pixel de seguimiento comScore
Tendencias
ExpresiónEntrevías
Foto de Irene Selser
Columna de opinión

Premios Nobel 2026: Los ganadores y sus méritos

"Premios Nobel 2026: Los ganadores y sus méritos", escribe Irene Selser en #Entrevías

Publicado: 21 de octubre de 2026 · 6 min lectura

Al igual que cada año desde hace 125, cuando se entregaron por primera vez, la expectativa mundial estuvo puesta, a principios de octubre, en el anuncio de los Premios Nobel en sus seis categorías.

Dotados con una cifra récord de 12 millones de coronas suecas (unos 1.1 millones de euros por rubro) para conmemorar el aniversario, los premios, organizados por la Fundación Nobel, reconocieron esta vez la audacia, la originalidad y la perseverancia para estudiar, innovar y crear, tanto en la ciencia como en la cultura.

El promedio de edad de los laureados, diez en total, fue de 77.3 años. El veterano francés Henri B. Kagan resultó el mayor, con 96 años, y compartió el Nobel de Química con su colega japonés Kenso Soai (76). Por su parte, el estadounidense Karl Deisseroth, de 55 años, fue el menor y mereció el Nobel de Medicina junto con los alemanes George Nagel (73) y Peter Hegemann (72).

El Nobel de Física recayó en Francis Halzen (82), con una historia verdaderamente apasionante detrás. Desde 1988, Halzen se obsesionó con los neutrinos, esas partículas subatómicas diminutas que atraviesan la materia sin reflejar luz visible. Así, concibió la creación de un colosal telescopio, el IceCube, de un kilómetro cúbico de volumen –equivalente a 660 veces el Estadio Azteca de la Ciudad de México completo–, construido con hielo de la Antártida y enterrado ahí, a entre 1.45 y 2.45 kilómetros de profundidad, para registrar los destellos de los neutrinos que viajan por el universo. Sus hallazgos abrieron una nueva ventana para observar zonas del cosmos que la luz o los rayos X no permiten explorar.

En Medicina tampoco hubo controversia por el premio otorgado a Deisseroth, Hegemann y Nagel por su trabajo en optogenética, una disciplina que permite comprender cómo ciertas células contribuyen al aprendizaje, el miedo, la adicción y el movimiento. Sus investigaciones “mapean” el cerebro y podrían servir al desarrollo de tratamientos para trastornos neurológicos y sensoriales, como el Parkinson y la epilepsia.

En Química, los hallazgos del veterano Kagan y de Soai han contribuido a revolucionar la fabricación de fármacos.

En Literatura, la victoria inesperada de la poeta, novelista, ensayista y traductora canadiense Anne Carson (76), profesora de literatura clásica y comparada en la Universidad de Michigan, representa el triunfo de la experimentación y la hibridación como “corazón” de la literatura actual, además de consolidar la traducción literaria como un arte de pleno derecho. En palabras del Comité del Nobel: “Traducir es un acto de recreación poética tan elevado como la escritura original”.

En el caso del Nobel de Economía, otorgado a los neokeynesianos Robert E. Hall (83) y Michael Woodford (71) por sus investigaciones sobre el impacto de la microeconomía (familiar y de empresas) en la macroeconomía, el Comité elogió la eficacia práctica comprobada de sus teorías. Este reconocimiento fue aprovechado en Argentina por los opositores a Javier Milei, quienes retomaron las ideas de Woodford para recordarle al gobierno que, si el ajuste macroeconómico no genera confianza real ni empleos, la recesión tiende a profundizarse.

Como ocurre habitualmente, la polémica más agria se centró en el Nobel de Paz, el más político de los premios, entregado a la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay (85).

Pillay fue reconocida por el presidente del Comité Noruego, Jørgen Frydnes, como la persona que abrió el camino “hacia un orden jurídico mundial más amplio e inclusivo”, garantizando que “los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio sean objeto de enjuiciamiento”.

En una intervención especialmente enérgica, Frydnes resaltó el compromiso con el Estado de derecho, enfatizó que “la paz requiere justicia”, pues la historia ha demostrado que un mundo que funciona sin el imperio de la ley “es injusto, imprudente e inhumano”, y afirmó que la labor de los jueces que custodian la delgada línea roja entre el orden y el caos merece todo el reconocimiento. 

Pillay fue jueza, entre otros cargos, en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), que determinó que en ese país africano se había cometido un genocidio en 1994, y magistrada de la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya. Entre 2021 y 2025, presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados, que concluyó que Israel cometió genocidio contra los palestinos en Gaza.

De ahí la reacción del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu –cuya continuidad está en juego en los comicios legislativos del 27 de octubre–, quien acusó al Comité Nobel de haber perdido su brújula moral y calificó a Pillay de “fanática e intolerante”.

Tres días después, el propio Netanyahu ordenó al Ejército investigar y procesar a 24 militares y miembros de los servicios de inteligencia israelíes que participaron en el documental británico “Naza” (“Daño colateral”) o filtraron información clasificada para su realización. Dirigido por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, “Naza” denuncia el uso de inteligencia artificial para seleccionar sistemáticamente blancos civiles en la Franja.

El presidente Donald Trump, obsesionado con obtener un Nobel, arremetió también contra Noruega y juzgó la decisión de “mancha indeleble”. En represalia, el Departamento de Estado anunció nuevas sanciones económicas contra la CPI y Marco Rubio la llamó “corte ilegítima”.

Pillay se hallaba en Alemania, participando en el Foro de Núremberg, la conferencia internacional anual de juristas, cuando se enteró del galardón. En medio de la ovación de sus colegas, reunidos en la Sala 600 del Palacio de Justicia, donde en 1945 y 1946 fueron juzgados los líderes nazis tras la Segunda Guerra Mundial, la jurista bromeó: “Muchas gracias. Si aplauden un poco más, puede que comparta este premio con Trump”.

La frase conectó con la polémica actuación de su antecesora, María Corina Machado, galardonada en 2025, quien entregaría simbólicamente su medalla de oro a Trump, en un gesto de adulación al verse marginada del nuevo diseño de poder en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro.

Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.

Foto de Irene Selser
Sobre la firma

Irene Selser

Equipo editorial que analiza los hechos, decisiones y conversaciones que inciden en la vida pública de Sonora.