¿Quién es 'la Delcy Rodríguez' de EU en Cuba?

"¿Quién es 'la Delcy Rodríguez' de EU en Cuba?", escribe Irene Selser en #Entrevías

El jueves pasado, en entrevista con Telemundo en Miami, Mike Hammer, jefe de misión de Estados Unidos en Cuba, aseguró que ya hay “una Delcy Rodríguez” en la isla dispuesta a negociar, en alusión a la presidenta interina de Venezuela, quien asumió el cargo el 5 de enero pasado, 48 horas después de que su jefe, Nicolás Maduro, fuera traicionado por su entorno y capturado en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses.

Hammer, embajador ad hoc en La Habana -cargo vacante desde 1960-, no ofreció más detalles, pero adelantó lo que este lunes confirmó el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio: que existen conversaciones con representantes del Gobierno de Cuba a muy alto nivel.

“Obviamente hay conversaciones con algunos muy altos dentro del régimen. Otros no estarán enterados”, dijo Hammer, en la misma línea que desde mediados de enero maneja el presidente Donald Trump: que el diálogo con Cuba está en marcha, a pesar del silencio de La Habana.

“No voy a tocar el tema en ese sentido -agregó Hammer cuando se le preguntó quién era el enlace en cuestión-. Sólo que cualquiera dentro de la cúpula que ve que sus hijos y nietos ya no quieren estar en Cuba porque la situación es tan miserable, que se van a estudiar al extranjero y viven la buena vida en otros países… saben que esto ya se está acabando”, afirmó.

Voces de la disidencia cubana en México, así como el diario español ABC (4-02), revelaron que el diálogo efectivamente existe y que el intermediario sería el coronel del Ministerio del Interior, Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y muy ligado a los servicios de inteligencia cubana.

El lunes, al regresar a Washington de su fin de semana en Mar-a-Lago (Florida), Trump aseguró que Estados Unidos -a través de Marco Rubio- y Cuba están dialogando “sobre un acuerdo”, en momentos en que la isla enfrenta su peor crisis de subsistencia desde el triunfo de la revolución, en enero de 1959, agravada por el bloqueo petrolero impuesto recientemente por la Casa Blanca.

“Cuba es ahora mismo una nación fallida, y ni siquiera tienen combustible para que los aviones puedan despegar”, comentó Trump a periodistas a bordo del Air Force One.

Trump descartó una operación militar como la aplicada en Venezuela -“no creo que sea necesario”, dijo- y se adelantó a celebrar la reunificación de las familias, una vez que los exiliados del castrismo puedan regresar.

El coronel Alejandro Castro habría estado a inicios de este mes en la Ciudad de México, donde sostuvo reuniones “discretas” con funcionarios de la CIA y otros, con el fin de explorar una transición política en Cuba y aliviar la crisis energética, con México actuando como supuesto facilitador.

Los temas abordados en las pláticas serían cómo evitar un derrocamiento forzado del régimen, buscando una “salida controlada” que no implique colapsos violentos; el suministro de petróleo y combustible a Cuba a cambio de posibles inversiones o acceso de empresas estadounidenses a sectores estratégicos -energía, turismo, banca y telecomunicaciones- con capital de empresarios cubanos en el exilio.

También se menciona eventuales acuerdos sobre la situación política de la isla, sometida desde febrero de 1962 a un embargo económico total, decretado por el presidente John F. Kennedy tras las nacionalizaciones de propiedades estadounidenses. Trump busca hoy recuperar esos bienes activando demandas legales para que los dueños o sus herederos reclamen compensaciones en tribunales estadounidenses bajo la Ley Helms-Burton de 1996.

No hay una lista pública oficial de los miles de reclamos certificados ante el Gobierno estadounidense por propiedades confiscadas -casas, tierras agrícolas, hoteles, bancos, hospitales, escuelas, entre otros-, pero entre los más destacados figuran empresas como Cuban Electric Company, Exxon, Texaco, ITT y Starwood.

Si bien económicamente el bloqueo ha resultado devastador para la población, exhausta de vivir en carestía, a la vez le ha servido a La Habana para justificar la escasez y el atraso económico, y para cerrar el sistema político.

El expresidente Raúl Castro (94), quien se retiró oficialmente en 2021 del cargo de primer secretario del Partido Comunista -aunque desde 2018 ya no era presidente, al ser sucedido por Miguel Díaz-Canel-, estaría hoy detrás de las gestiones de su hijo como arquitecto silencioso de una transición, del mismo modo que lo fue en la sucesión tras la enfermedad y muerte de Fidel Castro en 2016, a los 90 años.

Mucho más pragmático y menos ideológico que su hermano, Raúl Castro ha reconocido públicamente los errores estructurales del modelo de economía estatal y el flagelo de la corrupción. Fue él quien negoció directamente con Washington durante el gobierno de Barack Obama, en 2014, con mediación del Vaticano y de Canadá, y restableció los lazos diplomáticos bilaterales tras más de medio siglo, desde una posición realista, aunque sin apertura política interna. Este enfoque contrasta con el de Marco Rubio para Cuba, que se apoya en cuatro exigencias centrales: democratizar el sistema político (primera condición), abrir la economía con reglas de mercado reales, respetar los derechos humanos y reorientar la política exterior.

Y si bien, frente a la isla, Trump parecería inclinarse por “acuerdos que funcionen ahora”, para Rubio, hijo de inmigrantes cubanos -que no fueron exiliados del castrismo, pues salieron de la isla antes de 1959, aunque luego se integraron a la comunidad anticastrista de Miami-, se trata de maximizar la presión política y económica, aislar al régimen y apoyar opciones internas de cambio sin negociar concesiones con La Habana. Una estrategia distinta de la aplicada en Venezuela, donde se ensayó una intervención calibrada -militar, política y económica- con vistas a una recomposición del poder que evite una ruptura institucional inmediata.