Sobornada, la CNTE se peló sin pagar
"Sobornada, la CNTE se peló sin pagar", escribe Carlos Marín en #ElAsaltoalaRazón
La explicable y tumultuaria euforia por el Mundial de Futbol, catapultada por el admirable desempeño de la Selección Mexicana y su consecuente pase a octavos de final, opacó la información sobre las emergencias nacionales en especial: la incesante inseguridad, el aumento de las desapariciones, el drama de las madres buscadoras y el prolongado suspenso en torno de la petición del Gobierno estadounidense para la captura provisional de Los Diez de Sinaloa.
El repetido, creciente y jubiloso festejo ha dejado bajo la alfombra el atraco del gobierno a las inexistentes pensiones “doradas” de 50 mil exservidores públicos, la canallesca marranada contra jueces y magistrados obligados a salir del Poder Judicial sin que se les indemnice como mandata la Constitución reformada por el obradorato y el colosal soborno a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación para sofocar su amenaza de impedir que “rodara el balón”.
De una aproximación a los daños causados por esa facción magisterial, en El asalto… de lunes y martes recientes para Milenio Tv, platiqué con Marco Fernández, doctor y maestro en Ciencia Política por la Universidad de Duke, profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey e investigador asociado de México Evalúa, especializado en la CNTE y en educación pública.
Antes que otra cosa enfatiza: el perjuicio mayor ha sido para un millón 400 mil niños de preescolar, primaria y secundaria, cautivos de la Coordinadora en Ciudad de México, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas, Yucatán y Zacatecas, pero en lo económico los platos rotos los pagará la población que nutre al erario (y no sólo en declaraciones de impuestos al SAT, sino a través del IVA y el ISR).
El infame soborno gubernamental a la CNTE supera 800 millones de pesos, equivalentes a las pérdidas causadas a particulares con la vandalización y quema de vehículos, saqueos a comercios, bloqueo del aeropuerto de Oaxaca, retrasos y cancelación de vuelos, pérdidas en los sectores turístico y restaurantero, pero también descalabros presupuestales a los ayuntamientos y gobiernos estatales con la destrucción de mobiliario urbano y suspensiones de servicios públicos en la capital nacional, Tuxtla Gutiérrez, Acapulco y Chilpancingo. En lo comercial, el daño más visible fue en Ciudad de México, estimado justo en alrededor de 800 millones de pesos por la falta de ventas o afectaciones a huéspedes que no llegaron en tres semanas, y los destrozos, por ejemplo, en el Congreso de Chilpancingo, donde los activistas de la Ceteg quemaron 12 vehículos de trabajadores, o en las plazas comerciales y el bloqueo del aeropuerto de Oaxaca, sin contar daños en las capitales de Zacatecas, Chiapas y Yucatán.
Para nadie, claro, hubo siquiera un “usted disculpe”, y ni la Coordinadora ni el gobierno asumen sus responsabilidades.
En este recuento de daños consignaré también los pestilentes acuerdos del gobierno tanto con la CNTE como con el Sindicato Nacional.
Carlos Marín
cmarin@milenio.com












