‘Fahrenheit 451’: el horroroso futuro de Ray Bradbury ya está aquí
"‘Fahrenheit 451’: el horroroso futuro de Ray Bradbury ya está aquí", escribe Irene Selser en #Entrevías
Ocurrió el sábado. Buscaba un libro agotado y un amigo me recomendó acudir a una de las librerías de viejo en la mítica calle Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Era mediodía y conté unas diez personas en el local, además de dos chicos con apariencia estudiantil ocupados en atender al público.
No era de poesía la obra en cuestión, pero igual me detuve en los estantes repletos de versos, a un par de metros del escritorio donde dos hombres conversaban: uno mayor -evidentemente, el dueño de la librería- y el otro, joven y extranjero. Su aspecto era casual y funcional, como los “tech bros” treintañeros que pululan por la Bahía de San Francisco. Su acento era relajado y su español, fluido. Hablaba de la importancia de “los libros antiguos” y de “conectar con los lectores” a través de internet.
Como antes de escritora soy periodista, no pude evitar alargar el oído. Estaba interesado en comprar “miles de volúmenes, no importan los temas”, con un entusiasmo tan llamativo como sorprendente, cuando sabemos de la caída drástica desde hace décadas de la lectura de libros.
Ya iba yo por los autores cuyo apellido inicia con la letra V, cuando el que supuse era un agente intermediario de alguna corporación tecnológica de Silicon Valley reparó en mi presencia. El gesto de su rostro se endureció y, más que mirarme, me escaneó con frialdad. El dueño de la librería también me observó -él, sin malicia- y, para disimular, me sumergí en la “Obra Poética” de César Vallejo, un volumen de 753 páginas, Edición crítica de Américo Ferrari / Coordinador, que finalmente adquirí, mientras escuchaba de boca del propietario: “Entonces, ¿cien mil libros a veinte pesos cada uno?”.
Salí del lugar aterrorizada. Me vino a la mente algo que había leído meses atrás en el Washington Post sobre el nuevo fenómeno global de compra masiva de libros y el “escaneo destructivo” de millones de libros físicos por parte de la empresa Anthropic, para entrenar a sus modelos de inteligencia artificial, digitalizando en forma intensiva los ejemplares que luego eran desechados y arrojados al fuego.
Pasé el fin de semana aturdida, recordando la quema de libros en Chile o Argentina tras los golpes de Estado de Augusto Pinochet y Jorge Videla, respectivamente, cuando los militares incineraron públicamente miles de textos “marxistas y de izquierda” -incluyendo uno sobre Pablo Picasso y el cubismo- a fin de “extirpar el cáncer comunista”. Ahora, en Argentina, no hay uniformados que quemen libros, aunque el pirotécnico presidente Javier Milei ha intentado -sin éxito, hasta el momento- modificar la Ley de Manejo del Fuego y la Ley de Bosques a fin de cambiar el uso de suelo y vender o lotear terrenos incendiados, facilitando actividades agropecuarias o inmobiliarias para locales y extranjeros.
Me acordé, asimismo, de “Fahrenheit 451”, una novela entrañable para mí, escrita en 1953 por Ray Bradbury, maestro de la ficción científica, donde el bombero Guy Montag tiene la tarea de quemar libros: entrar a las casas, encender el deflagrador y “dejar que el fuego devorador inflamara el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros”, como narra Bradbury al inicio.
Al final, Montag terminará rebelándose contra ese sistema que prohíbe los libros, porque los libros hacen pensar, y pensar hace cuestionar al sistema; y huirá uniéndose a un grupo de exiliados vagabundos que memorizan los libros para preservarlos y retransmitirlos.
Busqué qué hallaba sobre Anthropic y encontré, con fecha 9 de agosto, un reportaje de BBC Mundo: “Qué es el ‘Proyecto Panamá’ y cómo reveló la destrucción de miles de libros antiguos para entrar a la IA”. Lo firma Matías Zibel, quien entrevista a Marçal Font, poeta y profesor de Literatura Comparada de la Universidad de Barcelona, con veinte años como librero de libros antiguos en la Librería Fénix, de Barcelona.
Font cuenta su experiencia con una empresa de Canadá, interesada en una compra masiva “rara”, lo cual lo llevó a indagar qué había detrás.
La BBC remite a otros artículos publicados en los diarios británicos The Telegraph y The Guardian sobre cómo las empresas de IA están acaparando los libros del mundo, con intermediarios que hacen grandes pedidos, pagan por adelantado y no ponen reparos a los gastos de envío.
La cadena menciona, a la vez, el “Proyecto Panamá”, destapado en enero de 2026 por el Washington Post, en relación al plan de la empresa de IA Antrophic para digitalizar todas las obras escritas por la humanidad. En septiembre de 2025, Anthropic acordó pagar mil 500 millones de dólares para resolver una demanda colectiva presentada por autores que alegaban que la firma había utilizado sus obras sin permiso para entrenar sus modelos generativos.
Sin duda, la polémica es vasta y apenas comienza, ya que no sólo se trata de copiar en forma destructiva, en escáneres industriales de alta velocidad, todos los libros del planeta -cuando hay métodos tradicionales para digitalizarlos sin desarmar la encuadernación-, sino que, además del valor en sí de un libro impreso, el riesgo final a mediano plazo es la degradación del conocimiento: que “las empresas de IA alimenten a sus modelos con contenido generado por otras inteligencias artificiales y, en ese caso, podrían multiplicarse errores, hacer cada vez más básico el lenguaje, como un resumen de un resumen de un resumen, cada vez más sencillo, una síntesis de una síntesis que se aleja de la información original”, dice a BBC el periodista español Rodrigo Álvarez.
Marçal Font añade que tras las compras “extrañas” de abril y mayo, los agentes “han ido cambiando de logística y de empresa. Nos empezaron a hacer mandar los libros no sólo a Norteamérica sino a Alemania, lo cual implica una cosa: el ‘Proyecto Panamá’ sigue en marcha”.












