Obligan a Pablo Gómez a escuchar a PVEM y PT

"Obligan a Pablo Gómez a escuchar a PVEM y PT", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras

Como los flojos y los soberbios, que por hacer mal las cosas y no escuchar opiniones terminan trabajando doble, a Pablo Gómez la presidenta Claudia Sheinbaum le ordenó reabrir los trabajos de la Comisión para la Reforma Electoral y le regresó sus propuestas para que las dialogue y negocie con los dirigentes del PVEM y el Partido del Trabajo, los dos aliados de Morena a los que Gómez nunca escuchó ni tomó en cuenta y que amenazaron con no acompañar dicha reforma por no haber sido consultados.

La decisión de que sea Gómez quien se siente a la mesa con los líderes del Verde y del PT, se tomó en Palacio Nacional, después de que los dos partidos advirtieron que no votarían a favor de una reforma que no conocen y para la cual no fueron tomados en cuenta. Fue la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien ayer en las pláticas con dirigentes y coordinadores de los dos aliados del oficialismo, les anunció que, por indicaciones de la doctora, la Comisión Presidencial volverá a sesionar para escuchar exclusivamente a los petistas y a los verdes.

"En seis meses que estuvieron haciendo consultas nunca nos contemplaron ni nos convocaron a presentar nuestras propuestas; de ahí que nosotros no nos sintiéramos identificados ni representados por las propuestas que presentó la Comisión. Hoy lo que nos dijeron en Gobernación es que Pablo Gómez tendrá que escucharnos, dialogar abiertamente con nosotros y tomar en cuenta las propuestas que tenemos tanto nosotros como los del PT", comentó a esta columna un dirigente del PVEM que participó en las negociaciones de los últimos días en Bucareli.

Esta y la próxima semana Pablo Gómez tendrá que sentarse con los aliados morenistas y responder a sus dudas y cuestionamientos en temas como la reducción de los plurinominales, que se plantea reducir en 100, aunque eso es algo que no ven bien ni el PT ni el Verde, además de la reducción del financiamiento a los partidos, algo que preocupa porque si les reducen dinero público las fuerzas políticas recurrirán a financiamientos privados de cualquier tipo.

Pero la molestia que ha generado el trabajo de Gómez y la Comisión presidencial no es exclusivo de los verdes y petistas. Dentro de Morena hay muchas voces, en el Senado y la Cámara de Diputados, empezando por los coordinadores Adán Augusto López y Ricardo Monreal, que cuestionan duramente la "cerrazón y soberbia" con la que se condujo el presidente de dicha comisión que no sólo no escuchó a los aliados, sino que tampoco tomó en cuenta a las bancadas de Morena en el Congreso, que serán finalmente las que tengan que votar y aprobar la iniciativa.

Ya no digamos en la oposición donde, no sólo Gómez, sino la propia presidenta Sheinbaum diseñó un mecanismo de consulta y elaboración de su reforma en la que nunca contempló a los dirigentes opositores y a expertos electorales que fueron y siguen siendo desdeñados e ignorados en el diseño y elaboración de una reforma que cambiará las reglas del juego político y democrático en el país.

Ahí sí que la soberbia también fue de la Presidenta que, al encomendar la consulta y redacción de su propuesta de reforma a un grupo cerrado de militantes de Morena y funcionarios de su gobierno, traicionó y violentó los criterios políticos que hasta ahora habían funcionado y operado en la elaboración de las últimas reformas electorales y políticas en México, desde la de 1977 del priista Jesús Reyes Heroles, que le abrió la puerta a las minorías y a la pluralidad en el Congreso; hasta la de 1996 de Ernesto Zedillo que creó el IFE ciudadano y sacó al gobierno de la organización y calificación de los comicios; hasta la más reciente que se hizo en 2006, después de la protesta de Andrés Manuel López Obrador con su "voto por voto y casilla por casilla".

De hecho, si no hubiera sido por esa reforma que se hizo en el gobierno de Felipe Calderón, el mismo al que tanto repudian los morenistas, López Obrador no hubiera podido crear un partido político como Morena, no hubiera podido competir y difundir sus ideas con tiempos gratuitos en los medios y no hubiera podido construir, con el movimiento que en 2018 compitió en igualdad de circunstancias y arrasó en la Presidencia. Esa reforma, que le dio al lopezobradorismo la posibilidad de llegar al poder, se hizo con la consulta, diálogo y consenso del gobierno, su partido, el PAN y todos los partidos de oposición que existían en ese momento, incluido el PRD antecedente de Morena.

Por ahora la Presidenta dio una pequeña muestra de flexibilidad y le ordenó a su soberbio coordinador de la reforma que se siente a dialogar con el PVEM y el PT, aunque lo hizo obligada porque sin los votos de esos dos aliados Morena no podría aprobar los cambios constitucionales porque no tiene mayoría calificada. Esperar que la doctora dejara a un lado su fanatismo morenista y aceptara también escuchar y tomar en cuenta a la oposición, por minoritaria que esta sea, sería casi como pedirle peras al olmo.

Parece que la soberbia del poder ya la hizo olvidar que un día ella y su partido fueron minoría y que fueron los gobiernos del PRI y el PAN los que hicieron reformas y crearon instituciones ciudadanas con las cuales ellos pudieron llegar al poder. Y si ella dice que su reforma no es mala ni es para perpetuarse en el gobierno, ¿por qué entonces no escuchar a los opositores y tomarlos en cuenta con sus propuestas para modificar el modelo electoral?… Se baten los dados. Capicúa y repetimos tiro.