Afecta a ganaderos del sur de Sonora lluvias intermitentes

La ausencia de precipitaciones constantes en los agostaderos del sur de Sonora agota el alimento natural para el ganado. Esta situación obliga a los productores pecuarios a incurrir en gastos extraordinarios para adquirir forraje comercial y mantener a sus animales en pie durante el temporal.

Aunque las primeras lluvias de la temporada trajeron esperanza para el sector ganadero, la falta de precipitaciones constantes comienza a pasar factura en los agostaderos del sur de Sonora, donde el alimento natural para el ganado vuelve a escasear y obliga a los productores a desembolsar más dinero para mantener a sus animales.

Omar Mexía, ganadero de la región de Álamos, explicó que las lluvias aisladas pueden resultar incluso contraproducentes para los pastizales.

Comentó que, cuando cae agua y después deja de llover por varios días, el pasto seco y las hojas que normalmente consume el ganado terminan adheridos al suelo, impidiendo que los animales puedan aprovecharlos como alimento.

"Cuando llueve una sola vez y luego se corta el temporal, el pasto seco y las hojas se pegan a la tierra y el ganado ya no las puede levantar. Ahí es cuando tenemos que salir a buscar pasturas al valle, ya sea trigo, frijol, alfalfa o cualquier forraje que podamos comprar para alimentar a los animales", señaló.

Deben ser lluvias continuas 

El productor indicó que las lluvias verdaderamente benefician al campo cuando se presentan de manera continua, ya que permiten el crecimiento de la maleza y los pastos que sirven como alimento para el ganado. Sin embargo, cuando las precipitaciones son esporádicas, los agostaderos no logran recuperarse y la disponibilidad de forraje natural disminuye considerablemente.

Ante este panorama, los ganaderos se ven obligados a adquirir alimento comercial, una alternativa que representa un fuerte impacto económico para quienes dependen de la actividad pecuaria.

"Es una batalla y con lo caro que está todo", expresó Mexía al referirse al incremento en los costos para sostener los hatos.

Detalló que actualmente una paca de forraje ronda los 120 pesos, mientras que el alimento balanceado alcanza aproximadamente los 400 pesos por unidad.

El producto más económico es el salvado, cuyo precio se ubica alrededor de los 250 pesos, aunque el gasto final depende de la cantidad de animales que cada productor deba alimentar.

Mientras el temporal no se regularice, los ganaderos del sur de Sonora mantienen la esperanza de que las lluvias regresen de forma constante para recuperar los agostaderos y reducir la dependencia de alimento comprado, una situación que, aseguran, pone a prueba la economía de las familias dedicadas a esta actividad.