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Lula y Bolsonaro se juegan Brasil

"Lula y Bolsonaro se juegan Brasil", escribe Irene Selser en #Entrevías

Publicado: 21 de octubre de 2026 · 6 min lectura

El viernes tendrá lugar el segundo y último debate televisado, organizado por la cadena O Globo, entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonario, dos días antes del balotaje que, el 25 de octubre, definirá el rostro de Brasil, y de América Latina, en los siguientes cuatro años.

El domingo se registró, en los estudios de TV Band, en São Paulo, el primer cara a cara entre el presidente izquierdista, de casi 81 años, del Partido de los Trabajadores (PT), y su adversario de ultraderecha, del Partido Liberal (PL), hijo del expresidente preso Jair Messias Bolsonaro. Ambos candidatos llegan a la recta final con un empate técnico absoluto, según las encuestas, si bien en la primera ronda del 4 de octubre ninguna advirtió que Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, adelantaría a Lula con el 47% de los votos frente al 45 %.

La prensa en Brasil especula que los votantes indecisos o apáticos, el día 4 se abstuvieron más de 33.3 millones de brasileños, el 21.07% del padrón, podrían definirse en los debates televisivos. Bolsonaro, de 45 años, se ha decantado por una imagen más moderada que la de su padre de 71, condenado por golpismo.

En las últimas horas, ante la aparente recuperación electoral de Lula, tras su fallida estrategia de campaña en la primera vuelta, confiada y a la defensiva, Bolsonaro cambió su voto y apoyó finalmente la reforma lulista para reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y establecer una semana laboral de cinco días, una de las principales ofertas electorales del PT. La reforma fue aprobada el 15 de octubre en el Senado y entraría en vigor en estas horas.

Bolsonaro también prometió mantener los programas sociales de Lula, un pilar de su base electoral desde su primer Gobierno, en 2003, en lugar de introducir los ya anunciados recortes presupuestarios draconianos como los aplicados en Argentina por su aliado, el presidente de la “motosierra”, Javier Milei.

Cuando Lula lo atacó el domingo por sus lazos con Milei y con el presidente estadounidense, Donald Trump, Bolsonaro respondió criticando su cercanía con el dictador nicaragüense Daniel Ortega y el depuesto presidente venezolano Nicolás Maduro.

“Eres amigo de Milei. ¿Has visto cómo está Argentina? ¿Vas a seguir el modelo de Milei?”, lo interpeló Lula, a lo que Bolsonaro respondió que, si es elegido presidente, va a dar “un tijeretazo a la corrupción” de su Gobierno. También acusó a Lula de “gastar locamente para reelegirse” con anuncios de beneficios sociales e insistió en las principales preocupaciones de los brasileños, como el costo de vida y la inseguridad, minimizados por el PT.

Las acusaciones de corrupción caldearon el debate, escaso de propuestas y lleno de ataques personales. Lula llamó “miliciano” a Bolsonaro, acusándolo en forma velada de mantener vínculos con grupos parapoliciales que controlan barrios populares en Río de Janeiro y Bolsonaro mostró la palma de su mano, donde tenía escrita la palabra “Corrupto”, y afirmó que era mejor tener lejos a Lula porque la “billetera puede ser robada”.

Lula da Silva estuvo preso 580 días, de abril de 2018 a noviembre de 2019, tras ser condenado en el marco de la Operación Lava Jato, la mayor investigación sobre una red de corrupción y lavado que operaba a través de gasolineras y lavaderos de autos y que reveló un entramado de sobornos que salpicó a presidentes, exmandatarios, ministros y empresarios de América Latina y África.

En marzo de 2021, la Corte Suprema de Brasil anuló todas las sentencias en contra de Lula da Silva y le devolvió sus derechos políticos, al determinar que hubo parcialidad en el proceso judicial. Esto le permitió volver a postularse en 2022 y ganar su tercera Presidencia no consecutiva.

Bolsonaro arremetió asimismo contra la primera dama, Rosângela “Janja” da Siva, y dijo que representaba un gasto público prescindible. Lula respondió tildándolo de “mentiroso, contumaz, malandro”, un término más habitual en Sudamérica para referirse a los maleantes.

Los propios miembros del PT han criticado en las redes sociales a Janja da Silva tras el fracaso de la primera vuelta. Argumentan que la socióloga de 60 años, tercera esposa de Lula desde 2022, tiene un perfil “muy radical”, lo que ha generado rechazo en amplios sectores del electorado. También cuestionan su protagonismo, que ha opacado a figuras clave de la alianza de Gobierno, como el vicepresidente Geraldo Alckmin, del Partido Socialista Brasileño, así como su papel de “filtro” excesivo, que impide el contacto directo de su esposo con líderes políticos y congresistas.

Mientras tanto, la campaña de Lula intensificó sus ataques contra la multinacional Meta y sus plataformas Facebook, Instagram y WhatsApp. La acusó ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) de interferir en el proceso electoral a favor del PL al reducir la visibilidad de sus mensajes.

Este lunes, el TSE había dado a Meta Platforms 24 horas para demostrar la igualdad de cobertura en la distribución de contenido, aunque desde el viernes había advertido a la empresa de Mark Zuckerberg que no podía interferir, bajo pena de una multa diaria de 500 mil reales (unos 100 mil dólares). La cifra podría aumentar a un millón de reales en caso de que Meta incumpliera las medidas.

En un comunicado de nueve páginas, Meta comunicó este martes al TSE que había adoptado medidas para garantizar la igualdad de trato en sus plataformas entre las campañas rivales y adjuntó una declaración técnica como prueba.

Meta ha sido señalada de intervenir en los procesos electorales de varios países de América Latina desde 2018, de la mano de la familia Bolsonaro, más aún a partir de las revelaciones incriminatorias de la abogada Nadia Beller, expareja del estratega digital argentino, Fernando Cerimedo, preso en Bolivia, acusado de intento de feminicidio en su contra y de actividades delictivas.

Según José Benedito, editor político de la revista Veja, el semanario más influyente de Brasil, el debate del domingo, marcado por ataques personales, no logró convencer a los votantes indecisos. “Lo que ocurrió fue un intercambio de acusaciones”, sin ofrecer respuestas capaces de convencer a quienes aún no se han decantado por un bando. “No veo a nadie convencido”, declaró Benedito.

Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.

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Sobre la firma

Irene Selser

Equipo editorial que analiza los hechos, decisiones y conversaciones que inciden en la vida pública de Sonora.