Guerra en Ucrania y la quinta repartición del mundo

"Guerra en Ucrania y la quinta repartición del mundo", escribe Irene Selser en #Entrevías

Este 24 de febrero se cumplieron cuatro años del inicio de la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin, quien, en nombre de Rusia, la justificó alegando la necesidad de proteger su seguridad frente a la expansión de la OTAN, defender a las poblaciones rusoparlantes del Donbás -las ricas provincias orientales de Donetsk y Lugansk- y “desmilitarizar y desnazificar” al país. Para la mayor parte de la comunidad internacional, sin embargo, se trató de una agresión destinada a frenar el alineamiento de Ucrania con Occidente y reafirmar la influencia rusa en el espacio postsoviético.

Más allá de los objetivos de la OTAN, lo cierto es que la pretensión del mutante imperio ruso de ejercer control político, estratégico y cultural sobre Ucrania se remonta a la época zarista (1547-1917) y se prolongó durante el periodo soviético (1917-1991), cuando Ucrania fue considerada parte esencial del espacio ruso. De ahí el rechazo de Putin, con más de 26 años en el poder, a firmar la paz con su par ucraniano, Volodímir Zelenski, quien se niega a ceder los territorios ocupados al calor de los combates o a aceptar condiciones que limiten la soberanía y la capacidad militar ucranianas. Zelenski exige la restitución plena del territorio nacional y garantías de seguridad sólidas.

Para el mandatario ucraniano, Putin “ya ha comenzado” la Tercera Guerra Mundial. En una entrevista reciente con la BBC afirmó que Rusia no se detendrá en Ucrania y que impedir hoy su avance es una victoria para el mundo entero. Además, rechazó las presiones del presidente Donald Trump para aceptar concesiones territoriales, señalando que hacerlo equivaldría al abandono de cientos de miles de ciudadanos ucranianos.

Según Zelenski, aun cuando haya concesiones, estas no van a satisfacer a Putin por mucho tiempo, ya que, una vez que Rusia se recupere de la guerra, “es un hecho que querría continuarla”, dijo, confirmando la visión de Ucrania como parte del núcleo geopolítico de autodefinición imperial de Rusia, dentro de su “esfera natural de influencia”.

Cuatro años de guerra han tenido profundos efectos bélicos, diplomáticos, humanos y materiales. En el plano militar, Ucrania se convirtió -al igual que la Franja de Gaza- en un “laboratorio de guerra moderna”, que demuestra la importancia combinada de drones, artillería, defensa aérea integrada y guerra electrónica, con ambos ejércitos adoptando tácticas modernas de alta tecnología en un contexto de líneas estáticas y combates prolongados.

A nivel diplomático, se produjo una fuerte reconfiguración de alianzas, con la expansión y cohesión de la OTAN, el aislamiento relativo de Rusia en Occidente y un mayor alineamiento de Moscú con China, India y el Sur Global, quedando la diplomacia subordinada al campo de batalla.

La carrera armamentista recibió un claro impulso global a partir de 2022: más armas, más rápido, con énfasis en misiles, drones, ciberseguridad y espacio; debilitamiento de los acuerdos de control de armamentos y una mayor normalización de la guerra como herramienta política. El gasto militar y la reindustrialización bélica acelerada registraron un aumento histórico, con una fuerte presión de Washington para que la Unión Europea eleve significativamente su inversión en defensa.

El términos humanos y materiales, la guerra se ha traducido en unos dos millones de muertos y heridos de ambas partes, con casi unos de 10 millones de ucranianos desplazados dentro y fuera del país; un costo directo para Ucrania de más de 195 mil millones de dólares en destrucción de edificios, redes de transporte, energía y servicios públicos, y un estimado de necesidades de reconstrucción de 588 mil millones en la próxima década, según el Banco Mundial.

Sin duda, se trata de una de las mayores crisis humanitarias en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, la cual derivó en una división bipolar del mundo entre Estados Unidos y la Unión Soviética, repartido en dos grandes bloques ideológicos, militares y de influencia -Este y Oeste- en el marco de la Guerra Fría (1947-1991).

Fue aquella una pugna -la cuarta- por definir el orden mundial, con el factor nuclear como principal disuasivo de una confrontación militar directa entre las superpotencias, ante el riesgo de un suicidio recíproco: la llamada Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Hoy, ese freno está, cuando no existe un régimen sólido y operativo de control nuclear.

Antes de la Guerra Fría, el mundo fue repartido en tres ocasiones, dominado por distintas potencias. Primero, entre los siglos XV y XVI, durante la era de las grandes conquistas y la expansión colonial, España y Portugal se dividieron amplias zonas de América, África y Asia. Segundo, entre los siglos XVII y XVIII, Reino Unido, Francia y Países Bajos disputaron y ampliaron sus imperios coloniales, imponiéndose Gran Bretaña como potencia marítima global. Tercero, en el siglo XIX y comienzos del XX, el mundo fue repartido entre los imperios europeos industriales -Reino Unido, Alemania, Francia y Bélgica-, culminando la Primera Guerra Mundial con el reparto colonial de Asia y África.

Hoy nos hallamos en la quinta gran repartición del poder mundial, con un orden inicialmente unipolar dominado por Estados Unidos, actualmente en transición hacia una etapa multipolar, marcada por la emergencia de China, el resurgimiento de Rusia y el peso creciente de potencias regionales intermedias.

Se trata de redefinir las zonas de influencia y reafirmar el liderazgo de cada superpotencia, expandiendo su peso económico, tecnológico, diplomático y militar, mientras se debilita la hegemonía del contrario y se preparan condiciones favorables para los propios intereses estratégicos.

En este marco, la guerra en Ucrania aparece no como un fin en sí mismo, sino como un ensayo general del nuevo paradigma: un campo de prueba y de “fijación de límites”, que servirá para medir hasta dónde puede llegar Rusia por la fuerza, hasta dónde está dispuesto Estados Unidos a sostener a sus aliados sin entrar en una guerra directa, y cuánto puede ganar China observando sin exponerse, fiel a su forma histórica de actuar.