Que den a conocer la literalidad
"Que den a conocer la literalidad", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón
Siete años después de iniciado el patético y vergonzoso pleito personal de López Obrador con el Estado español a partir de su caprichosa petición de que Felipe VI se disculpara por los abusos, crímenes y atropellos cometidos durante la Conquista, era de esperarse una versión literal de lo que hablaron ayer la presidenta Sheinbaum y el monarca sobre la ridícula demanda.
No hubo comunicado conjunto, no hubo conferencia de prensa, no hubo siquiera una relación mínima de los temas que trataron.
Sucedió lo que ocurre con 70% de los contratos de obra pública de la 4t: nadie sabe, nadie supo ni sabrá, por “seguridad nacional”.
La Presidenta había anticipado que no insistiría en las disculpas que demandó su mentor, sino apenas en el “reconocimiento de la grandeza de las culturas indígenas”, lo que ya habían hecho el canciller español y propio Rey en Madrid.
¿Qué le comentó su visitante? ¿Qué coincidencias le manifestó?
¿Tuvieron discrepancias? ¿Asumió el Rey algún compromiso? ¿Ella le reconoció lo aportado a México por España?
Es incomprensible que se mantenga en la opacidad una conversación relacionada con el vetusto diferendo que deterioró tanto tiempo la relación diplomática con el segundo país inversionista en México (después de Estados Unidos) y peor: con una nación cuya aportación en 300 años a la historia, la cultura, la lengua, las instituciones, el derecho, la arquitectura, la educación y la economía nacionales es incuantificable.
¿Felipe le habrá recordado a Sheinbaum que Hidalgo llamó a las armas primero no para la guerra de Independencia sino para defender al rey Fernando VII y después para “coger gachupines”?
Sería bueno saber si Felipe le recordó que ni él ni sus antepasados tuvieron responsabilidad en los hechos de hace más de cinco siglos, o si le hizo notar que una gran parte de las atrocidades cometidas entonces fue a manos de millares y millares de indígenas avasallados y hartos del cacicazgo mexica.
Tanta alharaca para quedar atenidos a lo que cada jefe de Estado quiera contar.
Puestos en la descocada lógica de AMLO sobre los agravios históricos, procedería preguntar a quién se ofrecerían las disculpas: ¿al Estado mexicano que integra una mayoría mestiza, o a los indígenas que sobreviven en el territorio y que según el Inegi sumaban el año pasado casi 17 millones?
De ser así, el contenido íntegro de la conversación debiera traducirse al náhuatl y a las lenguas derivadas del maya, pero también a las de más de sesenta que se hablan en el país, o difícilmente coras, huicholes, rarámuris, mixes, triquis, kikapús, ñañús o seris y demás mexicanos podrían sentirse reivindicados en un diálogo cuyo contenido se esconde.
Se debiera por lo mismo difundir palabra por palabra lo conversado entre Sheinbaum y Felipe VI.
El inexplicable silencio prolonga un desencuentro innecesario y absurdo que, aunque lo den por saldado, confirma una salvaje tradición prehispánica: la transparencia fue sacrificada en el altar del secretismo...
Carlos Marín
cmarin@milenio.com












