El oro apunta a los 6.200 dólares tras la nueva previsión de UBS
El oro recupera protagonismo como refugio en mercados emergentes, donde la inflación y la debilidad monetaria aumentan su demanda física y financiera.
El oro vuelve a colocarse en el centro de la conversación con un impulso que pocos pasan por alto. Esta vez, además, el foco lo pone una voz con peso propio. UBS, una de las entidades financieras más influyentes del mundo, ha decidido revisar al alza sus previsiones y apuntar a un precio de 6.200 dólares por onza para marzo, junio y septiembre de 2026. Una cifra ambiciosa que llega en un momento marcado por tensiones geopolíticas, una demanda sostenida y una economía global que sigue avanzando entre dudas y desequilibrios.
Una subida que no es casual
Lo primero que hay que entender es que este movimiento no se trata de un pronóstico al azar. UBS ha ajustado su objetivo al alza desde los 5.000 dólares anteriores, basándose en un análisis muy concreto de varios factores clave que están empujando al oro hacia arriba.
Entre ellas destaca el papel de los bancos centrales, que continúan comprando oro de forma sostenida como parte de su estrategia de diversificación de reservas. En muchos casos, estas compras reflejan un distanciamiento progresivo del dólar estadounidense y una búsqueda deliberada de activos percibidos como más estables a largo plazo.
A este movimiento se suma el fuerte aumento de las entradas en ETFs respaldados por oro, así como un renovado interés por el metal físico, especialmente en mercados emergentes. En estos países, el oro vuelve a ganar protagonismo como refugio frente a la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la debilidad de las monedas locales.
Un activo que brilla cuando hay incertidumbre
El metal dorado no necesita mucho para captar la atención de los inversores. Pero cuando el panorama global se vuelve más frágil, el oro se convierte directamente en una opción casi instintiva. UBS destaca precisamente que el entorno actual está marcado por tasas reales bajas en Estados Unidos, un estrés fiscal que va a más, y unas elecciones a la vuelta de la esquina que podrían redefinir el rumbo de la política monetaria norteamericana.
Y claro, en situaciones así, las monedas pierden fuerza y los mercados muestran mayor nerviosismo. Por eso UBS insiste en que sigue siendo una herramienta de cobertura más que válida, y no solo para inversores institucionales. Para el inversor retail que busca proteger su capital o diversificar su cartera, el oro vuelve a estar muy presente en el radar.
El dilema del inversor entre acciones y commodities
Este contexto abre una reflexión más amplia para los inversores. ¿vale la pena seguir apostando por acciones en este clima, o es hora de mirar más de cerca a los commodities?
La comparación de commodities vs acciones no es trivial. Las acciones, claro, ofrecen rentabilidad a largo plazo, dividendos y exposición al crecimiento empresarial. Pero no olvidemos que también están muy expuestas al humor del mercado, a los resultados trimestrales y, por supuesto, a la política monetaria. En cambio, los commodities se comportan de manera diferente. Su valor no depende directamente de los beneficios de una empresa, sino de la oferta, la demanda y, por qué no decirlo, del miedo o la esperanza global.
En este momento particular, donde los mercados bursátiles muestran signos de agotamiento y hay muchas dudas sobre el crecimiento económico, los commodities aparecen como una vía más directa de exposición a tendencias macro. No se trata de renunciar a las acciones, pero sí de reequilibrar, de pensar estratégicamente en el peso que le damos a cada tipo de activo.
Invertir en commodities en un entorno de alta volatilidad
Ahora bien, no todo lo que brilla es oro, literalmente. Hay que tener en cuenta también la volatilidad de los commodities, un factor que puede jugar a favor o en contra según el perfil de cada inversor. A diferencia de una acción de una empresa consolidada, los precios de las materias primas pueden moverse con fuerza por decisiones políticas, catástrofes naturales, acuerdos comerciales o conflictos internacionales.
Esto significa que, si bien el potencial de rentabilidad es alto, también lo es el nivel de exposición al riesgo. Por eso, la clave está en cómo se incorporan estos activos a una cartera de inversión. No es lo mismo apostar todo al oro que utilizarlo como un hedge, como una cobertura táctica. Lo mismo aplica al petróleo, al gas o a los metales industriales.
La buena noticia es que hoy en día, gracias a las plataformas de inversión modernas, es posible acceder a estos activos de manera mucho más sencilla y diversificada. ETFs, futuros, contratos por diferencia, fondos temáticos... las opciones son muchas, y cada inversor puede encontrar la que mejor se adapte a su perfil y objetivos.
El consenso se amplía
Volviendo al oro, UBS no está solo en este optimismo dorado. También entidades como Deutsche Bank o Société Générale están actualizando sus previsiones al alza. De hecho, varias estimaciones colocan al oro en torno a los 6.000 dólares por onza para finales de 2026, si las condiciones actuales se mantienen, algo que no es tan descabellado dadas las crecientes tensiones geopolíticas y el deterioro fiscal en varios países desarrollados.
Algunos analistas incluso manejan escenarios más extremos. El propio UBS contempla un “caso alcista” en el que el oro podría escalar hasta los 7.200 dólares por onza, si se combinan varios factores como una Fed más dovish, mayor estrés en los mercados y un dólar en retroceso. Por supuesto, también hay escenarios bajistas, con niveles en torno a 4.600 dólares, aunque por ahora parecen menos probables.
Qué puede hacer el inversor ante este escenario
Para quienes valoran ajustar o replantear su cartera, este tipo de previsiones pueden servir como referencia, pero nunca deberían tomarse como una guía única. Resulta fundamental analizar el contexto, entender el propio perfil de riesgo y definir con claridad qué papel pueden jugar el oro y otros commodities dentro de una estrategia de inversión global.
La dirección del mercado parece clara. El oro vuelve a captar la atención, las grandes entidades refuerzan su discurso alcista y la experiencia histórica sugiere que, en periodos de turbulencia, este activo suele resistir mejor que muchos otros. Si estamos ante un nuevo ciclo dorado, lo confirmará el tiempo, pero el debate ya está plenamente abierto.













