Ser “más que humano”
"Ser “más que humano”", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano
1) Para saber
“Los grandes resultados requieren grandes ambiciones” (Heráclito). En el mundo científico, el transhumanismo tiene la ambición de usar la tecnología para transformar al hombre, superando sus limitaciones y todo sufrimiento. Pero, estos deseos, ¿son válidos? ¿Ser mejor es una buena ambición? ¿O es un anhelo destinado a la frustración? El Papa León XIV no desaprueba esos deseos, lo que señala es que la humanidad, que es magnífica, pero está herida, no debe ser sustituida. Es válido acoger los progresos de la técnica para aliviar sufrimientos, pero siempre que no reniegue de lo esencial: la capacidad de relación y de amor. Es más, la Iglesia siempre ha anunciado que el hombre está llamado a trascenderse, a alcanzar una altura insospechada y maravillosa, no está encerrado en los límites de su naturaleza. Pero esta plenitud no se le debe a la técnica, no es una divinización tecnológica, sino causada por la gracia de Dios, ganada por Cristo, donde el hombre es transformado por el Espíritu Santo sin dejar de ser lo que es. Y lo hace a través del amor. Logrando ese “más que humano”, que se pretendía.
2) Para pensar
Un ejemplo de superación nos lo relata la escritora Luz Tlāltikpakayotl sobre el tenista Rafael Nadal a quien la Universidad de Salamanca le otorgó en 2025 el doctorado “Honoris Causa”, primer deportista en recibirlo. De niño aprendió que el talento sin disciplina es una promesa rota. Ganó 22 Grand Slams, 14 de ellos en Roland Garros, además del oro olímpico. En su vida sobresale su constancia: siendo diestro, aprendió a jugar con la zurda.
Los principios señalados por el Papa León en su Encíclica, Nadal los vivió en el deporte: La dignidad de la persona: tratar al otro como fin, nunca como medio; el bien común: el juego limpio que favorece a todos, el fin no justifica los medios; la solidaridad: levantarse con y por el equipo. Y la subsidiariedad: empoderar a quien puede crecer. Se resumió en una regla: exigirse primero a uno mismo y respetar siempre al rival, cuidando los pequeños detalles de cada día, porque ahí se forjan los grandes logros.
En sus conferencias enfatiza que la excelencia no se improvisa, sino se entrena cada día: una ambición “sana” centra el verdadero éxito no en el resultado, sino en el camino, la paciencia, el esfuerzo y humildad: la autoridad bien entendida educa en responsabilidad, no en el miedo. Tiene una Fundación que atiende a niñas y niños vulnerables con una educación apoyada en valores. Él mismo entrena a niñas que necesitan una oportunidad para creer en sí mismas: “El deporte me enseñó a no sentirme mejor que nadie”.
3) Para vivir
Humanamente se pueden conseguir grandes logros, pero es infinitamente superior la perfección por la gracia que Dios nos da a través de los sacramentos, es una recreación de lo humano: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: un ser nuevo” (2 Cor 5,17). La gracia no nos hace menos humanos, por el contrario, alcanzamos la plenitud de nuestro ser más verdadero. Con la ventaja de que todos tienen la posibilidad de obtenerla.
Lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión en el amor que transforma.
Pbro. José Martínez Colín
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