El peor Trump
"El peor Trump", escribe Raymundo Riva Palacio en #EstrictamentePersonal
En Palacio Nacional llegaron a las elecciones intermedias en Estados Unidos con una victoria pírrica: las amenazas que recibieron de que eran inminentes más acusaciones contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otras figuras de Morena, no se materializaron. Las presiones internas que no cejaron, se contuvieron intramuros, por lo que la coacción no trascendió a la arena pública. La segunda parte de la apuesta era aguantar y sobrevivir estos meses, pensando en que una victoria demócrata en el Capitolio, cambiaría por completo la dinámica tóxica y amenazante que tiene el presidente Donald Trump y los halcones en la Casa Blanca.
Nate Silver, que ha construido su fama como un certero pronosticador de resultados deportivos y elecciones, dijo este lunes que veía en el horizonte un “tsunami azul” demócrata, lo que al equipo de la presidenta Claudia Sheinbaum le pudo dar un respiro y pensar que la pesadilla que han vivido en los dos últimos años se acabará. Sin embargo, no hay que brincar a conclusiones. Históricamente, los demócratas han tenido políticas y acciones más negativas hacia México que los republicanos, y salvo el presidente Bill Clinton, ninguno ha invertido gran capital político a favor de este país en los momentos de mayor apremio.
Las elecciones de este martes, de acuerdo con las últimas encuestas publicadas el domingo, apuntan a que los demócratas recuperarán la Cámara de Representantes, arrebatarán el Senado, y se quedarán con la mayor parte de las gubernaturas. Trump, que sin estar en la boleta lo está, tiene el rechazo de seis de cada 10 estadounidenses. Se encuentra en una situación de enorme debilidad, pero Harry Truman, Richard Nixon, George W. Bush y James Carter se encontraban peor que él en las elecciones intermedias. No pueden enterrar a Trump en Palacio Nacional, aunque pierdan los republicanos: Truman tenía una muy baja aprobación antes de las elecciones en 1948, y sin embargo ganó.
Hay varios escenarios que pueden plantearse: a) ganan los demócratas únicamente la Cámara de Representantes; b) dominan también el Senado; c) las encuestas fallan otra vez y los republicanos conservan el poder en el Capitolio. En cualquiera de estos pueden cambiar los énfasis, existir matices, pero hay que descartar un cambio de rumbo en la relación bilateral.
Si ganaran los demócratas, México tendría más garantías que la relación bilateral tuviera mayores cauces constitucionales por la presión de las cámaras sobre Trump, pero no cambiaría esencialmente las cosas. Por ejemplo en la política migratoria, donde si bien habría más supervisión y control sobre las condiciones de detenciones de ICE, no cambiaría el criterio sobre deportaciones. A veces se olvida que el primer presidente que levantó un muro en la frontera fue James Carter en 1978, y que fue Barack Obama el que mayor deportaciones realizó.
En el tema comercial, si los demócratas ganaran sólo la Cámara de Representantes, habría una mayor presión para que Trump explicara el costo de los aranceles para los consumidores y fabricantes estadounidenses, pero, aunque se atenuaran, seguirían existiendo aranceles. Aún si ganaran también el Senado, podrían cambiar las facultades del presidente para imponer aranceles y utilizar competencias presupuestales para influir en la negociación, pero no los eliminarían. Y si el T-MEC tuviera que pasar por el Congreso, los demócratas serían un dolor de cabeza, como lo fueron en 1993 durante la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, donde Clinton tuvo que cabildear personalmente para alcanzar los votos que necesitaba para su aprobación.
En caso de una derrota de Trump, es altamente probable que endurezca su postura para demostrar que tiene el control de la agenda económica, con amenazas contra México y Canadá para movilizar su base electoral. Sin la beligerancia de Trump, con los demócratas las cosas no serían muy diferentes, porque su base electoral la componen los sindicatos y las minorías, que se sienten afectadas por cómo la globalización se llevó fuentes de trabajo.
En mayo, en el Comité de Medios y Arbitrajes de la Cámara de Representantes, los demócratas criticaron la política de confrontación de Trump, pero exigieron al mismo tiempo mayores protecciones laborales -exigidas desde el gobierno de Joe Biden-, ambientales y medidas contra la deslocalización de empleos. Compensar el comercio con Estados Unidos con China no es la solución con los republicanos ni con los demócratas. Una expansión acelerada del comercio con esa nación, podría tener como respuesta nuevas exigencias estadounidenses en materia de origen, inversión y seguridad económica.
El tema más delicado, sin embargo, es el de la seguridad. Como en el caso de China, el combate a los cárteles, al tráfico ilegal de fentanilo y a la complicidad de políticos con el crimen organizado, cruza las líneas partidistas. La epidemia del fentanilo explotó en 2019 durante el gobierno de Biden, mientras en el Capitolio los demócratas, al igual que los republicanos, hablaban del narcogobierno de Andrés Manuel López Obrador. Durante esa administración, un comando estadounidense capturó a Ismael “Mayo” Zambada en Culiacán y lo trasladó a Nuevo México sin avisar a Palacio Nacional.
Si los demócratas ganaran sólo el Congreso, podrían investigar y cuestionar algunas de sus decisiones unilaterales, pero Trump podría continuar utilizando sus facultades ejecutivas en materia de seguridad nacional y relaciones exteriores. Si los demócratas ganaran también el Senado, tendrían más capacidad para exigir información sobre operaciones, examinar sus fundamentos jurídicos y discutir la financiación de determinadas iniciativas, pero ni desaparecerá el consenso sobre la necesidad de combatir el narcotráfico, ni Estados Unidos abandonará la presión contra los cárteles.
La otra cara de la moneda de una victoria parcial o total demócrata en el Capitolio, produciría probablemente lo que en Palacio Nacional creen que se desvanecería: la belicosidad de Trump, que subiría de temperatura. Una derrota este martes debilitaría su imagen de liderazgo, por lo que existe una alta probabilidad de que intensifique su presión contra Sheinbaum para tener resultados más visibles en la lucha contra el narco y la red de políticos que, mediante listas y documentación, le han mostrado sus complicidades con el crimen organizado, y la posibilidad de ceder a los halcones en la Casa Blanca -como Stephen Miller, que podría ascender el próximo año a jefe del Gabinete-, para acciones militares contra los cárteles en México.
Sheinbaum no debe confiarse, ni su gobierno interpretar una victoria demócrata como una garantía de menor presión estadounidense. Probablemente, gane quien gane, será al revés.
Raymundo Riva Palacio
rrivapalacio2024@gmail.com
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