Estudiantes de la Unison temen perder cursos de verano por paro
La Universidad de Sonora acumula casi 600 días de huelga desde 1979, un modelo que el Consejo Estudiantil califica como insostenible debido al impacto negativo en la calidad académica, la deserción temporal de alumnos foráneos y el riesgo inminente de perder los cursos de verano.
Un acumulado histórico de casi 600 días de huelga desde 1979 posiciona a la Universidad de Sonora (Unison) como la institución de educación superior con mayor conflictividad laboral en el país.
Esta situación mantiene paralizadas las actividades académicas tras un breve retorno a las aulas que duró únicamente cuatro días, lo que consolida un semestre de apenas tres meses de clases efectivas y genera consecuencias directas en la formación universitaria.
En una entrevista realizada para el noticiero Expreso 24/7 con Marcelo Beyliss, Ángela Carrasco Ibarra, presidenta del Consejo Estudiantil de Sociedades de Alumnos de la Unison, y Arturo Zamorano, coordinador general de la agrupación, manifestaron que el modelo de negociación actual entre el Sindicato de Trabajadores Académicos (Staus) y la administración universitaria se encuentra agotado y requiere la intervención de un mediador externo para destrabar el conflicto.
La representación estudiantil señaló que el constante aplazamiento de los calendarios escolares no solo demerita el prestigio de la máxima casa de estudios del estado, sino que también provoca afectaciones económicas severas a la comunidad escolar, especialmente a quienes provienen de comunidades rurales y de la zona serrana de la entidad.
Un modelo de huelgas que desgasta
El Consejo Estudiantil de Sociedades de Alumnos de la Unison indicó que las afectaciones académicas son severas debido a la falta de continuidad en las materias. Durante los cuatro días que se reactivaron las clases presenciales antes del nuevo estallamiento, el personal docente optó por asignar de manera anticipada la totalidad de los proyectos, tareas y trabajos finales para evitar la pérdida administrativa del ciclo.
Esta medida de contingencia, explicaron los representantes de los estudiantes, reduce la asimilación de contenidos teóricos y prácticos.
La comunidad estudiantil reporta que, si bien administrativamente el semestre no se pierde gracias a las reconfiguraciones del calendario, en términos reales sí se registra una pérdida significativa de conocimiento debido al ritmo acelerado y la falta de cátedra presencial.
"Es triste que cada vez que se viene este periodo del semestre ya estemos preparados para la huelga. Los maestros se preparan, empiezan a dejar cosas antes y la calidad académica baja", apuntó Carrasco Ibarra.
Impacto económico y deserción temporal de estudiantes foráneos
La inestabilidad laboral impacta directamente en las finanzas de las familias de los universitarios. Alumnos foráneos decidieron rescindir contratos de arrendamiento y regresar a sus municipios de origen tras el primer paro de labores de 21 días operado por el Sindicato de Trabajadores y Empleados (Steus). Al anunciarse el regreso a clases por menos de una semana, decenas de estudiantes optaron por no realizar el gasto de traslado y hospedaje, previendo la nueva parálisis.
El riesgo inmediato tras la recalendarización se concentra ahora en los cursos de verano, programados originalmente del 2 de junio al 29 de junio. Estos periodos se utilizan de forma regular por la comunidad escolar para avanzar materias, liberar carga académica o regularizar asignaturas reprobadas. La extensión del semestre ordinario hasta el mes de junio elimina el margen de tiempo necesario para operar estos cursos antes del inicio del siguiente ciclo en agosto.
Urgencia de un mediador
La falta de acuerdos radica en la incompatibilidad de las posturas mantenidas por la administración del alma mater y el Staus. La representación estudiantil enfatizó que existe una contradicción evidente entre los discursos emitidos en redes sociales y comunicados oficiales, donde ambas partes aseguran mantener apertura al diálogo, y las acciones reales que mantienen las banderas de huelga en las instalaciones.
Ante la falta de coincidencias operativas, la organización de alumnos sugirió analizar casos de éxito en otras entidades federativas, como el modelo de la Universidad de Guadalajara, institución que no registra un paro general de actividades desde 1990. La propuesta estudiantil se enfoca en la incorporación de un árbitro independiente que permita romper el estancamiento institucional y priorice el derecho a la educación de los jóvenes sonorenses.













