‘Los mártires de lo cotidiano’

"‘Los mártires de lo cotidiano’", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano

1) Para saber

“Si no puedo hacer grandes cosas, puedo hacer pequeñas cosas de una gran manera”. Martin Luther King Jr., quien dijo esa frase ha sido recordado por el Papa León XIV como muestra de que a pesar de que el hombre ha optado a veces por el mal, ha habido personas que al tomarse en serio la dignidad de todos, han cambiado el curso de la historia. También recordó en su Encíclica el ejemplo de Nelson Mandela para poner fin a la discriminación racial en Sudáfrica. O el de mujeres valientes y generosas que con su esfuerzo contribuyeron a hacer más humana la historia, como Santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day, Maria Curie o Maria Montessori. Y menciona una santa tal vez no tan conocida: Santa Laura Montoya.


2) Para pensar

Santa Laura de Jesús Montoya, o mejor conocida como Madre Laura (1874-1949), es la primera santa canonizada en Colombia. De niña aprendió de su madre hasta dónde puede llegar el amor a través del perdón. Sucede que cuando tenía dos años de edad asesinaron a su papá. Pasaron unos años y Laurita veía que su mamá rezaba mucho. Un día le preguntó por quién rezaba tanto. La respuesta la impactó: “Rezo por el asesino de tu padre”. Fue una enseñanza inolvidable que la marcó. Decidió servir a Dios en los demás como educadora, sin importar lo que eran o hubieran hecho. El presidente la condecoró con la Cruz de Boyacá, que es la máxima condecoración civil que el Gobierno de Colombia otorga a ciudadanos destacados por su servicio a la patria o a la humanidad.

En el año 2013, al ser canonizarla, el Papa Francisco afirmó que santa Laura nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida. Ella nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, acogiendo a todos sin prejuicios con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y compartiendo lo más valioso que tenemos: Cristo y su Evangelio.


3) Para vivir

Hay personajes conocidos mundialmente, incluso algunos han dado la vida como los mártires santos san Maximiliano María Kolbe y san Óscar Romero que el Papa recuerda. Ellos han encarnado, en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre. Pero también están los llamados por el Papa: “mártires de lo cotidiano”, que no son conocidos, pero si curan, educan, acompañan y consuelan discretamente, tales como los padres de familia, los enfermeros, los médicos, los voluntarios y las personas que están junto a los ancianos o a los excluidos. Su testimonio muestra que el bien no progresa de manera automática, sino que requiere perseverancia, memoria y una conversión. Gracias a ellos se mantiene viva la esperanza y se logra que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón. Por eso la humanidad -magnífica y herida- no debe ser sustituida ni superada; puede acoger los progresos de la técnica para aliviar los sufrimientos, siempre que no reniegue de la capacidad de relación y de amor.

San Josemaría Escrivá nos recuerda en Camino: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere - no lo olvides - dependen muchas cosas grandes” (n. 755).


Pbro. José Martínez Colín

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