Instrumentos de paz

"Instrumentos de paz", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano

1) Para saber

El relato de san Juan sobre la Resurrección tiene un gran valor, pues no lo escribió porque así se lo hubieran dicho, sino porque él mismo presenció el hecho. Nos dice que al atardecer del domingo, estando las puertas cerradas, “se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz sea con vosotros’”. Y dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. De nuevo les dijo: ‘La paz sea con vosotros. Como me envió el Padre, así os envío yo’” (Jn 20, 19).

Comenta el Papa León XIV que con estas palabras, confía a los apóstoles una tarea que es una responsabilidad: ser instrumentos de reconciliación en el mundo, de paz, mostrando el rostro misericordioso de Dios. Misericordia que ellos mismos habían experimentado al haber sido perdonados. Es una tarea también para nosotros. Por ello, el centro de la misión de la Iglesia no consiste en administrar un poder sobre los demás, sino en comunicar la alegría de quien ha sido amado precisamente cuando no se lo merecía. Es la fuerza que ha hecho nacer y crecer la comunidad cristiana: hombres y mujeres que han descubierto la belleza de volver a la vida para poder donarla a los demás.

2) Para pensar

En el verano de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, concretamente el 28 de julio hicieron las declaraciones de guerra. El Imperio Austro-Húngaro entraba en conflicto y el embajador que estaba en Roma pidió una audiencia con el Papa Pío X. El Santo Padre lo recibió sentado en el Salón de Audiencias y junto él se encontraba el cardenal Secretario de Estado, Merry del Val, y monseñor Pacelli, que más tarde sería el Papa Pío XII. El embajador, vestido de rigurosa etiqueta, besó de rodillas el Anillo del Pescador. Luego le dijo su deseo: “Santo Padre, en los ejércitos de Austria y Alemania hay millones de católicos. Su Majestad, el Emperador de Austria-Hungría, a través de mi persona, le pide a Su Santidad que bendiga a sus ejércitos que marchan a luchar contra las tropas de Serbia”.

El Papa le contestó: “No. Yo soy el Papa, pero Papa de todos los católicos del mundo, y no puedo bendecir a unos cuando van a luchar contra otros. Yo bendigo la paz, no la guerra”. Se levantó, y apoyado en el brazo de monseñor Pacelli, se dirigió hacia sus habitaciones particulares. Tres semanas más tarde, el 20 de agosto de 1914, fallecía el papa Pío X.

Recientemente el Papa León XIV recordó las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que buscan la paz”, diciendo que es misión de la Iglesia ser promotora de la paz. Por ello no dejará de hacer un llamado por la paz buscando un diálogo razonable, auténtico y responsable. Y podríamos añadir, le pese a quien le pese.

3) Para vivir

En su aparición a los Apóstoles, Jesús, además de desearles la paz y mostrarles sus llagas, los envió al mundo. Dice el Papa, que así también nosotros somos enviados. Al mostrarles sus heridas, nos recuerda que no hemos de tener miedo de mostrar nuestras heridas sanadas por la misericordia, pues son signo de un amor que es más fuerte que la muerte.

Invitó el Papa a pedirle al Espíritu Santo que nos haga testigos de la paz de Cristo y de su amor, llevando con nuestra vida la alegría de la resurrección y resplandezca la luz de la vida.

Pbro. José Martínez Colín

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