Trump reinventa la zanahoria y el garrote

"Trump reinventa la zanahoria y el garrote", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras

En una misma semana el presidente Donald Trump tuvo el gran gesto de llamar personalmente a la presidenta Sheinbaum para invitarla a la final del Mundial de Futbol en Nueva York, aun cuando ella ya estaba invitada por la FIFA, y unos días más mandar una amenaza con su representante comercial, Jamieson Greer, que, si México no aumenta su nivel de cooperación en temas como el agua que, según él, se le adeudan, y también en materia de seguridad, el TMEC podría peligrar.

Luego, el pasado jueves, mientras la Presidenta recibía al mismo Greer en Palacio Nacional, en Estados Unidos se anunciaba la imposición de aranceles de 10 a 12.5% a sus 60 socios comerciales, incluido México, a productos producidos con trabajo forzado, desatando nerviosismo en la economía mexicana, al grado que Marcelo Ebrard se tuvo que salir de la reunión de Palacio para aclarar que nuestro país no se ve afectado por los nuevos aranceles, porque ya teníamos 10% en todos los productos que no están incluidos en el TMEC, lo que calmó las aguas mexicanas.

Y el viernes Trump volvió a repetir la misma vieja estrategia del garrote y la zanahoria, al anunciar el garrotazo de que pensaba en imponerle un arancel de 10% a las lechugas mexicanas a raíz del brote de cliclosporiasis en su país, sabedor de que tan sólo en los últimos seis meses, de enero a junio de este año, México exportó 147 mil toneladas de lechugas a la Unión Americana, para unas horas después sacar la zanahoria cuando su gobierno anunció que abriría la frontera estadounidense al ganado mexicano, que llevaba más de un año cerrada a la ganadería nacional.

En el juego de presiones que tiene contra México y contra su Presidenta, el mandatario estadounidense retoma la vieja estrategia que siempre usaron los inquilinos de la Casa Blanca contra los gobernantes mexicanos, aunque, como todo en esta segunda "era Trump", la zanahoria y el garrote vienen recargados y no se trata sólo del golpe y la sobada, sino que estos mensajes cruzados en la relación con el gobierno de la presidenta Sheinbaum, son parte del objetivo de desgaste y golpeteo contra el actual régimen gobernante en el país.

Porque mientras elogia y luego pega al gobierno de Sheinbaum, la administración trumpista no quita el dedo del renglón de sus reclamos de detención y extradición sobre Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y otros seis acusados por la justicia estadounidense por vínculos con el narcotráfico, como tampoco deja de investigar y solicitar a altos personajes del gobierno de López Obrador, muy cercanos al expresidente, por el negocio del huachicol fiscal que contrabandeó miles de millones de litros cúbicos de combustibles ilegales entre Estados Unidos y México.

Y en ese objetivo Trump no duda de mezclar todo tipo de asuntos políticos, de seguridad y comerciales en la relación con México y mantiene ocupada y en vilo a la mandataria mexicana que, en la medida que se siga negando a entregar a los militantes de su partido acusados de narcopolítica y huachicol, seguirá resintiendo los embates de Washington, con ocasionales reconocimientos y elogios del mismo Presidente de Estados Unidos o de sus agencias y secretarios.

La pregunta es hasta cuándo seguirán esas presiones constantes y crecientes de la Casa Blanca contra el Gobierno mexicano y qué sucederá si las exigencias trumpistas en materia de seguridad y de combate a los cárteles de la droga y a los políticos que los protegen y auspician, siguen siendo rechazadas por la doctora Sheinbaum en aras de una defensa de la soberanía, según el discurso oficial, pero en la práctica más bien sean como la protección de la Presidenta a su antecesor y mentor político.

Puede que a la Presidenta le queden sólo un par de meses para pactar, por las buenas, las entregas de narcopolíticos morenistas o cabezas reales del huachicol, o para enfrentar si no lo hace las consecuencias de la estrategia trumpista para aumentar sus niveles de popularidad y de votación para el partido republicano en las ya cercanas elecciones de Congreso en los Estados Unidos, en noviembre próximo.

Es decir que todo apunta a que, entre septiembre y octubre, justo antes de los comicios estadounidenses, el gobierno de Trump podría aumentar el nivel de sus acciones, amenazas y golpes en contra de políticos vinculados al narco, pero también funcionarios y personajes del gobierno lopezobradorista acusados de corrupción en forma del negocio del huachicol y en otras materias.

Conforme se acerquen las votaciones y los estadounidenses salgan a votar por sus representantes y senadores para los próximos dos años, veremos acciones cada vez más fuertes contra los políticos mexicanos, mayoritariamente, aunque no exclusivamente, del Partido Morena, y un embate mucho más duro e intrusivo contra los cárteles de la droga y sus principales capos.

Eso lo saben bien en el gobierno de Sheinbaum, tanto que el secretario Omar García Harfuch dijo públicamente que están cerca de capturar a las cabezas del cártel de Los Chapitos, es decir, a los dos hijos del “Chapo” que hoy dirigen a esa facción del Cártel de Sinaloa, porque esa es una de las mayores exigencias de Estados Unidos, aunque no es la única, porque desde Washington han estado insistiendo en que el Cártel Jalisco Nueva Generación ya tiene un nuevo líder al que se refieren como el R3 o Juan Carlos Valencia González, quien habría tomado el mando tras el asesinato de Nemesio Oseguera Martínez "Mencho". Hasta ahora el secretario Harfuch no ha confirmado ni desmentido la información estadounidense.

Así es que si estos últimos meses han sido turbulentos para la relación México-Estados Unidos y también para la presidenta Sheinbaum, su gobierno y su partido, los meses que vienen se volverán casi como un huracán para el Gobierno mexicano y para el movimiento político con escenarios complicados para muchos personajes del obradorismo… Se lanzaron los dados. Escalera Doble para todos los amables lectores.