Memoria viva de Sonora: Festejan el cumpleaños 100 de Mariana Ruiz Montaño
Nacida en Suaqui en 1926, fue testigo de grandes cambios históricos y del desplazamiento provocado por la presa El Novillo.
Entre el porche de una vivienda y un tramo de la calle Jesús Siqueiros, en la emblemática colonia Olivares, vecinos, familiares y amigos se reunieron para celebrar un acontecimiento extraordinario: el centenario de vida de la señora Mariana Ruiz Montaño, quien cumplió 100 años el pasado 22 de junio.
La celebración tuvo un ambiente que evocó a los antiguos pueblos sonorenses, donde aún prevalece la costumbre de conversar entre vecinos, compartir historias y fortalecer los lazos comunitarios. Como parte de los festejos, el padre Luis Fernando Sotelo Anaya ofició una misa de barrio dedicada especialmente a la homenajeada.
Durante la homilía, el sacerdote reflexionó sobre los caminos de la vida y cómo las decisiones correctas suelen requerir esfuerzo, honestidad y humildad. Sus palabras parecían describir la trayectoria de doña Mariana, una mujer que ha sido testigo de un siglo de transformaciones y que ha construido su vida sobre valores firmes y el amor por su familia.
Nacida el 22 de junio de 1926 en el desaparecido pueblo de Suaqui, Sonora, Mariana recuerda con cariño los días de su infancia ayudando a su padre a ordeñar vacas, jugando con sus amigas, construyendo pequeñas casitas de lodo y disfrutando de los bailes en la plaza del pueblo, recuerdos que permanecen intactos a pesar del paso del tiempo.
A lo largo de sus cien años de vida ha presenciado acontecimientos históricos que transformaron al mundo y a Sonora: la llegada del hombre a la Luna, el surgimiento de internet, la fundación de la Universidad de Sonora, la instalación de la planta Ford en Hermosillo y la pandemia de COVID-19. Sin embargo, el acontecimiento que más marcó su historia personal fue el desplazamiento de su comunidad debido a la construcción de la presa Plutarco Elías Calles, conocida como “El Novillo”.
Ella y su familia formaron parte de los más de 1,600 habitantes que tuvieron que abandonar sus hogares, tierras, iglesias, panteones y su forma tradicional de vida para dar paso al proyecto hidroeléctrico. Como muchas otras familias, migraron a Hermosillo, convirtiéndose en protagonistas silenciosos de una etapa importante del desarrollo del estado.
Doña Mariana dedicó gran parte de su vida a su hogar y a la formación de su familia. Fue una mujer trabajadora, responsable y profundamente comprometida con los valores que transmitió a sus seres queridos. Junto a su esposo, Antonio González Castro (finado), formó una familia integrada por cinco hijos.
Hoy, a un siglo de su nacimiento, su legado se refleja en las generaciones que la rodean: 12 nietos, 24 bisnietos y 1 tataranieta, quienes celebran la vida de una mujer cuya historia representa también la memoria viva de Sonora.
Entre abrazos, felicitaciones y muestras de cariño, la colonia Olivares fue escenario de una celebración que honró no solo los 100 años de una persona excepcional, sino también un siglo de recuerdos, sacrificios y enseñanzas que continúan inspirando a su familia y comunidad.













