La medida del amor
"La medida del amor", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano
1) Para saber
“No tienes que caminar sobre el agua, puedes caminar sobre la Tierra”. Recordaba esta antigua frase el actor Ethan Hawke, indicando que en la vida no se requieren actos extraordinarios, sino encontrar lo valioso de lo ordinario. El Papa León XIV invitaba a reflexionar sobre un aspecto de la resurrección de Cristo: su humildad. Señalaba que el Señor resucitado no hizo nada espectacular para imponerse: No apareció rodeado de huestes de ángeles, ni con efectos especiales. Al contrario, se acercó discretamente, como un caminante cualquiera, como un hombre hambriento que pide compartir un poco de pan. María de Magdala lo confundió con un jardinero (cf. Jn 20,15). Los discípulos de Emaús creían que era un forastero (cf. Lc 24,18).
En este comportamiento humilde, dice el Papa, hay un mensaje precioso: la Resurrección no es algo teatral, sino una transformación silenciosa que llena de sentido cada gesto humano marginal que está destinado a la plenitud de la vida. Resucitar significa entrar en una comunión más profunda con Dios y con nuestros hermanos, en una humanidad humilde, pero transfigurada por el amor.
2) Para pensar
El actor Ethan Hawke, recién nominado a mejor actor en los Oscar, comentaba, medio en broma, que le gustan las películas de fantasía como Harry Potter o Star Wars, pero que cuando termina de verlas se siente decepcionado de no ser un mago o un Jedi. Por eso admira a directores que realizan películas sobre situaciones ordinarias donde uno se siente identificado; así se descubre que el simple hecho de establecer una relación con una persona, eso es algo importante. Como decía el director, Richard Linklater: es un milagro que caminemos sobre la Tierra, que respiremos, que haya ballenas y jirafas, la misma vida ya es increíble.
Lo ordinario se puede hacer extraordinario. Decía el Papa León: “Gracias a la Pascua de Cristo, todo puede convertirse en gracia. Incluso las cosas más ordinarias: comer, trabajar, esperar, cuidar de la casa, apoyar a un amigo”.
3) Para vivir
Sin embargo, hay un obstáculo que impide reconocer la presencia de Cristo en lo cotidiano, y es pretender que la alegría deba ser sin heridas. Los discípulos de Emaús caminaban tristes porque esperaban otro final, un Mesías sin cruz, y son incapaces de sonreír. Pero Jesús está a su lado y, con paciencia, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor (cf. Lc 24, 13-27).
La resurrección de Cristo nos enseña que nada le es ajeno y nunca deja de visitarnos, aunque la vida esté marcada por el desengaño, el pecado, dudas que desaniman, el peso del trabajo cotidiano o los momentos oscuros. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna: nada apaga la fuerza del amor de Dios. Pidamos la gracia de reconocer su presencia humilde y de descubrir que todo dolor, por amor, puede convertirse en comunión con Dios. Y así como los discípulos de Emaús, nosotros volvemos a nuestras casas con un corazón que arde de alegría. Una alegría sencilla, que no borra las heridas, sino las ilumina. Que no haya nada que pueda arrebatarnos la alegría de experimentar a Cristo vivo, que camina con nosotros.
Pbro. José Martínez Colín
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