¿Hay inteligencia artificial?

"¿Hay inteligencia artificial?", escribe Pbro. José Martínez Colín en #VivirenCristiano

1) Para saber

"La pregunta de si una computadora puede pensar es tan interesante como la pregunta de si un submarino puede nadar”. Esta frase es de Edsger W. Dijkstra (1930-2002), quien fue un científico de la computación de los Países Bajos y desarrolló lenguajes estructurados para computadoras de enorme influencia. En efecto, la computadora nunca podrá pensar al modo humano. Sucede que las palabras, al ser convencionales, se les puede dar otro significado que el original, produciéndose confusión. En particular, ahora nos encontramos con la palabra “inteligencia” aplicada a las máquinas porque funcionan de manera similar al hombre, sin advertir las diferencias.

Por ello, el Papa León XIV nos advierte en su Encíclica la necesidad de comprender mejor el concepto de la llamada “Inteligencia artificial” (IA) para no confundirlo o cometer el error de equipararla con la inteligencia humana. Hay que mencionar que el Papa se asesoró de expertos en el tema. Aunque no es fácil definirla por los cambios constantes de las máquinas, sin embargo se pueden señalar diferencias esenciales. Una es que la IA imita sólo ciertas funciones de la inteligencia humana, superando en velocidad, ofreciendo beneficios en numerosos campos. Sin embargo, esta potencia está ligada exclusivamente al tratamiento de datos y nunca “viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”.


2) Para pensar

Al experimentar una emoción, nuestro cuerpo reacciona: lo vemos en los fans de un artista o un equipo cómo lloran o gritan. Hay un síndrome en que debido a una sensibilidad especial hacia las obras de arte particularmente hermosas, la persona tiene una sensación de ahogo, mareos, sudores y palpitaciones. Se dice que en Florencia se atienden cada año múltiples casos. Es el Síndrome de Stenhal, llamado así por el relato que hizo el escritor, Henry Stendhal al visitar Florencia. Cuenta que al entrar en la Iglesia de la Santa Croce, miró la luz de sus vidrieras y las pinturas de Giotto y se sintió embriagado: “Ahí, mirando en el techo, me otorgaron quizá el placer más intenso que haya dado nunca la pintura. Estaba en un éxtasis… Absorto en la contemplación de la belleza sublime... Saliendo me latía con fuerza el corazón… la vida se había agotado en mí, andaba con miedo a caerme".

Esa contemplación de la belleza nunca la podrá experimentar una máquina.


3) Para vivir

Otra diferencia muy importante es que la IA no tiene conciencia moral: no juzga el bien y el mal, ni capta el sentido último de las situaciones ni asume las consecuencias. La IA puede imitar muy bien lenguajes, comportamientos, o simular empatía o comprensión, pero no tiene conciencia de lo que hace, no tiene afectos, ni entabla verdaderas relaciones; no tiene una dimensión espiritual como el ser humano. Tampoco tiene posibilidad de crecer al conocer, amar, decidir, perdonar o ser fiel. Las máquinas “actúan” por una adaptación estadística de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero nunca implica un crecimiento interior.


Pbro. José Martínez Colín

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