Argentina: A 50 años del golpe, la búsqueda de hijos y nietos continúa

"Argentina: A 50 años del golpe, la búsqueda de hijos y nietos continúa", escribe Irene Selser en #Entrevías

Con actos y marchas en toda la Argentina, se conmemoró este martes el Día de la Memoria, Verdad y Justicia, a 50 años del inicio de la última dictadura, el 24 de marzo de 1976. En la Plaza de Mayo, en el centro de la capital, una multitud recordó los delitos del triunvirato militar encabezado por el general Jorge Videla, quien murió en prisión en 2013, a los 87 años, condenado a cadena perpetua por múltiples violaciones a los derechos humanos, incluyendo asesinatos, torturas, desapariciones y el secuestro de niños y niñas, hijos de prisioneros.

En el acto central, repleto de familias, de activistas de derechos humanos y diversos sectores políticos, se leyó un documento elaborado por organismos humanitarios. Se estima que entre 13 mil y 30 mil personas fueron desaparecidas en 1976-1983, año del retorno a la democracia con el presidente Raúl Alfonsín, quien llevó a los principales jefes castrenses ante la justicia y logró que fueran condenados por terrorismo de Estado y violaciones masivas a los derechos humanos, algo inédito en América Latina entonces.

Bajo la dictadura hubo además entre 10 mil y 15 mil presos políticos, y más de 400 mil exiliados. De ocho mil a 15 mil argentinos, entre intelectuales, artistas, académicos y periodistas -entre ellos mi familia- hallaron refugio en México, uno de los principales países de acogida.

En 1982, la estrepitosa derrota del régimen ante Gran Bretaña durante la Guerra de las Malvinas -ocupadas ilegalmente por Londres desde 1833, aunque forman parte del territorio argentino- precipitó el fin de la dictadura, la última de seis desde 1930.

Una de las oradoras en el acto fue Estela de Carlotto, la emblemática presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo. Carlotto, de 95 años, dijo que el 24 de marzo “es el recuerdo de algo que no tiene que volver a pasar” e insistió en que la lucha sigue: las Abuelas continuarán la búsqueda de unos 300 nietos apropiados por militares o jefes policiales, tras haber encontrado a 140 nietos y nietas, el último en 2025.

Las Abuelas de Plaza de Mayo se crearon en 1977, en plena dictadura, a fin de hallar a los nietos apropiados y restituir sus identidades, el mismo año en que nacieron las Madres de Plaza de Mayo, que buscaban a sus hijos desaparecidos. Se hicieron mundialmente conocidas por sus rondas, todos los jueves, en la misma Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada (sede del gobierno), con pañuelos blancos en la cabeza. Caminaban en círculos ya que la dictadura les prohibía permanecer reunidas. Los pañuelos llevaban bordados los nombres de sus seres queridos y, aún hoy, en las rondas ininterrumpidas desde 1977, son un emblema de memoria, resistencia y búsqueda de justicia por los crímenes de lesa humanidad.

Carlotto advirtió que esa búsqueda se realiza hoy sin ayuda del Estado, ante la posición negacionista del actual presidente Javier Milei, empeñado en instalar una nueva narrativa sobre el pasado como una “guerra interna” entre militares y organizaciones guerrilleras, diluyendo la responsabilidad del Estado, que sí ejerció terrorismo sistemático, según un amplio consenso democrático.

Milei critica lo que llama una “visión única” de ese periodo y cuestiona la cifra de 30 mil desaparecidos (los militares han reconocido que hubo 20 mil). Una de las víctimas fue la hija de Carlotto, militante peronista, que estaba embarazada al ser secuestrada y dio a luz en cautiverio antes de ser asesinada. En 2014, tras 36 años de búsqueda, Estela halló a su nieto, Guido, apropiado ilegalmente.

Con motivo del aniversario, el gobierno publicó a su vez un video de 74 minutos en el que responsabiliza a los expresidentes Néstor y Cristina Kirchner -esta última en prisión domiciliaria acusada de corrupción- de instalar un “relato” sobre la dictadura, y volvió a apelar a una “memoria completa”.

El video se basa en el testimonio de una nieta recuperada por las Abuelas -la número 127-, criada por un expolicía y su esposa, y también en el de un hijo de un militar asesinado por la guerrilla del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Miriam Fernández, nacida en el centro clandestino de detención de la ESMA, exculpa a quienes la criaron -“no son apropiadores; no es padre quien te trae al mundo, sino quien te cría”- y pide dejar atrás el pasado; mientras que Arturo Larrabure, hijo del militar muerto, reclama que “se cuente la historia completa”, en línea con el discurso oficial.

En una entrevista reciente (El País, 21-03), Carlotto dijo sentir la satisfacción del deber cumplido: “No tengo odio ni tampoco rencor. Tengo fuerza, dolor y la responsabilidad asumida de que lo que nos pasó a nosotras no vuelva a ocurrir. Mi vida estuvo partida en dos: por un lado, la felicidad de mi familia -mi esposo e hijos- y, por otro, el dolor de la pérdida y la búsqueda. Quedamos dos Abuelas de Plaza de Mayo: la vicepresidenta Buscarita Roa (de 88 años) y yo. (…) Estamos muy viejitas, pero los nietos sabrán continuar la búsqueda”.

Destacó el aporte de las Abuelas a la ciencia en el campo de la identificación genética, al impulsar la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, público y oficial, donde se almacenan los perfiles de las familias que buscan a sus seres queridos.

“Hemos construido un derecho, el derecho a la identidad, que prácticamente no existía como tal, y hemos logrado que sea incorporado a la Convención sobre los Derechos del Niño. Hemos avanzado en la justicia, en la legislación sobre adopciones y en la concientización de la población respecto a este derecho. Hemos asumido como desafío cada obstáculo y, gracias a la ayuda de tantos amigos e instituciones solidarias, hemos salido adelante”, dijo.

Sobre las nuevas generaciones que ven la dictadura como algo lejano o que no les interesa, Carlotto relativizó: “No me gusta generalizar; una buena parte de la juventud sí se interesa en lo que ocurrió, lo vemos cotidianamente. Y quienes tenemos que acercarles el tema, en todo caso, somos las generaciones más grandes. Nosotras lo hemos hecho. Ahora les toca a nuestras nietas y nietos: brindar testimonio es fundamental”.