Reunión Trump-Xi: ¿Quiénes ganaron?
"Reunión Trump-Xi: ¿Quiénes ganaron?", escribe Irene Selser en #Entrevías
Es cierto: no se llegó a ningún acuerdo formal tras la reunión de dos días en Pekín entre Donald Trump y Xi Jinping. Sin embargo, el propósito central de la misión no era ese, sino destrabar las restricciones comerciales y tecnológicas acumuladas tras un año de guerra comercial y abrir mayores espacios del mercado chino a las firmas estadounidenses.
En su balance de la cita celebrada el 13 y 14 de mayo, la prensa estadounidense destaca cinco resultados principales: 1) Un acuerdo para negociar la reducción de aranceles y la instalación de mesas bilaterales para eliminar ciertas barreras de mercado y discutir rebajas mutuas de tarifas comerciales; 2) Apertura parcial para empresas estadounidenses, con el compromiso de China de revisar obstáculos regulatorios que afectan a compañías tecnológicas, financieras y agrícolas de Estados Unidos; 3) Promesas de compras chinas, entre ellas la posible adquisición de unos 200 aviones de Boeing; 4) Reducción de las tensiones económicas y políticas entre ambas potencias, y 5) Permanencia de temas sensibles -subsidios a la industria china, chips, etc.- en una “fase preliminar” de negociación.
Para los principales CEOs y magnates tecnológicos y financieros que integraron la comitiva de Trump -entre ellos Elon Musk (Tesla), Tim Cook (Apple), Jensen Huang (Nvidia) y Larry Fink (BlackRock), además de directivos de Boeing, Goldman Sachs, Visa, Mastercard, Meta, Qualcomm y Citigroup-, los resultados fueron “relativamente moderados”.
Elon Musk, presente en China desde 2018 con su Gigafactory de Shanghái -la planta de Tesla más grande del mundo, con una producción anual de entre 900 mil y un millón de vehículos-, buscaba autorización para ampliar sus proyectos de energía solar y conducción autónoma. La Gigafactory fue la primera fábrica automotriz extranjera en China controlada totalmente por una empresa foránea, sin obligación de asociarse con un socio chino. Allí se producen los modelos Tesla Model 3 y Tesla Model Y para abastecer tanto al mercado local como a Asia, Europa y otros mercados internacionales.
Musk sí habría obtenido, al menos tentativamente, autorización para avanzar en su nueva apuesta estratégica: comercializar software de inteligencia artificial y robotaxis equipados con el sistema Full Self-Driving (FSD), sin necesidad de supervisión constante del conductor, como ocurre actualmente y competir en iguales condiciones con sus principales rivales BYD y XPeng.
Tim Cook, director ejecutivo de Apple desde la muerte de Steve Jobs en 2011, y quien mantiene una estrecha relación con China ya que gran parte de la producción y de los ingresos de la firma dependen de ese país, buscaba preservar la “estabilidad” en la relación bilateral, manteniendo el acceso al mercado chino y protegiendo a Apple de nuevas guerras arancelarias. Y si bien Cook no anunció grandes acuerdos, contribuyó, según Reuters, a consolidar un clima menos hostil entre Pekín y Washington.
El magnate tecnológico taiwanés-estadounidense Jensen Huang, cofundador y director ejecutivo de Nvidia -líder mundial en chips para IA y computación de alto rendimiento-, buscó flexibilizar las restricciones impuestas por Washington que han limitado el acceso de la compañía al mercado chino. Estados Unidos bloqueó las exportaciones de chips avanzados hacia China alegando motivos de seguridad nacional vinculados al desarrollo estratégico de IA y a posibles usos militares.
Según Euronews, Trump decidió incorporar a Huang a última hora en la comitiva presidencial, evidenciando el peso estratégico de Nvidia en la relación con China. Huang abordó el Air Force One en Alaska, donde se encontraba por reuniones de negocios en la costa oeste estadounidense cuando fue convocado de urgencia.
En cuanto a Larry Fink, fundador y director ejecutivo de BlackRock -el mayor fondo de inversión del mundo, con activos administrados por decenas de billones de dólares-, el objetivo fue ampliar la presencia de la firma en fondos de inversión chinos, sistemas de pensiones, mercados bursátiles y administración de patrimonios. China representa uno de los mercados financieros más grandes del planeta y ofrece enormes oportunidades de crecimiento para fondos globales.
Según The Financial Times, BlackRock no obtuvo un “gran acuerdo”, pero sí logró un resultado político importante: seguir siendo considerado por Pekín como un socio financiero relevante pese a la rivalidad creciente con Estados Unidos.
Como parte de la banca de Wall Street presente en la comitiva de Trump, Goldman Sachs -uno de los principales bancos de inversión del mundo- tampoco consiguió nuevas licencias ni adquisiciones. No obstante, habría consolidado su acceso político y financiero en Pekín a fin de proteger sus negocios en China y reducir el riesgo de futuras restricciones bilaterales sobre los flujos financieros.
En contraste, Boeing -el segundo fabricante mundial de aeronaves comerciales- obtuvo un resultado más favorable, aunque por debajo de las expectativas iniciales. Trump anunció tras la reunión con Xi que China aceptó comprar 200 aviones de la firma, lejos de los entre 500 y 750 aparatos que se habían mencionado antes del viaje.
En 2019, China congeló gran parte de sus compras a Boeing por el deterioro de la relación comercial bilateral durante la primera presidencia de Trump, y por la crisis del modelo 737 MAX de la empresa, tras los dos accidentes ocurridos en Indonesia y Etiopía, con saldo total de 346 muertos, que revelaron fallas en el sistema automático MCAS de la aeronave, la cual fue retirada de las pistas.
En suma, el principal logro del encuentro habría sido una distensión parcial que frenó una nueva escalada de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, reabriendo canales de negociación económica y política entre las dos mayores economías del mundo.
Todo ello, sin resolver los grandes conflictos estratégicos, a saber, hegemonía tecnológica, rivalidad militar, seguridad en Asia, presencia china en América Latina y Taiwán, aunque Xi dejó muy claro que la isla constituye una “línea roja” innegociable para China y que Pekín no aceptará ninguna interferencia externa en lo que considera un asunto interno.












