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Columna de opinión

Una purga necesaria

"Una purga necesaria", escribe Raymundo Riva Palacio en #EstrictamentePersonal

Publicado: 26 de octubre de 2026 · 6 min lectura

El escándalo que arrastra a Guadalupe Taddei crece sin importar que haya presentado su renuncia como consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral. Ayer, la síntesis de prensa de la Cámara de Diputados registró 30 columnas y artículos de opinión sobre el caso, donde salvo uno, fueron negativas. Ha sido muy difícil para quienes han intentado la defensa, aunque uno de sus voceros comenzó la ruta del spin para contrarrestar el desastre: los partidos de oposición se están vacunando contra una segura derrota ante Morena en las elecciones del próximo año.

La relevancia no partidista a este tema, empero, la da una segunda lectura sobre el impacto del escándalo, totalmente personalizada: en Reforma, cinco de seia columnas y artículos de opinión en su página editorial, hablan críticamente de sus acciones; en El Universal fueron 4 de 11; en Milenio se refirieron críticamente a Taddei 3 de sus 6 columnistas políticos; en Excélsior sus cuatro columnistas políticos la cuestionaron; en El Financiero, la valoraron negativamente cuatro de 11 columnistas y editorialistas, y uno se refirió a ella sin centrarse en Taddei, como hicieron tres columnistas en La Jornada, donde sólo uno de 13 opinadores la tocaron, igualmente crítico.

El tema de Taddei, sin embargo, no puede disociarse de la 4T y que esto haya causado una implosión dentro del régimen, porque la consejera presidenta era una de las suyas. Taddei aterrizó en marzo de 2023 en el cargo como resultado de una tómbola en la Cámara de Diputados, ese insultante procedimiento de comedia con la que se están decidiendo -mediante inducción en el mecanismo- cargos importantes para el destino del país. Taddei no fue votada de manera individual, sino por el procedimiento, que es lo que se votó. Hubo 460 votos a favor y 24 en contra, sin abstenciones. Movimiento Ciudadano, pudorosamente, abandonó la sesión.

El planteamiento que se está haciendo sobre el futuro del INE no está corriendo sobre líneas partidistas, sino en cómo se puede restablecer la credibilidad y confiabilidad ciudadana en el respeto del voto. De lo que hizo Taddei no se culpa a la 4T, aunque sí tienen responsabilidad, no sólo por el método como la ungieron, sino por la reforma de octubre de 2024 al artículo 45 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, que le permitió a la presidencia del INE designar directamente a los titulares de las direcciones ejecutivas y unidades técnicas, sin la aprobación del Consejo General, modificando la ley que obligaba a un acuerdo colegiado.

Taddei integró en la Junta General Ejecutiva que fue anunciada en mayo pasado, a los y las titulares de 16 direcciones ejecutivas, coordinaciones y unidades técnicas bajo el esquema de designación directa de la presidencia del INE, con lo cual metió a su equipo, incondicional y, como se vio en algunos casos con motivo del escándalo de las adjudicaciones a un proveedor con quien tiene relaciones personales, ciegos. La única posición que no le entregaron los diputados fue la Secretaría Ejecutiva, que debía nombrarse mediante un proceso colegiado. En diciembre de 2023 propuso para el cargo a Roberto Carlos Félix López, un funcionario muy cercano a ella, pero seis consejeros electorales lo rechazaron por no reunir el perfil técnico requerido. Tiempo después, en noviembre pasado, encontró una forma: forzó a renunciar a Claudia Arlett Espino y lo nombro “encargado de despacho”.

Todo ha explotado con el escándalo de sus abusos y conflictos de interés, que han generado una percepción de irregularidades y probables corrupciones, pero para efectos de un mecanismo democrático que ha estado destruyendo, hay que diferenciar entre la imparcialidad real y la imparcialidad percibida. La primera se determina examinando las decisiones, los procedimientos y las pruebas, que ha quedado más que probada, como el fraude a la ley que le dio mayoría calificada a Morena en la última elección. La segunda depende de la transparencia y de la confianza que inspire, en lo que Taddei está definitivamente reprobada.

Las llamadas de alerta sobre el riesgo que el escándalo contamine al INE y al proceso electoral del próximo año, no son menores. El INE no se limita a contar votos, para lo que cuenta con un excepcional servicio de carrera y una disposición ciudadana a participar en un proceso democrático que consideran -y es- suyo. También debe garantizar la integridad de la documentación electoral, la calidad de los materiales, la confiabilidad de los procedimientos y la aplicación imparcial de la ley.

Si los proveedores de esos materiales estuvieran involucrados en prácticas irregulares, habría que determinar si las anomalías afectaron únicamente el gasto público o si comprometieron algún componente de la organización electoral. Si se le agrega a que el empresario Alfredo Hernández, que recibió contratos millonarios del INE y que tiene una relación personal -y quizás corruptora de su familia-, que afirma falsamente que ganó la licitación para las nuevas credenciales de elector junto con Cosmocolor -sólo esta empresa tiene el contrato-, la preocupación es mayor.

Las percepciones son importantes porque se convierten en verdades. Por ejemplo, el INE podría organizar correctamente la elección de 2027 y, paralelamente, sufrir una crisis de credibilidad por conductas individuales. No habría pruebas de fraude, pero podría debilitar la aceptación pública de sus decisiones. Debe garantizarse la continuidad institucional y asegurar que la renovación de su presidencia no afecte la preparación de las elecciones de 2027, ni la autonomía del organismo, que estará inmiscuida en un ambiente de polarización política, donde cualquier debilidad del árbitro electoral pueda ser utilizada por los contendientes para cuestionar resultados que les sean adversos.

La elección del próximo año no está contaminada, pero la renuncia de Taddei tampoco resuelve el problema que dejó sobre la mesa. Lo urgente es resolver sobre las irregularidades que está encontrando la Auditoría Superior de la Federación en los procesos de adjudicación, mientras la Unidad de Inteligencia Financiera avance sus investigaciones no sobre la institución per se, sino sobre Taddei, Hernández y quienes estén involucrados en adjudicaciones sospechosas, porque los del INE, el Órgano de Control Interno, se quedó ciego.

Lo inmediato es obvio: sustituir a todas las cabezas de las direcciones ejecutivas y unidades técnicas que nombró, así como al secretario ejecutivo, mientras que el Congreso repone la aberración que aprobó en 2024 y restaura la designación colegiada, para controlar el daño que sufrió el INE, más allá del resultado de las investigaciones, antes las dudas sobre la administración de sus recursos, la vigilancia interna y la inmoralidad de algunos de sus dirigentes.


Raymundo Riva Palacio

rrivapalacio2024@gmail.com

X: @rivapa_oficial

Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.

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Raymundo Riva Palacio

Equipo editorial que analiza los hechos, decisiones y conversaciones que inciden en la vida pública de Sonora.