Fernanda Olguín transformó la pérdida de sus bebés en palabras que sanan

Escribió el libro 'Crónicas de los brazos vacíos, manual no oficial para aprender a vivir de nuevo,' y da talleres de escritura terapéutica que acompañan a otras madres de México en duelo.

Para Fernanda Olguín Pacheco, originaria de Ciudad Obregón, Sonora, la escritura no comenzó como un proyecto literario, sino como una forma de entender la vida. Comunicóloga de profesión, hoy se desempeña como maestra, escritora, auxiliar contable y tallerista de escritura creativa y terapéutica, un camino que inició desde muy joven cuando descubrió el poder de las palabras.

Recuerda que desde pequeña le gustaba escribir, pero fue al leer al periodista y poeta Bartolomé Delgado de León cuando comprendió lo que podía lograr la narrativa. Sus columnas y editoriales, dice, tenían una forma particular de conectar con el lector. “Era como tener una charla frente a frente”, relata. Aquella sensación la llevó a pensar que ella también quería contar historias capaces de mover conciencias. Esa inquietud la llevó a estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara y a inclinarse por la prensa escrita.

Sin embargo, el episodio que marcaría profundamente su escritura llegó años después. En abril de 2012 una prueba de embarazo confirmó que esperaba un bebé; meses más tarde supo que en realidad venían dos. Para septiembre, una ruptura prematura de membrana desencadenó un parto anticipado. Sus hijos, Joaquín y Víctor Manuel, nacieron a las 26 semanas y murieron en su primer y segundo día de nacer.

“Fueron días muy pesados, rápidos y a la vez lentos, llenos de incertidumbre. Nunca contemplamos el desenlace”, comentó. La noticia llegó en medio de un estado de shock que, de alguna manera, les permitió sostenerse durante los funerales. “El shock ayuda a que de alguna manera no te vuelvas loco… así pudimos afrontar las dos muertes y los dos días de funerales, soportar ver ataúdes tan pequeños y recibir muerte en lugar de vida”.

Tenía 29 años cuando ocurrió. El proceso de recuperación, dice, fue largo. En ese momento no buscó ayuda profesional y enfrentó además el silencio social que suele rodear la muerte de bebés. Con el paso de las semanas comenzó a buscar respuestas en internet. “Ponía en Google frases como ‘ayuda, mis bebés murieron’. Encontraba blogs y recursos de otros países, pero nada en México”, mencionó.

Leer testimonios de otras mujeres le ayudó a sentirse menos sola. Fue entonces cuando recordó su afinidad con la escritura. Así comenzó a narrar su propio proceso de duelo: los días difíciles, los momentos agridulces y las emociones que acompañan una pérdida así. “Yo sufría en español”, explica, por lo que decidió compartir su experiencia en ese mismo idioma.

De ese proceso nacióCrónicas de los brazos vacíos, manual no oficial para aprender a vivir de nuevo”, su primer libro. En él relata la historia de Joaquín y Víctor Manuel y reflexiona sobre el duelo perinatal, un tema del que poco se hablaba en el país. Escribir, asegura, se convirtió en un camino de doble sentido: mientras ella sanaba, otras personas encontraban compañía en sus palabras.

Con el tiempo, esa experiencia también dio forma a una comunidad de lectores que compartían historias similares. “Nos volvimos una comunidad de corazones rotos, en reparación alrededor del mundo”, expresó.

A la fecha, Fernanda ha escrito siete libros, en los que aborda temas como el duelo, el feminismo, la violencia y la depresión. Además, imparte talleres de escritura creativa y terapéutica, espacios donde las palabras funcionan como una herramienta para procesar emociones y construir nuevas narrativas personales.

Hablar de la pérdida de un hijo sigue siendo difícil. “El dolor de perder un hijo no tiene pies ni cabeza, no tiene sentido. Prepararse para recibir vida y acunar la muerte es antinatural”, dice. Con el tiempo, explica, el dolor cambia, se transforma, pero no desaparece del todo

Lo que le permitió seguir adelante, afirma, fue recordar que sus hijos no merecen ser recordados solo desde la tragedia. “Mis hijos vivos necesitaban a una mamá no solo de cuerpo presente. Y Joaquín y Víctor… los que se me fueron, no se merecen ser recordados como una tragedia cuando fueron puro amor”.

Hoy, a través de la escritura, Fernanda Olguín continúa compartiendo historias que buscan acompañar a otras personas en momentos difíciles. Historias que nacieron del dolor, pero que con el tiempo encontraron en las palabras una forma de reconstruirse.