AMLO y su ensayo sobre la ceguera… ideológica
"AMLO y su ensayo sobre la ceguera… ideológica", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras
Dice un refrán popular que "el que por otros habla, por sí aboga", y en el caso del expresidente López Obrador y su polémica carta en la que cuestiona la actuación del presidente Donald Trump y de sus operadores cercanos y clama por el regreso de un inexistente "Trump bueno" del pasado, está muy claro que el exmandatario mexicano no salió de su madriguera para defender a nadie más que a él mismo y su familia, porque sabe que, después de que vengan por los gobernadores morenistas, como ya lo están haciendo, el siguiente nombre es el suyo y el de su entorno familiar.
La autodefensa de Andrés Manuel como cabeza y líder del movimiento que él fundó y que hoy está bajo la mira de Trump, llega tarde y en un tono que denota desesperación, porque la ceguera ideológica y la soberbia con la que él y la presidenta Sheinbaum ignoraron todas las señales previas que les estuvieron mandando desde Washington, los llevó a creer que eran "intocables" y que lo del Presidente de los Estados Unidos y su gobierno de ultraderecha no era más que bravuconería y amenazas que nunca iba a cumplir porque no se atrevería a vulnerar la sagrada soberanía mexicana ni al "pueblo bueno" que ellos dicen defender.
Fue su ceguera ideológica lo que no los dejó entender el primer mensaje que fue declarar como "narcoterroristas" a los cárteles de la droga mexicanos, a lo que siguió la identificación de cada uno de los grupos a los que Estados Unidos podría combatir con la extraterritorialidad de sus leyes. Luego vino la cancelación de visas a gobernadores, alcaldes y congresistas de Morena, algo que también desestimaron y negaron a sabiendas de que estaba ocurriendo, de tal modo que cuando el Departamento de Justicia, la DEA y la CIA comenzaron a hablar de la "narcopolítica" en México, como protectora de los cárteles narcoterroristas, aquí las dos cabezas de la 4T, la formal y la real, seguían empecinados en que "todo son falsedades y rumores".
Siguió después la publicación de la nueva estrategia de seguridad nacional estadounidense, que declaraba el combate a las drogas y los grupos "narcoterroristas" como una obligación del Gobierno estadounidense que se abrogó la facultad de "intervenir y entrar" en aquellos países cuyos gobiernos no combatieran al narcoterrorismo.
Nada de eso les pareció importante y siguieron en su narrativa demagógica de ser los "defensores de la soberanía" y de repetir como si fuera un mantra que "México no es piñata de nadie" y que todo era un embate de grupos de la ultraderecha estadounidense y no necesariamente del presidente Trump. Pero cuando el Departamento de Justicia les mandó las primeras acusaciones y las peticiones de detención con fines de extradición contra Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y otros ocho políticos y funcionarios sinaloenses, entonces sí entraron en pánico y comenzó a trastabillar y a temblar el movimiento obradorista que se creía invencible.
Todavía en ese punto, ya con el tiempo corriendo para que respondieran a la solicitud estadounidense bajo los términos del Tratado de Extradición, la Presidenta se decantó por proteger a los narcopolíticos y argumentó ausencia de pruebas e injerencia indebida del gobierno trumpista. Pero cuando se filtró desde la prensa estadounidense que había otros dos gobernadores de Morena en la mira, nada menos que Alfonso Durazo, de Sonora, y el tamaulipeco Américo Villarreal, el pánico se tornó en terror y, desde su guarida tropical apareció la voz del líder supremo para reconocer y denunciar lo que ya era más que evidente: una operación desde la Casa Blanca en contra de Morena y del régimen obradorista con miras a las elecciones locales de 2027.
Fue hasta entonces, ya con la mira telescópica de Washington en la frente, que la ceguera ideológica dio paso a la respuesta iracunda, irracional y tardía de las dos cabezas que hoy comparten el poder en México. La primera en romper lanzas fue la Presidenta con un discurso bélico en el que identificó la "ofensiva estadounidense" contra su partido y acusó un intento de intervención de Washington en los próximos comicios parlamentarios. Y tras mandarla como avanzada y, al ver que lejos de detenerse, Trump y sus halcones intensificaban su estrategia hacia ellos y su movimiento, finalmente el poder tras el trono asomó la cabeza con su larga carta en las redes sociales.
Como el ciego que de pronto vio lo que pasaba, López Obrador mostró en su texto la soberbia y desconexión con la realidad, al afirmar que durante su mandato Trump le "consultó" la decisión de catalogar a los narcotraficantes como terroristas y, como lo hizo durante todo su sexenio, volvió a defender a los narcotraficantes y capos, al afirmar que "etiquetarlos como terroristas sólo ha provocado violaciones a derechos humanos".
En un burdo intento por congraciarse con el que sabe que será su verdugo, el expresidente intenta manipular a Donald Trump preguntándose qué le ocurrió y por qué cambió tanto aquél que él trató durante su primer mandato en la Casa Blanca. Y utilizando una vieja técnica de persuasión: describir positivamente sus características y motivaciones morales con la esperanza de influir en su comportamiento, Andrés Manuel intenta manipular al Presidente de los Estados Unidos y llega al extremo de afirmar que no es él quien embiste en contra de él y su movimiento, sino que Trump está manipulado por un equipo de "inexpertos, resentidos y fanáticos, que no son precisamente hombres de Estado" y que ya no ejerce su liderazgo de manera directa.
Cuando enumera los supuestos "éxitos" de su relación con Trump, llama la atención que mencione precisamente los temas que hoy representan mayores problemas para Claudia Sheinbaum: TMEC, aranceles, trabas a exportaciones disfrazadas de medidas sanitarias y acusaciones contra funcionarios mexicanos en Estados Unidos, destacando el caso Cienfuegos. En su necesidad de demostrar que mientras que a él todo le salió bien, parece decir que hoy a la Presidenta las cosas no le salen, impresión que se refuerza cuando presume cómo le "solicitó" a Trump revisar las pruebas contra Cienfuegos y este accedió, algo que hoy no sucede con Rocha Moya.
Por eso cuando dice que Sheinbaum es "la mejor Presidenta de México de nuestro tiempo", cuando en realidad es la única en la historia, lo que en realidad parece decir Andrés Manuel es que él se considera, a sí mismo, como el mejor presidente varón de nuestro tiempo.
Al final, lo que supuestamente era una carta de "apoyo y respaldo" a la Presidenta y de defensa de su movimiento, se revela más bien como el intento desesperado de autodefensa. Un ensayo en el que, despertando de su ceguera ideológica y de su soberbia, el líder y fundador del movimiento morenista, al que hoy intentan debilitar y golpear desde Washington, alude a las próximas elecciones de noviembre en Estados Unidos para advertir que la crisis escalará y que sabe que algo más fuerte viene desde el país vecino.
Y en su intento de manipulación, advierte sobre una crisis económica y de bienestar social en México -algo así como aquel "tigre" que amenazaba con soltar en campaña-, con lo que parece referirse a lo que ya todos empezamos a ver: que la permanencia del TMEC está prendida de alfileres, y que el siguiente paso del gobierno de Trump, si el gobierno de Sheinbaum y con ella su líder y mentor político se siguen resistiendo a entregar a los narcopolíticos de su partido, será el golpe letal de declarar a Morena como un brazo político del narcoterrorismo. Y ahí sí ni la fortaleza tropical de Palenque estará a salvo… Giran los dados. Escalera Doble y buen fin de semana para los amables lectores.












