Tequila es la punta del iceberg

"Tequila es la punta del iceberg", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras

El del narcoalcalde morenista de Tequila, Diego Rivera Navarro, dista mucho de ser un caso aislado o excepcional en México; por el contrario, el modus operandi de ese munícipe de Jalisco, se repite en otras alcaldías de distintos estados de la República, donde el poder municipal, primera instancia de gobierno que tienen los ciudadanos, está rendido y entregado a los grupos del narcotráfico que, en cuando no los imponen y apoyan electoralmente, los convencen y someten con la ley de "plata o plomo" que hoy amedrenta y asesina a los presidentes municipales del país.

Lo mismo en Jalisco que en Guerrero, Michoacán, Zacatecas, Tamaulipas, Sinaloa, Oaxaca o en muchas otras entidades federativas de México, los tentáculos de los capos y cárteles de la droga han capturado a los municipios y a sus gobernantes que, sin apoyo de los gobernadores, que en la mayoría de los casos eluden su responsabilidad bajo el argumento de que "son delitos federales" o de plano protegen al narco en sus estados, quedan abandonados a su suerte y deben decidir entre gobernar y desafiar a los narcos o de plano ser baleados y asesinados por su rebeldía.

No es gratuito que en México asesinen a un alcalde cada 2 meses y medio, según las alarmantes cifras de una revisión realizada por El Universal en noviembre de 2025, y que arroja que del año 2000 a la fecha han sido asesinados de manera violenta 119 presidentes municipales de todas las regiones y estados de la República, siendo el sexenio de Peña Nieto el que más asesinatos tuvo con 42 munícipes asesinado; Felipe Calderón con 37; López Obrador con 26 y en el primer año de la presidenta Claudia Sheinbaum han matado a 10 presidentes municipales.

Si el paradigmático caso de Carlos Manzo, en Uruapan, demostró la realidad de muchos alcaldes que exponen su vida por no querer someterse al imperio criminal en sus municipios, ahora el escándalo de Tequila confirma que los cárteles de la droga, como el Jalisco Nueva Generación, ahora ya no se desgastan queriendo coptar o someter a los alcaldes que se niegan a trabajar para ellos, sino que capos como Nemesio Oseguera el "Mencho" ya seleccionan a sus propios candidatos, gente que trabaja para ellos, y los coloca o impone a los partidos, en este caso en Morena, para que los hagan candidatos y una vez en el cargo ya no gobiernan para el municipio, sino para extorsionar, cobrar cuotas y disponer de los recursos municipales para sus jefes narcos.

¿Cuántos alcaldes más como Diego Rivera Navarro habrá en otros municipios y estados trabajando y colaborando, justo ahora, en toda la República mexicana? La base de la pirámide de la narcopolítica en México se ha construido sobre las alcaldías que fueron el primer nivel de gobierno que logró someter y controlar el narcotráfico. De ahí siguieron los gobernadores, que ya hay varios señalados de haber sido financiados por los cárteles y de tener vínculos directos, y encima de ellos solo está la Presidencia de la República, y los Poderes Legislativo y Judicial.

Es por eso que cualquier estrategia que busque comenzar a desmantelar las redes de protección política del narco mexicano, tendría que empezar por una revisión a fondo de las presidencias municipales y sus titulares, porque tal y como lo demuestra el caso de Tequila y su narcoalcalde que le entregaba cuotas millonarias al CJNG, producto de sus extorsiones y saqueo del erario municipal, y que incluso tenía a integrantes de ese cártel en la nómina, los municipios, sobre todo los que generan más riqueza ya sea por turismo, comercio o producción agrícola e industrial, hoy son vistos como "minas de oro" por el crimen organizado.

Tan sólo la semana pasada en distintos hechos, atentaron contra la alcaldesa de Ayotoxco, Puebla, mientras viajaba en su camioneta a la CDMX; al alcalde de Temoac, Morelos, lo emboscaron a balazos en una gasolinería; al presidente de Banderilla, Veracruz, le balearon su casa y al de Zacualpan, también en la entidad veracruzana, lo intentaron matar a tiros junto con su esposa de regreso de Xalapa. ¿Cuántos alcaldes más tendrán que morir y ser sacrificados por resistirse al control del narco? ¿Cuántos municipios más tendrán que ceder sus funciones y su autoridad a los cárteles de la droga?

Tequila y su alcalde narco son apenas la punta del iceberg de un fenómeno de claudicación y abandono del Estado mexicano y de las autoridades estatales y federales al nivel de gobierno más cercano a la gente; pero también son la prueba de que la narcopolítica, esa que empezó en los tiempos del PRI, que mantuvieron intacta los gobiernos del PAN y que se continuó y potenció con los gobiernos de Morena y la política de "abrazos, no balazos" de López Obrador, hoy sigue avanzando y carcomiendo, como un cáncer, las estructuras políticas y de gobierno en México.

¿Cómo negar entonces que México no está siendo gobernado en amplias regiones y territorios por los cárteles de la droga si los partidos políticos están postulando ya a sus operadores e integrantes para ocupar posiciones de gobierno en los municipios, mientras siguen atacando a aquellos alcaldes que no se someten a su imperio criminal?… Paran los dados. La semana arranca con Serpiente. Cautela.