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Una Familia Feliz, 14 años defendiendo los derechos de personas con discapacidad

Junto a su hija Fransheska, Olguita Torres ha impulsado durante 14 años la inclusión, la igualdad de oportunidades y el acompañamiento a familias en Navojoa y otros municipios de Sonora.

Fundó Una Familia Feliz en 2012 para defender los derechos de las personas con discapacidad.
Fundó Una Familia Feliz en 2012 para defender los derechos de las personas con discapacidad.

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Cuando convocaron por radio a una reunión para formar una asociación en defensa de los derechos de las personas con discapacidad, en 2012, solo asistieron tres padres de familia. Para algunos, no era suficiente para comenzar; para una de ellas, era razón suficiente para intentarlo.

“Yo les dije: si estamos los tres, está conformado presidente, secretario y tesorero, y pues hay que llevarlo a cabo, porque todo esto se empieza desde uno o dos padres de familia”, recuerda Olguita Torres, fundadora de Una Familia Feliz, quien prefirió no esperar a que una convocatoria reuniera a más personas.

Aquel día se realizó la votación y quedó al frente de la asociación. Después eligieron el nombre y comenzaron una tarea que resultaría más larga de lo que imaginaban: visitar casa por casa a familias que tuvieran algún integrante con discapacidad e invitarlas a participar.

Durante casi dos años tocaron puertas y escucharon respuestas que reflejaban el temor de algunos padres a exponer a sus hijos ante una sociedad que, según su experiencia, los había discriminado.

“¿Para qué quieres que lo exhiba, para qué quieres que lo saque? ¿Qué quieres que se rían de mí, que se rían de él, que se burlen en la calle?”, Torres recordó que muchos padres se expresaban de esa forma.


No se trataba solamente de reunir personas para crear una asociación. También había que convencer a las familias de que podían encontrar un espacio donde sus hijos fueran recibidos con respeto, pudieran participar en actividades y conocieran sus derechos.

La desconfianza tampoco faltó fuera de esas casas. La fundadora recuerda que algunas personas le decían que el proyecto no duraría ni seis meses, pues consideraban que las asociaciones de este tipo difícilmente lograrían cambios.

En lugar de tomar esas palabras como una razón para detenerse, las convirtió en un reto.

Para entonces, la defensa de los derechos de las personas con discapacidad ya formaba parte de su vida. Su hija Fransheska había nacido en 2004 y, desde sus primeros años, ambas enfrentaron situaciones de discriminación y falta de inclusión.

Por eso, cuando asumió la presidencia de Una Familia Feliz, en 2012, no comenzaba desde cero. Llevaba ocho años aprendiendo de su experiencia como madre y buscando formas de responder a las barreras que encontraba en distintos espacios.

Fransheska, fue una niña que quiso aprender y probar distintas actividades. Tomó clases de pintura y dibujo, aprendió a tocar instrumentos como la guitarra, la flauta y el teclado, y practicó karate como disciplina. También participó en equinoterapia, natación, canto, baile y actividades deportivas. Jugaba béisbol y básquetbol, y formó parte de un grupo llamado Vive tu Sueño, con el que participaba en actividades artísticas para promover la integración. Además, llegó a ser imagen de una página de modelaje.

Al recordar ese recorrido, su madre, Olguita, no lo presenta como una excepción, sino como un ejemplo de las oportunidades que pueden abrirse cuando una persona tiene acceso a espacios para aprender, participar y desarrollar sus intereses.

“Todo lo que hacía lo lograba”, expresa.


Sin embargo, también recuerda que ambas vivieron experiencias de exclusión y discriminación. Esas situaciones le mostraron que las dificultades no estaban únicamente en una condición de discapacidad, sino también en las actitudes de quienes no sabían cómo convivir con ella o no estaban dispuestos a ofrecer las mismas oportunidades.

Lo aprendido junto a Fransheska se convirtió en parte de su trabajo con otras familias. La experiencia personal le permitió reconocer situaciones que después buscó atender desde la asociación, tanto mediante la orientación como a través de la defensa de derechos.

En 2014, después de dos años de visitar familias y buscar un espacio para reunirse, la asociación comenzó a trabajar de manera más constante. Sus primeras reuniones se realizaron en la biblioteca de la Universidad de Sonora; posteriormente, sus integrantes tuvieron que buscar otros lugares para continuar con las actividades.

Organizaron encuentros, pláticas y eventos sociales, mientras más personas se acercaban y conocían el propósito del proyecto. Poco a poco, el trabajo también llegó a escuelas de distintos niveles educativos en Navojoa y otros municipios.

La fundadora comenzó a impartir pláticas sobre discapacidad, derechos, discriminación, acoso escolar y violencia. Con el tiempo, amplió los temas a cuestiones relacionadas con la familia, la educación, los valores y el bienestar.

Calcula que ha impartido alrededor de 200 pláticas y que, a lo largo de estos años, cerca de 50 artistas han participado en las actividades de la asociación, algunos de los cuales después continuaron su camino en el ámbito profesional.

También impulsan actividades de difusión y conmemoración relacionadas con el síndrome de Down, el autismo y el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, entre otras fechas. En varios de estos encuentros, los artistas colaboran para acercar la información a las familias y al público.

La asociación, explica, no busca atender únicamente a las personas con discapacidad. También considera necesario acompañar a quienes las cuidan, pues el bienestar de la familia influye en las condiciones en que pueden brindar apoyo.

Como abogada y defensora de derechos, ha intervenido en situaciones de discriminación que, según relata, se han presentado en escuelas y servicios de salud. Su trabajo ha consistido en orientar a las familias y recordar que las personas con discapacidad tienen derechos que deben respetarse.

Después de 14 años al frente de Una Familia Feliz, la fundadora considera que se han abierto caminos en temas como la accesibilidad, la movilidad y el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad. Aun así, sostiene que sigue siendo necesario trabajar para cambiar las actitudes que limitan su participación.

En ocasiones, cuenta, ha escuchado cuestionamientos sobre el sentido de defender a personas cuya condición no cambiará. Frente a esa postura, responde que el objetivo no es cambiar a las personas, sino mejorar sus condiciones de vida y permitirles tomar parte en la sociedad.

“¿Por qué luchas por las personas con discapacidad si no van a dejar de ser lo que son?”, recuerda que le preguntaron en una ocasión.


Su respuesta fue que esa pregunta reflejaba una falta de humanidad y sensibilidad, porque una persona con discapacidad también tiene deseos, intereses y proyectos propios.

Para ella, la inclusión empieza por reconocer que cada persona vive de manera diferente y que esas diferencias no deben convertirse en razones para negar oportunidades.

“Debemos de tener igualdad de oportunidades, de derechos y oportunidades, sobre todo de vivir, y no limitar ni poner barreras, mucho menos discriminar con una mala actitud, con una mala mirada”, afirma.


La historia de Una Familia Feliz comenzó con tres padres de familia que decidieron reunirse cuando parecía que no eran suficientes para formar una asociación. Con los años, aquel primer encuentro se convirtió en un trabajo de orientación, difusión y acompañamiento para otras familias.

En el centro de ese camino permanece la experiencia de una madre que encontró, junto a su hija Francesca, motivos para insistir en que ninguna persona debería tener que renunciar a sus intereses o a su lugar en la sociedad por vivir con una discapacidad.

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Marielos Ortiz

Información de servicio y actualidad para las familias de Hermosillo y Sonora.

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