Morelos violento: de Cuauhtémoc a Margarita
"Morelos violento: de Cuauhtémoc a Margarita", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras
En Morelos muy poco ha cambiado desde que Cuauhtémoc Blanco terminó su cuestionado gobierno y dejó al estado sumido en la violencia y en manos del narcotráfico. Cinco meses después de la salida del exfutbolista metido a político, las redes criminales que proliferaron y se consolidaron durante sus seis años de mandato siguen intactas y con el mismo poder de amedrentar y atacar a los habitantes de ese estado.
El caso de las dos estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Kimberly Jocelyn Ramos y Karol Toledo -ambas de 18 años y que desaparecieron y luego fueron encontrados sus cuerpos sin vida en las inmediaciones del campus de la universidad pública estatal- apunta a que detrás de esos ataques a jóvenes universitarias están las redes delincuenciales que desde el pasado sexenio se enquistaron en la UAEM y que la actual rectora, Viridiana Aydeé León Hernández, no sólo no ha desmantelado, sino que hoy parece estar o cautiva o cómplice de esos grupos delincuenciales que operan dentro de su universidad.
Y si a la rectora León Hernández la rebasó y la superó con creces el movimiento estudiantil que salió a las calles de Cuernavaca para exigir justicia y castigo a los asesinos en ambos casos, al grado que hoy la UAEM está en paro y para levantarlo piden la renuncia de la actual rectora, a la gobernadora morenista Margarita González Sarabia no sólo se le está desbordando la violencia feminicida y la agitación estudiantil en la universidad estatal, sino que, en general, en apenas su segundo año al frente del estado ha quedado claro que la mandataria morenista no tiene la intención o el interés de desterrar y enfrentar a los grupos criminales y del narco que establecieron relaciones directas y pactos de impunidad con el exgobernador Blanco.
Porque siendo ambas mujeres, la Gobernadora y la rectora, se han visto insensibles e indolentes ante el dolor y la indignación que ha desatado entre la comunidad universitaria y entre la sociedad morelense la desaparición y muerte de las dos estudiantes en menos de una semana, además de un tercer caso de otra estudiante, Alondra María Stephany, que el jueves 5 se reportó como desaparecida y que ayer la Fiscalía de Morelos dijo haber "localizado con vida", aunque su familia tenía dudas de la localización.
De acuerdo con denuncias de los propios estudiantes que han organizado las marchas de protesta, desde la rectoría de Viridiana Aydeé se buscó desalentar y cancelar las protestas universitarias, mientras que varios de los activistas que convocan a las movilizaciones han acusado también que han recibido amenazas anónimas en la que les advierten que "si siguen haciendo marchas y paros en la UAEM, van a desaparecer cada día a una alumna de las distintas facultades".
Y es que los estudiantes acusan que dentro de la universidad pública morelense opera una "red criminal" vinculada a temas de trata de personas y de venta de drogas, por lo que apuntan a la estructura del Sindicato Independiente de Trabajadores Académicos de la UAEM, cuyo líder es Mario Cortés, quien tiene 18 años al frente de dicho sindicato y mantuvo un trato cercano y privilegiado con el exgobernador Cuauhtémoc Blanco, con quien firmó convenios de recursos para regularizar sueldos y prestaciones de los trabajadores universitarios.
Los estudiantes se han deslindado del sindicato de Mario Cortés y han dicho no confiar en él, a tal grado que cuando el líder sindical intentó sumarse a una manifestación estudiantil el martes de esta semana, los alumnos prefirieron cancelar la movilización con tal de no marchar con los trabajadores ni con Cortés, a quien ubican también como parte de la red criminal que ellos denuncian dentro de la universidad morelense.
Pero más allá de la violencia feminicida y la dinámica interna que hoy tiene paralizada a la universidad estatal de Morelos, el papel de la gobernadora Margarita González también ha sido cuestionado en medio de esta crisis de violencia y protestas universitarias. Y es que, cercanísima al expresidente López Obrador, la actual Gobernadora prefirió no terminar, ni confrontar con los grupos criminales y del narcotráfico a los que su antecesor, Cuauhtémoc Blanco, les entregó el estado.
Margarita González recibió un estado convulsionado por la violencia narca en sus principales ciudades y en su capital, pero lejos de haber llegado a denunciar, exhibir y romper las redes de narcopolítica que le heredó Cuauhtémoc, ella prefirió mirar hacia otro lado y se dedicó a los temas más banales y populistas, como si hubiera recibido un estado en paz y sin problemas de seguridad. Morelos es hoy el estado considerado más violento e inseguro de México, a partir de la percepción de 90% de sus habitantes que dice sentirse inseguro y temeroso en sus ciudades, según la encuesta de Seguridad Urbana del Inegi.
La entidad ocupa primeros lugares en delitos graves; es el primer lugar nacional en feminicidios y despojo de propiedades, el segundo lugar en homicidio doloso y en impunidad de los delitos y el tercer lugar nacional en secuestros, además de registrar también altos niveles en el delito de extorsión. Cuernavaca y Cuautla, las dos ciudades más grandes del estado, son al mismo tiempo las más inseguras y violentas y concentrando las mayores denuncias de homicidios, extorsión y feminicidios.
¿Por qué con toda esa violencia y ese nivel de miedo y desesperación de sus habitantes, la gobernadora Margarita González no ha hecho de la seguridad su prioridad o ha llamado a una estrategia de apoyo nacional? La respuesta a esa pregunta está en la cercanía política de González Rubio con el expresidente López Obrador, quien fue el padrino y gran protector del exgobernador Cuauhtémoc Blanco, a quien hoy parece proteger y garantizarle también impunidad la gobernadora.
Está más que documentado que el ahora diputado Blanco tuvo como gobernador vínculos, tratos y hasta pactos con grupos del narcotráfico a los que permitió operar libremente en su estado. La tarjeta informativa de la Secretaría de la Defensa en la que las áreas de inteligencia alertaban de la cercanía entre el gobernador Cuauhtémoc con los grupos del narco y mencionaban una fotografía que se ha difundido donde, en 2019, el entonces gobernador aparece abrazando a líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación, de los Guerreros Unidos y del Comando Tlahuica.
Esa información militar llegó en su momento a oídos del presidente López Obrador, a quien los altos mandos del Ejército le avisaron sobre las conexiones de Cuauhtémoc Blanco con los grupos del narcotráfico que operaban en su estado, pero el ahora expresidente en su momento pidió ignorar esos vínculos y decidió no proceder contra su amigo, el entonces gobernador morelense. Parte de esa impunidad y protección que le brindó durante todo su sexenio Andrés Manuel al ídolo del futbol mexicano, aparece comentada también en el libro "Ni Venganza ni Perdón" de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez.
Así que si hoy los morelenses asisten indignados y aterrados ante la violencia narca y feminicida que recorre su estado, mientras la Gobernadora voltea para otro lado y la rectora de la UAEM aparece como parte del problema y no de la solución, todo se lo deben al exgobernador Cuauhtémoc Blanco y a su padrino y protector Andrés Manuel López Obrador, que dejaron el estado que es considerado "el jardín de México" como un paraíso en manos del narcotráfico.
Ni el cambio de gobierno, aunque del mismo partido Morena, han podido y ni siquiera querido desmantelar y acabar con las redes criminales que se enraizaron en Morelos y que hoy enseñan su rostro en los cuerpos inertes de dos jovencitas que sólo soñaban con hacer su carrera universitaria, pero que en vez de eso encontraron la muerte… Los dados cierran con Doble Serpiente. Semana de altibajos.












