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Columna de opinión

Francia y la crisis de lo público

"Francia y la crisis de lo público", escribe Eunice Rendón en #ARasdeSuelo

Publicado: 30 de octubre de 2026 · 4 min lectura

Las calles de París han sido escenario de grandes protestas a lo largo de la historia de Francia. No hace falta remontarse a la Revolución de 1789 o a Mayo de 1968. En los últimos años, los franceses han salido a manifestarse contra el aumento de los combustibles, la reforma de las pensiones, la violencia policial, las desigualdades y las condiciones del campo, entre otras causas. Los motivos y los protagonistas cambian, pero hay algo que se mantiene: en Francia, cuando el descontento crece, la gente sale a las calles. La protesta forma parte de su vida política y es también una manera de exigir respuestas al Gobierno.

Esta vez, lo que comenzó con una huelga de profesores por la falta de personal y el deterioro de las condiciones educativas pronto se convirtió en una movilización nacional. A las demandas de docentes y estudiantes se sumaron sindicatos y otros sectores inconformes con el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos. Detrás de las protestas hay un malestar común: una generación que siente que estudiar y esforzarse ya no garantiza un futuro digno.

El Ministerio del Interior contabilizó 550 mil manifestantes el 17 de octubre y 410 mil el día 24, mientras que los sindicatos estimaron cerca de 800 mil en ambas jornadas. Más allá de las cifras, el descontento refleja una crisis más profunda en un país que hizo de la igualdad, la educación pública y los derechos sociales pilares de su identidad.

La falta de profesores no es un problema reciente: en 2024, Francia tenía alrededor de tres mil 200 docentes faltantes. Pero más grave aún es que estas carencias golpean con mayor fuerza a los establecimientos desfavorecidos, donde la falta de personal profundiza las desigualdades y limita las oportunidades de quienes más dependen de la educación pública. Y el malestar va más allá de las aulas. El encarecimiento de los combustibles, la energía y los productos básicos golpea a las familias, mientras los servicios públicos enfrentan cada vez más dificultades. Francia intenta sostener un amplio sistema de protección social en medio del endeudamiento y el envejecimiento de su población. Según el Insee, la deuda pública alcanzó 115.6% del PIB al cierre de 2025, unos 3.46 billones de euros.

Las imágenes de incendios, enfrentamientos y comercios destrozados, y la respuesta del gobierno con toques de queda, prohibiciones de manifestaciones y el uso de la fuerza pública con gases lacrimógenos, cañones de agua y unidades antidisturbios han recorrido el mundo. Mientras la izquierda francesa respalda las movilizaciones y cuestiona la actuación policial, la derecha cuestiona la capacidad del Gobierno de proteger a la población. La protesta se convierte así en un terreno de disputa que puede alimentar tanto a una izquierda más radical como a la derecha nacionalista. Con las elecciones presidenciales previstas para 2027, las decisiones tomadas durante esta crisis pueden determinar el legado político de su presidencia.

El 26 de octubre el gobierno anunció que sustituirá el Parcoursup (la plataforma nacional francesa de ingreso a universidades que favorece a estudiantes con mejores trayectorias académicas y mayores recursos socioeconómicos) a partir de 2028, abrirá 15 mil plazas adicionales en la educación superior y limitará progresivamente el tamaño de los grupos y creará 500 puestos docentes adicionales en 2027. No obstante, ya hay nuevas convocatorias para marchas el día de mañana y el 5 de noviembre.

La protesta reúne demandas distintas: desde quienes exigen reformas hasta quienes cuestionan el modelo económico y político. También hay quienes aprovechan las movilizaciones para cometer actos violentos. Pero reducir la crisis a un problema de orden público sería ignorar su origen. El reto para Macron no es sólo recuperar las calles, sino entender por qué tantos franceses han dejado de confiar en que el sistema puede ofrecerles un futuro mejor. Cuando estudiar, trabajar y esforzarse ya no parecen garantía de oportunidades, lo que está en juego es el pacto social que sostiene al Estado.

Eunice Rendón

X: @EuniceRendon

Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.

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Sobre la firma

Eunice Rendón

Equipo editorial que analiza los hechos, decisiones y conversaciones que inciden en la vida pública de Sonora.