¿Prohibir redes sociales a menores?

"¿Prohibir redes sociales a menores?", escribe Marco A. Paz Pellat en #ElPoderdelasIdeas

En los últimos años, la discusión sobre restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales dejó de ser un debate académico para convertirse en una agenda pública concreta en varios países. A diferencia de México, algunas naciones ya avanzaron hacia la implementación de regulaciones. Australia, Francia, Malasia, Dinamarca y Brasil aprobaron restricciones que prohíben o limitan de forma efectiva el acceso a redes sociales a menores de entre 15 y 16 años, en la mayoría de los casos sin posibilidad de eludir la medida mediante consentimiento parental.

Estas políticas trasladan la responsabilidad a las plataformas digitales, exigiendo verificación obligatoria de edad y estableciendo sanciones económicas por incumplimiento. Países como España y Reino Unido avanzan en la misma dirección, lo que confirma una tendencia global hacia la protección infantil basada en regulación estructural, más que en el control familiar individual.

Australia y España se han convertido en referentes del debate al proponer regulaciones que buscan retrasar la entrada de niñas, niños y adolescentes a entornos digitales diseñados para maximizar la atención. En México comienzan a surgir iniciativas locales en esa misma lógica, como la reciente propuesta del gobierno de Querétaro, que refleja una preocupación creciente por los efectos de las redes sociales en la infancia y la adolescencia.

Australia ha planteado una de las posturas más claras y ambiciosas. Su enfoque no busca castigar a los menores ni a las familias, sino trasladar la responsabilidad a las plataformas, obligándolas a impedir el acceso de menores de 16 años mediante mecanismos de verificación de edad considerados “razonables”. El argumento central es que las redes sociales, tal como hoy operan, no están diseñadas para menores: utilizan algoritmos, notificaciones y dinámicas de recompensa que pueden afectar el sueño, la salud mental y la capacidad de autorregulación. El objetivo no es prohibir Internet, sino retrasar la exposición a las redes sociales hasta una etapa de mayor madurez emocional, bajo el principio de protección infantil.

España, por su parte, colocó el debate en el terreno de la salud pública y la protección de derechos. Su propuesta busca elevar a 16 años la edad mínima para el uso de redes sociales y fortalecer la verificación de edad, apoyándose en evidencia que vincula el uso intensivo de estas plataformas con ansiedad, presión social y problemas de autoestima en adolescentes. A diferencia de enfoques punitivos, subraya la necesidad de alfabetización digital, corresponsabilidad familiar y límites al diseño adictivo, reconociendo que la tecnología es parte estructural de la vida cotidiana.

Las posturas críticas advierten que prohibir sin una verificación efectiva de edad puede ser ineficaz y que controles más estrictos pueden generar riesgos de privacidad, vigilancia excesiva o exclusión digital. También señalan que restringir el acceso no elimina los problemas de fondo y puede desplazar a los adolescentes a plataformas menos reguladas.

Así, el debate es no solo si se debe prohibir, sino cómo regular con proporcionalidad. La experiencia internacional sugiere que la discusión más sólida no gira en torno a “menos tecnología”, sino a más responsabilidad de las plataformas, protección gradual y formación digital en un entorno inevitablemente digital.