada día, la gente regresa. Millones. Eso es valentía”.

“¡Que maten a Jamenei!”, clamó Alinejad, quien ha sobrevivido a varios intentos de secuestro y asesinato vinculados al régimen, incluyendo uno en su casa de Nueva York en 2021 y otros dos en suelo estadounidense, como recordó The Jerusalem Post.