Colombia: la ultraderecha acaricia el poder

"Colombia: la ultraderecha acaricia el poder", escribe Irene Selser en #Entrevías

Por simple aritmética electoral, el abogado penalista y candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella parte como favorito para imponerse el próximo 21 de junio en la segunda vuelta de los comicios presidenciales de Colombia. El pasado domingo obtuvo 43.7% de los votos, superando al izquierdista Iván Cepeda, que alcanzó el 40.9%.

La candidata de derecha Paloma Valencia (6.9%) anticipó esa misma noche su respaldo a De la Espriella, lo que elevaría su caudal electoral a cerca de 52%, frente al 46% que podría alcanzar Cepeda si lograra atraer la mayor parte de los votos del centro izquierda.

Esa es la estimación de la abogada y profesora constitucionalista colombiana Liliana Estupiñán, para quien el senador Cepeda necesitaría conquistar al menos dos millones de votos adicionales en las próximas tres semanas, “una tarea de enorme complejidad”, dijo a la televisora Deutsche Welle.

En un país altamente polarizado, las encuestas habían anticipado el balotaje al advertir que ningún candidato superaría 50% de los sufragios, pero no previeron la magnitud del resultado de De la Espriella, líder de Defensores de la Patria, quien terminó por delante del oficialista Cepeda, del Pacto Histórico. Este último propone dar continuidad al legado de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia.

El gobierno de Petro concluye con un balance mixto: avances sociales reconocidos -entre ellos la profundización de la reforma agraria, la transición energética, la reducción de la inflación, la pobreza y el desempleo-, pero también fuertes cuestionamientos a su política de “Paz Total”, debido al recrudecimiento de la violencia armada en varias regiones del país, en niveles no vistos durante la última década.

A ello se suman, según diversos analistas, una creciente polarización política atribuida al petrismo, dificultades de gobernabilidad derivadas de los frecuentes cambios ministeriales, confrontación con otras instituciones del Estado, escándalos de corrupción e incertidumbre entre empresarios e inversionistas.

Las encuestadoras tampoco anticiparon el distante tercer lugar de la abogada y senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático, partido del expresidente Álvaro Uribe, unos de los grandes derrotados de la jornada debido a divisiones internas y al desgate del uribismo.

Este martes, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, que desplegó unos 150 observadores en todo el país, presentó su informe preliminar, confirmando los resultados del preconteo y calificando todas las fases de la jornada electoral como “ordenadas, transparentes y fluidas”.

El jefe de la Misión, el español Esteban González Pons, respaldó la “transparencia” del proceso y contradijo las denuncias formuladas por Petro, quien, sin presentar pruebas, denunció una supuesta compra masiva de votos y una manipulación del censo electoral en favor de De la Espriella.

El domingo acudieron a las urnas más de 23.6 millones de colombianos, equivalentes a 57.2% del electorado, más de dos millones de votantes adicionales respecto de las elecciones de 2022.

Por su parte, Cepeda afirmó inicialmente haber obtenido “10 millones de votos mal contados” y aseguró representar “la principal fuerza política sin duda” del país, aunque posteriormente matizó sus declaraciones. El senador es considerado una figura representativa de la izquierda reformista colombiana, centrada en la defensa de los derechos humanos, la búsqueda de acuerdos de paz con los grupos armados y la reducción de las desigualdades sociales.

Su padre, el senador comunista Manuel Cepeda Vargas, fue baleado en 1994 en un crimen atribuido a paramilitares en connivencia con agentes estatales.

Su muerte forma parte de una cadena de magnicidios políticos que han marcado la historia colombiana. El primero de ellos -o el segundo- fue el del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, asesinado en 1948, cuya muerte desencadenó la ola de protestas del Bogotazo y el periodo conocido como La Violencia, considerado uno de los antecedentes del surgimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la guerrilla más antigua del continente.

Desde entonces, otros candidatos y precandidatos presidenciales han sido asesinados. El más reciente fue el joven senador Miguel Uribe Turbay (39), del Centro Democrático, abatido a tiros durante un mitin en Bogotá por un sicario adolescente.

Su padre, Miguel Uribe Londoño, también anunció su apoyo a De la Espriella, quien como candidato ha hecho frecuente el uso de medidas extraordinarias de seguridad, incluidos chalecos antibalas, escudos protectores, cristales blindados y sistemas antidrones.

Admirador del presidente argentino Javier Milei y del salvadoreño Nayib Bukele, De la Espriella obtuvo más de 10.3 millones de votos apoyado en una narrativa similar a la de otros líderes de ultraderecha en América Latina y del mismo Donald Trump: seguridad y mano dura frente al crimen; anticomunismo y rechazo a la izquierda; defensa de valores conservadores (familia, autoridad, patriotismo, tradición); negación de las políticas climáticas; crítica a las élites tradicionales -aunque proviene de una familia acomodada de la Costa Caribe- y la promesa de restaurar la autoridad del Estado.

Dueño de una considerable fortuna construida a partir de su firma de abogados, inversiones inmobiliarias y diversos negocios empresariales, De la Espriella ha sido objeto de controversias por su representación legal de figuras asociadas a redes de narcotráfico, paramilitarismo, corrupción o lavado de dinero.

Un caso es el del empresario colombiano Alex Saab, señalado como uno de los principales operadores financieros del chavismo. Según reveló el diario El País, De la Espriella habría recibido en 2014 más de 370 mil dólares procedentes de empresas vinculadas a Saab -preso hoy en Estados Unidos-, investigadas por el desvío de recursos públicos venezolanos.