11-S: Del miedo al terrorismo al ‘totalitarismo algorítmico’

"11-S: Del miedo al terrorismo al ‘totalitarismo algorítmico’", escribe Irene Selser en #Entrevías

A 25 años de los atentados terroristas del martes 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos -una mañana templada y casi sin nubes en la zona este del país, sin presagios de catástrofe-, mucho se ha escrito sobre sus efectos globales en materia de vigilancia, seguridad y control, así como de migración, fronteras y derechos humanos.

Los cuatro ataques aéreos coordinados, cometidos ese día por 19 comandos suicidas de la red yihadista Al Qaeda en Nueva York, Virginia y Washington D.C., considerados los más mortíferos de la historia con saldo de casi tres mil muertos y 25 mil heridos, no sólo derivaron en una nueva repartición geopolítica del mundo -la quinta desde inicios del siglo XIX-, marcada por el ascenso tecnológico y la expansión comercial, política y diplomática de China en América Latina, que supo aprovechar la “distracción” de Washington en su “guerra contra el terrorismo” durante dos largas e inservibles intervenciones en Afganistán e Irak. Una “distracción” que el presidente Donald Trump intenta corregir ahora con su “Doctrina Donroe”, con miras a recuperar la primacía de su país sobre el hemisferio occidental.

También significó un punto de inflexión en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), cuyo origen se remonta a medio siglo atrás. Es sabido que el 11-S aceleró en Estados Unidos la inversión pública y privada en tecnologías de vigilancia y procesamiento de datos para identificar amenazas, frente a lo improvisado que resultó la reacción a los atentados, según consta en el Informe final de la Comisión Nacional de Investigación, creada por el presidente George W. Bush y el Congreso e integrada por cinco legisladores republicanos y cinco demócratas. Estos revisaron más de 2.5 millones de páginas de documentos varios, y entrevistaron a más de mil 200 personas en diez países, además de escuchar el testimonio público de 160 testigos, para dilucidar por qué esos ataques los tomaron por sorpresa, pese a las reiteradas advertencias que desde principios de 2001 recibieron las principales autoridades de Estados Unidos (CIA, FBI, Agencia de Seguridad Nacional) sobre los planes de Osama bin Laden, y cómo prevenir que otra tragedia similar se produjera de nuevo.

Al cabo de un cuarto de siglo, los expertos coinciden en lo que, de una forma u otra, los ciudadanos de todo el planeta resentimos a diario: el cambio drástico en el equilibrio entre la privacidad individual y la aludida seguridad nacional, luego de que el miedo al terrorismo -y su manipulación- normalizara la vigilancia masiva.

Especialistas en seguridad como Rohan Gunaratna, del centro de investigación independiente Council on Foreign Affairs, abordan el legado técnico que pavimentó el camino de la IA. En su artículo “El efecto del 11-S y la transformación de la seguridad global” (1-09-2021), Gunaratna analiza cómo, para poder revisar los miles de millones de gigabytes de datos telefónicos y de internet que los gobiernos de Estados Unidos, sus socios y adversarios empezaron a interceptar tras el 11-S, los análisis manuales humanos se volvieron obsoletos, haciendo imperiosa la automatización.

Otro investigador del mismo centro, Wesley Wark, afirma que los atentados del 11-S no sólo transformaron radicalmente la comunidad de inteligencia estadounidense y la de muchos de sus aliados más cercanos, como Israel. También, bajo el liderazgo de Estados Unidos, el mundo de la vigilancia pasó a depender cada vez más de una nueva herramienta de inteligencia visual: el dron, que rápidamente se convirtió en un arma de doble uso, tanto para la recopilación de información como, en su versión armada, para la caza de civiles, como se vio en Afganistán, Pakistán, Irak, Somalia, Siria y, más recientemente, en Ucrania y en el genocidio palestino en Gaza.

Así, si a raíz del 11-S se pasó a restringir libertades en nombre de la seguridad -en medio del auge de la islamofobia y otros tipos de xenofobia-, dos décadas después el riesgo es que se termine normalizando un “totalitarismo algorítmico”, en el que granjas de bots, como las asociadas al asesor del presidente argentino de ultraderecha Javier Milei y de otros, Fernando Cerimedo, preso en un penal de máxima seguridad en Bolivia, fabriquen artificialmente tendencias, amplifiquen ciertos mensajes y manipulen el entorno informativo, imponiendo contenidos como si fueran expresión real y espontánea de la sociedad.

Para el abogado y profesor de la UNAM Pedro Salazar, se trata de un “Totalitarismo total”, como titula su más reciente libro (Taurus, 2026), en alusión a lo que considera “la mayor concentración de poder de la historia en manos de unos pocos”, propiciada por la IA.

Salazar afirma que utilizó deliberadamente el pleonasmo “totalitarismo total” porque considera que la concentración de poder es mayor que la del siglo XX, cuando en los sistemas totalitarios ya había una concentración entre poder político, poder económico y poder ideológico, lo cual se ha multiplicado de manera exponencial, dice, a fin de controlar la vida de los gobernados con herramientas inimaginables como la IA, lo que supone un riesgo adicional para las democracias liberales.

Es cierto: la amenaza terrorista sigue así, aunque bajo otras formas. Según cifras, 93% de los atentados en Occidente en el último lustro fueron perpetrados por “lobos solitarios”, personas que actúan por su propia cuenta.

Lo que resulta claro es que el 11-S y el miedo al terrorismo -simbolizado en las inolvidables imágenes de las Torres Gemelas ardiendo y desplomándose frente a un cielo neoyorquino azul, impecable- sirvió para legitimar la expansión de la vigilancia y de la propia transformación tecnológica en nombre de la seguridad, si bien para muchos gobiernos el objeto de la misma se ha desplazado del terrorista identificado al ciudadano “potencialmente peligroso”. Más aún cuando la IA es capaz de convertir millones de datos en “perfiles de riesgo”.

Como en la visionaria novela de George Orwell, “1984”: el poder ya no necesita aguardar a que Winston Smith cometa un delito. Ahora puede identificar previamente al “Winston Smith potencial”.