Jóvenes desafiliados: una alerta para México
"Jóvenes desafiliados: una alerta para México", escribe Marco A. Paz Pellat en #ElPoderdelasIdeas
Casi cuatro de cada diez jóvenes mexicanos dicen que, en ocasiones, sienten que “no se hallan en ningún lugar”. No es una cifra menor. Puede ser una de las señales más importantes para entender lo que está ocurriendo con una generación que, paradójicamente, mantiene sus aspiraciones, pero parece distanciarse de algunas de las instituciones que deberían ayudarla a realizarlas.
El dato proviene de Jóvenes en México 2026, de Fundación SM. La encuesta fue realizada presencialmente a mil 200 jóvenes de 15 a 29 años, representativos de una población estimada en 32.7 millones.
Los investigadores hablan de “desafiliación juvenil”: un progresivo distanciamiento de espacios que tradicionalmente proporcionan pertenencia, apoyo y oportunidades, como la escuela, el trabajo, la familia o las relaciones afectivas. El 38.7% dice que en ocasiones no encuentra su lugar; entre los jóvenes de 25 a 29 años aumenta a 42.3%.
Lo relevante es que no parece tratarse de una generación sin aspiraciones.
El 79.7% quiere continuar estudiando. Sin embargo, entre quienes abandonaron sus estudios, 62.4% lo hizo por causas externas, principalmente por la necesidad de trabajar o la falta de recursos.
Tampoco puede afirmarse simplemente que los jóvenes no quieran trabajar. El 39.6% trabaja exclusivamente y otro 12.8% estudia y trabaja. El problema está también en las condiciones: 58.8% de los jóvenes ocupados se encuentra en la informalidad.
La desconexión alcanza a la política. 76.6% tiene poca o ninguna confianza en los partidos, 72.3% en el Congreso y 63.9% en el Gobierno. Pero desconfianza no significa necesariamente apatía: mientras apenas 1.3% pertenece a un partido, existen otras formas de participación vinculadas con organizaciones y causas concretas.
La desafiliación no puede atribuirse a un solo gobierno, institución o generación. Es una señal que exige corresponsabilidad.
Familias, escuelas, empresas, gobiernos y sociedad civil necesitamos reconstruir espacios de pertenencia y oportunidades: facilitar la permanencia educativa, abrir caminos hacia empleos formales y crear mecanismos de participación donde involucrarse tenga consecuencias reales.
El problema no parece ser que los jóvenes hayan dejado de aspirar. La alerta es que aspiren, pero encuentren cada vez menos instituciones en las cuales confiar, participar y construir su futuro.












