Un signo de Caridad
"Un signo de Caridad", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano
1) Para saber
“Hay pan para todos si se da a todos”, afirmó el Papa León XIV en una Misa en Camerún, el 17 de abril. Observaba el Papa que antes del milagro de la multiplicación de los panes, Jesús les pregunta a sus discípulos qué tienen para darles de comer. Hoy nos vuelve a preguntar: ¿Qué hacemos para dar de comer a los demás? Pregunta a todos: padres y madres; a los responsables de una comunidad, a los poderosos y débiles, a los jóvenes y ancianos. El milagro que realizó Jesús es signo de su amor; nos hace ver que podemos alimentar a los que tienen hambre de paz, de libertad y de justicia. Cada gesto de solidaridad y perdón, cada iniciativa de bien es un bocado de pan para la humanidad necesitada de cuidados. ¡En el compartir; está el milagro!
2) Para pensar
Cuenta Virginia que la experiencia del amor de Dios que tuvo su esposo Miguel les ayudó a afrontar una tragedia. Formó con Miguel una familia y ya tenían tres hijos pequeños. Virginia Pérez creció en una familia católica, pero no vivía su fe, sentía que le “faltaba algo”, incluso tenía dudas sobre la existencia de Dios. Para Miguel la fe tampoco ocupaba un lugar importante. En 2024, Miguel tuvo fuertes dolores de cabeza y acudieron a urgencias, pero estaba súper nervioso, quería irse. Los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral incurable y muy agresivo. Presa del miedo Virginia salió de la consulta para avisar a sus padres. Al regresar, Miguel ya no era el mismo: sin nervios y su rostro reflejaba una paz y serenidad sorprendentes, los propios médicos estaban asombrados, incluso reía con los enfermos. Miguel le cogió de las manos y le dijo: “Virginia, tranquila, he tenido una experiencia con Dios”. Le contó que al quedarse solo, de rodillas suplicó: “Dios mío, por favor, no me dejes solo”. Entonces Miguel sintió que alguien lo abrazaba con un amor tan puro y profundo, que no era de este mundo, y escuchó: “Tranquilo, yo estoy contigo y tu cruz la llevo contigo”. Entonces lloró, no por el tumor, sino de felicidad. Y le dijo: ‘Virginia, tú que has tenido dudas, nunca, nunca, nunca tengas dudas, porque Dios existe. Jesús resucitó y está con nosotros; aunque parezca que no escucha, sí te está escuchando. Yo tengo la certeza de que Dios existe”. Hasta físicamente decían que estaba más guapo por la felicidad que irradiaba. Ofreció a Dios todo su sufrimiento y enfermedad, aceptando su voluntad, y decía: “Gracias al tumor Dios me ha abierto los ojos, porque antes estaba ciego”. Muchos rezaron por él, y ahora están más cerca de Dios. Miguel murió el 10 de marzo de este año. “Me siento súper afortunada de poder decir que mi marido está en el cielo” concluía Virginia.
3) Para vivir
Aunque no sintamos la experiencia como Miguel, hemos de tener la certeza del amor de Dios. Un amor que ha de transformar nuestra mente y corazón, decía el Papa. Ese amor de Dios lo experimentamos con el alimento del alma: la Eucaristía, Cristo mismo que siempre nutre en abundancia a su Iglesia y nos fortalece en el camino con su Cuerpo, nos acompaña siempre. La Eucaristía es un signo del amor de Dios, que nos invita a vivir ese amor compartiendo lo que tenemos para que se multiplique en la fraternidad eclesial.
Pbro. José Martínez Colín
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