Subsidian gasolina Magna; Premium y diésel por las nubes
"Subsidian gasolina Magna; Premium y diésel por las nubes", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras
Con tal de mantener el precio de la gasolina Magna en 24 pesos, y evitar así costos electorales y políticos para Morena, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum está gastando un aproximado de 200 mil millones de pesos del erario público, de acuerdo con estimaciones de expertos financieros y en materia energética, para subsidiar el combustible regular, ante el aumento de los precios internacionales del petróleo. Pero con todo y el enorme gasto gubernamental, la gasolina Premium y el diésel se han disparado en el país, impactando la economía familiar y los precios de los productos básicos y no básicos que se transportan con diésel en la República.
Si bien la mayoría de los automovilistas particulares en el país aún no resienten el golpe de los aumentos internacionales de los combustibles, pues 81% de quienes manejan un auto utilizan la gasolina Magna o regular y se benefician del multimillonario subsidio que está inyectando el gobierno para mantener el precio en 24 pesos, el impacto para casi 20% que consume la gasolina Premium -no siempre por gusto sino porque así lo exigen ciertos motores- está resultando brutal, pues los precios del combustible de alto octanaje ya llegan a los 28 y 29 pesos en estaciones de servicio de todo el país.
Y si a eso se añade el incremento del diésel, que se utiliza para movilizar la mayor parte de los productos que se consumen en el país y el transporte de carga y de pasajeros, y que esta semana se reportó en casi 29 pesos el litro, estamos ya ante un escenario de alzas inflacionarias que ya comenzaron a reflejarse en la primera quincena de marzo, cuando según el reporte del Inegi se aceleró la inflación a 4.63%, aumento que impactó a productos y alimentos de consumo masivo como el jitomate, el pollo y el limón, que registraron aumentos de entre 20 y 30% en sus precios, provocando un aumento también en toda la cadena alimenticia y restaurantera.
Comparado con el resto de los países, empezando por Estados Unidos, los mexicanos ya pagábamos la gasolina y el diésel más caro de Norteamérica y de buena parte de Latinoamérica, incluso antes de que estallara la guerra contra Irán. En este momento, por ejemplo, el galón de cinco litros de gasolina en Estados Unidos cuesta 4.29 dólares, es decir 77 pesos mexicanos, lo que significa que los estadounidenses pagan 16 pesos por cada litro de gasolina, ocho pesos menos de lo que cuesta en México. Y si se compara con otros países de Latinoamérica, el precio de los combustibles mexicanos sigue siendo más caro que en Brasil y Colombia, donde el litro cuesta 16 pesos, mientras que en Argentina cuesta 19.70 el litro.
Si se toma como referencia el inicio de la llamada 4T, en 2018 cuando asumió el poder López Obrador, el litro de gasolina regular estaba en 19.41 pesos, mientras la Premium se cotizaba en 21.35 pesos, mientras que el diésel costaba 19.48 pesos. Casi siete años después, entre el sexenio de López Obrador y lo que va del gobierno de la presidenta Sheinbaum, los mexicanos pagamos en promedio 25% más cara la Magna, que cuesta cuatro pesos más; 30% más cara la Premium, que ha subido casi ocho pesos más, y en el caso del diésel el aumento es de casi nueve pesos que equivalen a 45% de incremento en su precio.
¿Dónde quedó aquella promesa del venerado pastor de la 4T de que cuando gobernara Morena la gasolina en México costaría 10 pesos? Quedó en el ridículo y en el cúmulo de mentiras y promesas demagógicas que hizo el expresidente López Obrador con tal de llegar al poder, y en políticas de subsidio electorero o en el enorme cobro del impuesto especial a las gasolinas que realiza el gobierno, que es de casi siete pesos por litro, lo que también influye en los altos precios de los combustibles que se pagan en México.
Es decir, que lejos de disminuir como lo prometieron, los precios de la gasolina y el diésel han subido en los gobiernos de Morena, en ocasiones por factores externos, pero también por decisiones de política interna como el de mantener un cobro tan alto de impuestos que recauda el gobierno en los combustibles. Y hasta el momento todo indica que, si no termina pronto la guerra contra Irán por parte de Israel y Estados Unidos, los aumentos en los energéticos continuarán y cada vez será más difícil para el gobierno mantener el subsidio que hoy está inyectando para evitar el aumento de la gasolina regular, que es la de mayor consumo en el país.
Entre más se alargue el conflicto en Medio Oriente, más aumentarán los precios del petróleo y con ello seguirá el alza en las gasolinas y el diésel, algo que no es una buena noticia para México, que de acuerdo con un estudio del Instituto Internacional de Finanzas, se ubica como uno de los países más vulnerables en América Latina ante el aumento de precios de los energéticos, pues a pesar de ser un productor natural de crudo, la dependencia que hoy tenemos de las importaciones de gasolina y diésel desde Estados Unidos (60% de la gasolina que consumimos es importada), hacen que el país sea más propenso a sufrir las presiones inflacionarias y fiscales que provocan los incrementos petroleros.
Si en este momento, ya con 27 días que dura la guerra del Medio Oriente, el gobierno de Sheinbaum está gastando esos casi 200 mil millones de pesos para subsidiar a las gasolinas, ¿cuánto tiempo resistirán Hacienda y las finanzas públicas de seguir inyectando esos millonarios subsidios? Y lo peor es que, con todo y ese gasto, la inflación ya empezó a descontrolarse, particularmente la subyacente, impactando la economía de los mexicanos, mientras el Banco de México inexplicablemente y para sorpresa y preocupación de todos, decidió esta semana bajar las tasas de interés en 25 puntos base, con lo que no ayuda a contener la ola inflacionaria que se cierne sobre la economía nacional.
Así es que, por más promesas demagógicas, por más "acuerdos voluntarios" con los gasolineros para que mantengan el precio de la Magna en la barrera de los 24 pesos, a cambio del millonario subsidio que les inyecta el gobierno, el panorama económico e inflacionario para México y para el resto del mundo se ve cada vez más incierto. Y si ya veníamos de un sexenio perdido en materia económica y en el primer año de la doctora Sheinbaum apenas crecimos 0.8%, mientras las inversiones nacionales y extranjeras se han frenado en los últimos meses, precisamente por miedo e incertidumbre de los inversionistas por temas como la reforma judicial, pareciera que, inevitablemente, la economía mexicana entrará en un estancamiento que nos pasará factura a todos, justo un año antes de las próximas elecciones de 2027.
¿Será por eso tanta insistencia con los fallidos planes A y B que buscaban darle ventajas en las leyes a Morena para que se siga beneficiando del dinero público y del apoyo propagandístico desde el gobierno? Eso explicaría tanta terquedad y apuros desde Palacio Nacional por modificar las reglas del juego electoral… Se agitan los dados. Cayó Escalera. Descanso de fin de semana para los amables lectores.












