Emprendedora indígena Eudelia inspira a mujeres a "sembrar" con pitaya

Con la recolección de pitaya, ha logrado inspirar a otras mujeres de la comunidad indígena de Sirebampo en Navojoa: "He logrado sembrar intereses y sembrar amor".

María Eudelia Verdugo es originaria de la comunidad indígena de Sirebampo, al sur de Sonora. Su infancia transcurrió entre carencias, jornadas descalzas y trabajo en el campo, como la de muchas niñas de su edad. Desde pequeña ayudaba a sus padres y aprendió a subsistir con lo que ofrecía el monte: pitayas, iguanas, conejos y tortillas hechas con harina de maíz.

A los 11 años comenzó a recolectar pitaya. Aquella actividad, que era parte de la vida cotidiana en su comunidad, terminó por convertirse en el inicio de su camino productivo. Sin conocer entonces el significado de la palabra emprendimiento, ya buscaba la manera de generar ingresos.

Con el paso del tiempo vendió tortas, chimichangas en estadios, duritos y naranjas con chile que su padre le traía de la ciudad cuando trabajaba en la albañilería. También elaboraba donas. Desde muy joven mostró interés por el manejo de la harina y por aprovechar la pitaya más allá de su consumo natural.

Para vender, caminaba hasta la carretera internacional, ubicada a tres kilómetros de su comunidad, con cubetas llenas de fruta. Pedía "ráite" a mujeres mayores para trasladarse a Navojoa y ofrecer el producto en la ciudad. Esa dinámica se volvió constante.

El interés por resguardar y transformar la pitaya surgió cuando tenía alrededor de 10 años trabajando en la elaboración de ladrillo. Para entonces ya sabía preparar pitaya deshidratada y mermelada; por ello, decidió buscar una alternativa.

Le planteó a su esposo que ya no quería continuar en el ladrillo. Quería dedicarse a producir y vender mermelada. Empezó con frascos reutilizados de café que vendía en 20 pesos. El dulce de pitaya deshidratada en rollo, que hoy comercializa en 50 pesos, lo ofrecía en aquel entonces en 10. Recuerda que se conformaba con vender a quienes llegaban a su casa o a quienes encontraba en el camino.

Con el tiempo notó que, aunque la recolección seguía siendo pesada, el trabajo de transformación le resultaba menos agotador y más rentable. El apoyo de su esposo fue clave para continuar.

Más allá del ingreso económico, Verdugo asegura que su mayor logro ha sido sembrar interés por el cuidado y aprovechamiento responsable de los recursos naturales. Ha compartido sus conocimientos con otras mujeres de su comunidad, a quienes anima a perder la timidez y emprender.

Gracias a ese esfuerzo, ha logrado mejorar las condiciones de su familia: construir su casa, adquirir lo básico para el hogar y cubrir inscripciones escolares. Se dice agradecida por cada avance alcanzado y por la posibilidad de impulsar también a otras familias.

"He logrado sembrar intereses y sembrar amor. He ayudado a aprender a las mujeres, quitarnos timidez, he logrado ayudar a mi familia, he logrado salir adelante, tener casa, he logrado tener una mesa, he logrado tener silla, he logrado pagar inscripciones de escuela", comentó.

A futuro, su meta es consolidar una empresa que genere empleos en Sirebampo, para que las familias no tengan que emigrar en busca de sustento. Aspira a que su comunidad sea un lugar habitable, que preserve sus tradiciones y que el turismo permita visibilizar las riquezas naturales de la región.

Para ella, el hecho de ser parte de los pueblos indígenas del sur de Sonora representa dignidad e identidad. Espera que sus acciones contribuyan a conservar la comida tradicional, la vestimenta y el respeto hacia las mujeres indígenas, así como a fortalecer su protección y autonomía.

Hoy, María Eudelia Verdugo es reconocida en su comunidad no solo por los productos que elabora, sino por el impulso que ha dado a otras mujeres para creer en su propio trabajo.