Las prioridades de la Presidenta

"Las prioridades de la Presidenta", escribe Salvador García Soto en #SerpientesyEscaleras

En la última semana un derrame petrolero no investigado ni contenido por el Gobierno federal contaminó las zonas arrecifales del Golfo de México, abarcando más de 630 kilómetros de litoral en Veracruz y causando muerte de especies y contaminación; otro derrame de hidrocarburos en la Refinería Dos Bocas provocó un incendio que causó la muerte de cinco personas y contaminó los ríos y costas de Paraíso, Tabasco; y este lunes un alumno de preparatoria en Lázaro Cárdenas, Michoacán, molesto porque dos maestras le negaron el acceso a la escuela por no llevar el uniforme, regresó con un arma de alto calibre y mató a balazos a las dos profesoras.

Son sólo tres hechos que describen a un país con problemas serios en materias tan delicadas como el medio ambiente, la seguridad en instalaciones de Pemex y la seguridad pública, las adicciones en menores y la proliferación de armas. Pero en ese mismo lapso, ninguno de esos temas o materias fueron la prioridad en el discurso y en la acción del Gobierno federal ni de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Lejos de avocarse a hablar o a actuar en la atención de esos y otros problemas graves que enfrenta el país, la mandataria nacional se volcó a lo que parece, en estos momentos su mayor prioridad: que el Congreso le apruebe una reforma constitucional que le permita convocar a su propia revocación de mandato justo el día de las elecciones intermedias de 2027 y que además le autoricen a hacer campaña y a hablar de los logros de su gobierno en plena época electoral, y de paso, para vender esa reforma, como "reducción de privilegios", propuso reducción de presupuestos y funcionarios en los municipios y en los congresos locales del país.

De las otras crisis que tienen lugar en el país, en materia ambiental y de violencia e inseguridad, por mencionar sólo algunas, la mandataria nacional apenas si le dedicó unos minutos a comentar el tema, más preocupada por exonerar a Pemex en el caso de los derrames petroleros y la grave contaminación en Veracruz y Tabasco, y dando información incompleta e imprecisa a los mexicanos al atribuir el desastre ecológico a "un barco" que habría causado el derrame, pero del que la Presidenta no dio ningún dato o información precisa. Incluso el trágico caso del asesinato de las dos maestras de Michoacán a manos de su alumno, no le mereció a la mandataria comentario alguno.

A estas alturas, el estilo de gobernar y el discurso de la primera mujer Presidenta se decanta y empieza a mostrar que las prioridades de ella y de su gobierno no son necesariamente las mismas que las que reclama, con urgencia a veces desesperante y la más dolorosa, la realidad del país.

Porque las tragedias que afectan y sacuden a los mexicanos, lo mismo a pobladores de la costas veracruzana y de Tabasco, que a las familias y estudiantes en Michoacán -por citar dos ejemplos recientes- no parecen ser temas prioritarios para la Presidenta ni en sus alocuciones mañaneras de todos los días ni en sus giras de fin de semana; como tampoco lo son las desapariciones que siguen aumentando en todo el país, la contaminación del agua en la Zona Metropolitana de Guadalajara o la búsqueda y el dolor incesante de madres y familiares de desaparecidos.

¿Qué será o debería ser más grave y urgente para el país y para los mexicanos? ¿Que se reduzca el número de regidores en los municipios, que representaría sí un ahorro menor, o que se atienda con una estrategia nacional la violencia creciente en las escuelas, el acceso a armas y drogas y los problemas sicológicos que enfrentan los estudiantes mexicanos de todos los niveles por tanta exposición a la violencia homicida y a la cultura delincuencial que afecta a la República?

Para la doctora Sheinbaum no hay duda alguna: es más importante y urgente bajar el número de regidores y ponerle tope al gasto de los congresos locales, además de poder hacer campaña a favor de su partido, como lo plantea en una reforma que muchos mexicanos ni siquiera entienden y que tampoco resolverá la fuga más grande de recursos públicos en este país ni eliminará los muchos privilegios de que aún goza la clase gobernante y los políticos morenistas que hoy exhiben lujos, excesos y fortunas.

Muchos miles de millones de pesos más se pierden por el robo de combustibles y el huachicol fiscal que continúa en auge en la República y en sus fronteras; mucho más dinero público se pierde por la corrupción y la falta de padrones y controles de fiscalización en los programas sociales y ayudas económicas que hoy alcanzan casi un billón de pesos y que, según se ha documentado en investigaciones periodísticas, tiene una serie de fugas de recursos y corrupción que merma y exprime, beneficiando a mafias morenistas, a los programas clientelares de este gobierno.

Pero todos esos problemas, que la Presidenta no ve y no quiere ver, porque prefiere autoengañarse con su visión idílica y complaciente de la realidad nacional. Es más fácil lamentar la desgracia de los cubanos y disfrazar su apoyo a la dictadura castrista con envíos de "ayuda humanitaria", que aceptar y reconocer que en México también hay hambre, falta de agua y energía eléctrica en zonas marginadas y que tampoco aquí hay acceso a los medicamentos, camas de hospital o tratamientos y cirugías en el sistema de salud que administra su gobierno.

Al final, con toda su popularidad real o ficticia, con su impecable y cuidada imagen física y hasta con el enorme reconocimiento del que goza en el extranjero, por no hablar de sus consabidos 35 millones de votos, la presidenta Sheinbaum demuestra que todo eso no garantiza necesariamente la sensibilidad y la empatía que debe tener una gobernante por la realidad que viven sus gobernados. La doctora y su gobierno son más de causas que de soluciones y atención a los problemas; y para ella, lo va dejando claro en este año y medio de gobierno, no hay causa más importante que apuntalar a su movimiento político y garantizar su permanencia en el poder. Lo demás, es lo de menos… Paran los dados. Acecha la Serpiente.