Hip hop por la Paz 2.0
"Hip hop por la Paz 2.0", escribe Eunice Rendón en #Arasdesuelo
Esta semana fue la premiación de la segunda edición del concurso nacional Hip hop por la Paz, organizado por Red Viral y el colectivo Bendito Estilo, en alianza con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. En esta ocasión, 530 personas privadas de la libertad (PPL) de 88 centros penitenciarios, entre estatales y federales, crearon 180 canciones a través de las cuales abordaron temas como la prevención de la delincuencia, la reinserción social y la construcción de paz. Inspirados por sus vivencias, usaron el rap para hablar de salud mental, adicciones, violencia de género y reconciliación.
El resultado fue excepcional, no sólo por la calidad y profundidad de las composiciones, sino por su capacidad para conmover y por el efecto causado en quienes las han escuchado, especialmente quienes relacionan el hip hop con la violencia, las pandillas, las drogas y la delincuencia.
La lección ha sido poderosa: el hip hop es, ante todo, creatividad, música, baile, identidad y cultura. Su estética urbana da expresión a amplios sectores, muchas veces marginados, que encuentran en él una forma de resistencia y crítica social. Y si bien existen algunas corrientes que exaltan la violencia callejera o la vida criminal como símbolos de poder, muchas otras denuncian el racismo, la desigualdad y la pobreza, reivindican la autonomía femenina y promueven el pensamiento crítico, el desarrollo artístico y la convivencia pacífica.
Hip hop por la Paz nació como un espacio para que las personas privadas de la libertad dieran cauce a sus experiencias y las transformaran en mensajes positivos. Pero se convirtió al mismo tiempo en una oportunidad para cuestionar prejuicios hacia quienes se tatúan, visten o hablan de manera distinta a las convenciones sociales dominantes. A través de sus canciones, obligan a quienes los escuchan a mirar de otra forma, a conocer a las personas en toda su complejidad y descubrir que la transformación no ocurrirá solamente desde el lugar de quienes buscan una segunda oportunidad, sino de una sociedad que no debe seguir cerrando sus puertas a quienes intentan cambiar.
Los premios fueron para participantes de Guerrero, Durango, Michoacán, Sonora, Quintana Roo y Nayarit. Hubo, además, propuestas destacadas de Oaxaca, Yucatán, Guanajuato, Baja California, Campeche, San Luis Potosí, Morelos y los centros federales. Se presentaron canciones en español, tepehuano, náhuatl, otomí e inglés, e incluso interpretaciones en lengua de señas. Esa diversidad encontró un propósito común: expresar el deseo de paz, también desde el interior de los penales.
Desde el centro penitenciario de Bucerías, en Nayarit, el mensaje nos interpela: "todo por la moneda, el plebe quiere feria, se sale de la escuela porque él se desespera: porque no lleva lonche, ni feria en la cartera, y por tener los lujos le entra a la cartelera".
En el de Acapulco, las voces piden ser escuchadas: "no somos el pasado ni una equivocación, somos voces que transforman el dolor en canción".
Desde el Cereso de Michoacán el mensaje es de fuerza: "…pero estoy aquí de eso estoy agradecido, afortunado y bendecido de todo lo que he aprendido, fortalecido con palabra, poder, sonido en cada latido".
Ante el valor artístico de las composiciones y la fuerza de sus mensajes, se creará una plataforma para difundirlas y llevar sus voces y llamados de paz a un público más amplio.
El arte permite nombrar lo vivido, darle otro sentido y, sobre todo, imaginar un futuro distinto. En estas canciones, la palabra no cambia el pasado, pero abre la posibilidad de un futuro diferente.
Las opiniones expresadas en esta columna corresponden a su autor y no representan necesariamente la postura editorial de Expreso.


