Historia de la 'Prevo' en Hermosillo: de escuela de oficios a Secundaria
Creada en 1915 como proyecto social para hijos de soldados caídos, la “Prevo” evolucionó de artes y oficios a escuela técnica, marcando generaciones con talleres, música y deporte.
Hablar de la “Prevo” es hablar de una parte entrañable de la ciudad. Más que un edificio, su historia resume esfuerzo, enseñanza y esperanza desde 1915, cuando el entonces gobernador Plutarco Elías Calles, junto con el coronel José Cruz Gálvez, impulsó escuelas de artes y oficios para educar y proteger a hijos de soldados caídos tras la Revolución.
Aquellas aulas fueron también hogar: techo, comida y formación para niñas y niños. Ellas aprendían costura, bordado y repostería; ellos, carpintería, música y herrería. La enseñanza formaba manos hábiles y corazones fuertes, y marcó el origen de la educación técnica en Sonora.
Con el paso de las décadas, la “Prevo” adoptó un perfil industrial y comercial (años 30 y 40), combinando materias generales con oficios prácticos. Sus talleres se volvieron el corazón del plantel: máquinas, herramientas, cuadernos de dibujo y guitarras que acompañaban el aprendizaje.
Una nueva etapa
El crecimiento de Hermosillo en los años 60 exigió más aulas. Gracias a la gestión del profesor Alfredo Eguiarte Flores, la escuela se trasladó a bulevar Morelos y Justo Sierra, donde inició una nueva etapa y compartió edificio con nivel preparatoria, hasta que en 1979 daría origen al CBTis 11. La efervescencia juvenil de esa época desbordó las aulas: rondalla, banda de guerra y club de bastoneras —fundado por la maestra Miguelina Gil Samaniego— llenaron desfiles cívicos con ritmo y orgullo.
En los ochenta, la “Prevo” se consolidó como Escuela Secundaria Técnica No. 1 “Profesor Carlos Espinoza Muñoz”, honrando a uno de sus directores más emblemáticos. Con nuevas generaciones de docentes, el plantel combinó tradición y modernidad: carpintería, electricidad, mecánica, industria del vestido y dibujo técnico fueron más que asignaturas; fueron espacios para descubrir vocaciones y amistades.
En los noventa, el relevo magisterial dejó huella y, bajo la dirección del profesor Braulio Hernández Flores, la escuela sostuvo su esencia comunitaria: aprender también significaba convivir, compartir y crecer juntos.

Con el siglo XXI, llegaron aulas de medios y talleres de cómputo (programa Secundaria Siglo XXI). El alumnado se abrió a un nuevo universo: la tradición de los oficios se mezcló con pantallas y procesadores de texto.
Hoy, más de un siglo después, la “Prevo” sigue como símbolo de disciplina, esfuerzo y comunidad. Cada generación hereda un pedazo de su historia y deja un eco de juventud. La “Prevo” no sólo enseñó a escribir o medir: enseñó a creer en uno mismo y a construir el futuro con las manos y el corazón. No es sólo una escuela: es un espíritu que se transmite de generación en generación.


